Por primera vez en Saint-Cirq-Lapopie, André Breton, en 1961, se refirió a la gesta de los tres hermanos condenados a muerte llamándoles arra-beaux. ¿Hermoso y justo apelativo? intraducible al español.
No, no fueron ‘calaveras' sino brillantes jóvenes graduados que habían jurado defender a España.
Obviamente la eterna bisagra decidió que nada menos que la institución llamada Memoria Histórica (¿como la institución llamada Cultura?) se confíara ¿totalmente a comunistas? Cuyos principales matarifes lideraron la Justicia y las cárceles madrileñas; el campo de exterminio albicetense con el inolvidable salvaje « Carnicero de Albacete», y las matanzas de Gredos de 1941 con los despiadados verdugos elegidos por Stalin.
Hace un año he sabido la existencia de una heroína del silencio y la abnegación: mi abuela Concepción que desde Córdoba fue a visitar a sus tres hijos en sus últimas mazmorras.
Cruzó el estrecho para ir a la cárcel del Hacho, y la península dos veces para llegar a Palma de Mallorca o Barcelona. Quiso besar a su hijo antes de que fuera ejecutado la noche misma en Palma de Mallorca. Hubo de escribir una carta oficial: el último escarnio, ludibrio y atropello, dirigida a-la-pleitesía-de-las- autoridades.
No sucumbiremos viéndoles tan entremetidos, chisporreteantes e inelegidos. Todos terminarán. Lo anuncio exultante, jubiloso, radiante.
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«...una cultura controlada por jirafas ¿daría lugar a las altas parodias que organizan o financian?»
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