Traducción de Javier Romero Muñoz. Desperta Ferro. Madrid, 2023. 196 páginas. 23,95 €.
Por Alfredo Crespo Alcázar
En ¿Por qué caen los imperios? Roma, Estados Unidos y el futuro de Occidente Peter Heather y John Rapley nos ofrecen una obra oportuna en la que abordan el escenario actual que acontece en Occidente, descifrando retos y ofreciendo soluciones a los mismos. El binomio formado por Europa y Estados Unidos no atraviesa su mejor momento, aunque el libro no refleja pesimismo sino un realismo constructivo.
En esta trayectoria negativa de Occidente, los autores privilegian un momento clave como fue la crisis económica de 2008. Al respecto, en ese instante se percibieron dos fenómenos. Por un lado, Occidente transitó primero por una Gran Recesión y después por un Gran Estancamiento. Por otro lado, se aceleró el ascenso de China tanto en términos comerciales como en lo relativo a la admiración suscitada por su modelo de planificación centralizada que desprecia derechos y libertades de los ciudadanos.
La conmoción provocada por la crisis de 2008 hizo que surgieran las primeras soluciones a la misma. Una de ella, poco original, descansó en intentar mantener lejos de Occidente a los inmigrantes. Tal opción la combaten Heather y Rapley ya que “las migraciones masivas y organizadas de finales de la era romana tuvieron que generar elevadas pérdidas para alguien. Los migrantes godos, vándalos, anglosajones y otros competían todos por una parte del activo principal -tierra- (…) Las economías modernas, por el contrario, pueden crecer de una forma que sería imposible en las eras anteriores, de modo que la riqueza de los nuevos ciudadanos no tenga que obtenerse a expensas de los ya existentes” (p. 114).
Ambos autores, aunque no comulgan con una visión catastrofista acerca del destino de Occidente, sí enumeran una serie de imperios que existieron pero que dejaron de ser tales, bien por divisiones internas, bien por la aparición de un adversario que los derrotó militarmente, bien por la llegada de extranjeros atraídos por la prosperidad, precisamente, de ese imperio. En lo que a Europa se refiere no es la primera gran crisis que afronta, aunque debemos tener presente que el avance de China ha provocado repercusiones en la distribución del poder económico.
En efecto, dicho con otras palabras, Occidente ha encontrado un rival de una entidad muy superior a la URSS en la “guerra fría” o a Rusia en la actualidad. Sin embargo, aunque el antagonismo es tangible, los autores subrayan los beneficios potenciales de una cooperación con China, que irían más allá de los meramente de naturaleza económica, pues existen asuntos de interés global, como el cambio climático.
En íntima relación con la idea anterior, en la obra aparecen bien reflejados algunos retos que debe afrontar Occidente, en particular el envejecimiento de su población y el alto grado de polarización que se observa en el interior de sus sociedades. En este sentido, el Brexit o la victoria de Trump en 2016 simbolizaron esa utopía consistente en recuperar la pureza del Estado-nación, considerándolo el único actor capacitado para responder a cuantas cuestiones complejas se planteen.
En este sentido, cabe recordar que el recurso al nacionalismo estatal como fórmula mágica, ha mostrado un carácter fallido certificado por la historia. Lo principal es que este debate hunde sus raíces en una causa mayúscula: la dialéctica ganadores vs perdedores provocada por el desarrollo de la globalización. Esto se ha traducido en una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres, abonando el terreno para la aparición de políticos populistas a ambos lados del Atlántico.
En definitiva, una obra de necesaria consulta para quienes están interesados en cuestiones relativas a las relaciones internacionales, geopolítica e Historia. Sin incurrir en buenismos, Heather y Rapley diseccionan el panorama que afronta Occidente, identificando déficits tangibles y proponiendo respuestas a los mismos.