Opinión

1/6 PRIMEROS AÑOS

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Fernando Arrabal | Lunes 07 de octubre de 2024

«africanito»

A los cuatro años, al ver a Mercedes Unzeta (al llegar de Melilla a Ciudad Rodrigo) me enamoré de ella rotundo y definitivo, como solo se puede enamorar un niño. Mi maestra de párvulos a la que conocí y evoco todos los días, no solo en el éxtasis de mis sueños intrépidos, fue

« Madre », Madre Mercedes que por la Vía Láctea ha subido a lo más alto del cielo.

Cuando desde el primer instante me llamó, arrullándome inconsciente, africanito, percibí en aquel santiamén el presagio de las estrellas de la aurora.

Sigo enamorado como el primer día, con transparencia irrebatible de esperanza y espuma, de vuelo y brisa de inocencia y sosiego.

Desde que la vi creí distinguir, entre la jarana de mis impulsos, sus pensamientos junto a los míos, y el desconocido encumbramiento de lo inaccesible.

Arbolaba en su ausencia por el sendero de los designios que me conducían a ella.

¡Cómo me hubiera gustado penetrar su alma y penetrar sus conceptos zambulléndome en sus profundidades! Irrumpiendo de plano en su existencia con el anhelo y la ilusión de inventar el enlace y trabazón del delirio enclaustrado de cada instante.


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«...ese Ministro unibrasista es tan caritativo que ayuda a los calamares ¿a vaciarse de su propia tinta? »

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