El Gobierno se dispone a aprobar una nueva ley de vivienda para, en palabras de Pedro Sánchez, evitar “una España de propietarios ricos e inquilinos pobres”. Por desconocimiento, por pura demagogia o con fines electoralistas, la frase del presidente es falsa, un bulo. En nuestro país, el 92 por ciento de los pisos en alquiler pertenecen a pequeños propietarios, en su mayoría personas mayores, que han invertido sus ahorros en comprar una vivienda para así obtener una renta al jubilarse. Son trabajadores, a menudo modestos; no ricachones como quiere hacernos creer el líder del PSOE.
Y tras esta desafortunada frase, Pedro Sánchez ha recurrido por enésima vez a tirar de la chequera de los presupuestos para anunciar el reparto de 200 millones de euros dedicados al denominado “bono de alquiler para jóvenes”. Así pretende resolver el problema de la vivienda. Desconoce que ese problema obedece a la escasa oferta de pisos en alquiler, en buena parte, por la inseguridad ante la okupación debida a la inexistente protección de la propiedad privada, algo habitual en los Gobiernos de izquierdas. Sin olvidar los topes a los alquileres y, como pretende aplicar Sumar, la inminente “intervención del mercado”.
Pero la izquierda, también como suele, achaca el problema de la vivienda, además de a los ricachones, a los Gobiernos autonómicos del PP. Y con ese argumento, se ha creado un pintoresco Sindicato de Inquilinos, que se manifestó este fin de semana para protestar por el precio de los alquileres. La marcha, organizada para arremeter contra Ayuso en Madrid, terminó, sin embargo, con abucheos a los ministros y a los dirigentes socialistas que se unieron a la convocatoria.
Y es que, de nuevo, el Gobierno se dedica a hacer proselitismo, a proclamar medidas sectarias, pero inútiles, en lugar de resolver el problema como corresponde; esto es, con la construcción de nuevas viviendas protegidas, como paradójicamente hace Ayuso. No con subidas de impuestos a los propietarios y con la amenaza de intervenir el mercado del alquiler. Pero, de momento, Sánchez se ufana por haber anunciado el reparto de 200 millones de euros del dinero de todos los españoles para repartir entre los jóvenes. Aunque, también como suele, al final no dedicará ni un céntimo. Se limitará a acosar a los propietarios y a incrementar desorbitadamente los impuestos.