Nunca había visto Córdoba un partido oficial de España hasta este martes. La campeona de la Eurocopa deshizo las maletas en el estadio Nuevo Arcángel para completar el objetivo que les ha movilizado en esta ventaja FIFA: clasificarse para los cuartos de final de la Liga de Naciones cuanto antes. Recibieron a una Serbia en proceso de rejuvenecimiento y sortearon las 13 bajas que arrastraban para arrasar (3-0) y sellar el pase. Sabían los favoritos que les esperaba un partido de paciencia y búsqueda de soluciones en estático y superaron la prueba. Los balcánicos basan su depauperada competitividad en el repliegue y en un esfuerzo defensivo que cuenta con una zaga de cinco piezas y con otros cuatro centrocampistas dan más sudor que juego. Han sustituido la tradicional calidad técnica por músculo.
Luis de la Fuente no pudo contar con Nico Williams y ni con Lamine Yamal, así que decidió alinear un equipo sin extremos regateadores por vez primera en mucho tiempo. Este matiz suyo al estilo combinativo español le valió subirse a la cima del fútbol continental, así que no es poca cosa que se despidiera del desborde exterior. En esa tesitura entra en valor la variedad de herramientas que recluta el seleccionador. Esta noche dio la titularidad a Mikel Merino en lugar de Pedri porque el vasco le aporta una capacidad de llegada al área continua que abre las opciones de ataque. El jugador del Arsenal amenaza sin parar, añadiéndose a Álvaro Morata en el rol de rematador. Por ahí ideó el entrenador la fórmula que desembocó en el triunfó.
Colocó a Mikel Oyarzabal y a Álex Baena como 'falsos extremos' móviles para propiciar superioridades numéricas en los costados, ya que los carrileros Cucurella y Pedro Porro no pararían de subir. Así se cocieron las mejores llegadas al arco defendido por Rajkovic, un flujo que se inauguró temprano porque los españoles saltaron al verde con una intensidad y hambre sobresalientes. Al tiempo que se desperezaba el bloque preparado por el criticado Dragan Stojkovic, el escuadrón local estableció el rigor táctico que gobernó el primer tiempo. Los datos describen lo visto: 62% de posesión, nueve disparos generados (cuatro de ellos entre palos) y sólo uno permitido, el débil intento de Pavlovic desde el pico del área.
El fluir del juego español, con Fabián Ruiz en un momento superlativo, estrenó producción y veneno en el minuto cuatro, cuando Pedro Porro aprovechó un córner botado en corto para emitir un centro bombeado que Laporte embocó en un escorzo cruzado. El 1-0 aconteció antes de que España hubiera justificado ese marcador con fútbol, pero con el paso de los minutos rellenaría esos argumentos de sobra. Sufrían los balcánicos para dar tres pases seguidos, hecho que se razona desde el erial de talento presentado y por la red de emboscadas que desplegó el sistema local. Las ocasiones se acumulaban sobre la meta visitante con naturalidad. En el 10 Rajkovic detenía con mérito un centro venenoso de Fabián, en el minuto 15 el guardameta le negó a Oyarzabal una vaselina y en el 16 Merino cabeceó a la madera otro envío excepcional de Porro.
Da la sensación que este cruce de generaciones españolas está condecorada con tanta jerarquía futbolística que las ausencias de pilares como Rodri o Carvajal no impactan demasiado. Porro ha dado un salto con personalidad y acierto, al igual que Zubimendi. Sale rodado todo, también las incorporaciones hasta la línea de fondo de Cucurella. Con todo, la mayor virtud que atesora la obra de De la Fuente no es otra que el rendimiento colectivo. El compromiso de todos los peones. Esta cualidad fabrica presiones eficaces que ahogan el juego contrincante y siembra recuperaciones altas como la que derivó en el paradón de Rajkovic ante el latigazo raso de Oyarzabal -minuto 34-. Rozó la sentencia el inmaculado conjunto ibérico antes del descanso, con la conducción poderosa y zurdazo de Zubimendi que se fue desviado por poco y la intervención del exarquero del Mallorca ante el remate angulado de Morata, a pase de 'Cucu' -minuto 42-.
Sobrevivieron los serbios y quiso meter mano Stojkovic para evitar que el chaparrón que cayó sobre la ciudad cordobesa se tradujera en una goleada en contra. En vestuarios dio entrada a Grujic y a Luka Jovic por los grises Samardzic y Joveljic, pero no hubo reacción. Echó mucho de menos a los ausentes Filip Jovic, Sergej Milinkovic-Savic, Sasa Lukic y, sobre todo, a Dusan Vlahovic. El delantero de la Juventus está viviendo un renacer en Turín pero está enfrentado con el seleccionador balcánico. El agujero que dejan estas bajas también explica el discreto desempeño de un conjunto que quiere rejuvenecerse, a la espera de que emerjan nuevos talentos. Mientras tanto, Aleksandar Mitrovic es el faro, el destino de los pelotazos que el sensacional atacante sabe bajar y dar sentido en forma de contragolpe. Mas su soledad es llamativa y en esta jornada no le dio ni para atinar en el único despiste local -minuto 63-. Vivian y Laporte le ganaron el combate.
España no aflojó en el segundo acto y llamó a la puerta hasta que la derribó. Avisó la ofensiva local en el minuto 49 tras un robo de Baena y en el 53 Porro provocó el penalti por mano de Birmancevic. Morata, coreado por la tribuna, mandó al limbo el lanzamiento pero se mantuvo concentrado y siguió intentándolo hasta recoger premio. Un testarazo claro y desviado de Oyarzabal -minuto 57- dio paso a la volea que Rajkovic le sacó al atacante del Milan -minuto 60-, justo antes de que Morata festejase su diana al hacer caja de una circulación tejida por el delantero donostiarra y elevada por la asistencia entre líneas de Fabián. Se retiró ovacionado el cuarto máximo goleador histórico de la selección española, satisfecho y contagiado por la energía coral.
La incertidumbre del encuentro, sostenida sólo por lo ajustado del marcador hasta el 2-0, quedó disuelta y la inercia se condujo de manera irrebatible hacia la goleada. Rajkovic sostuvo a los suyos como la última y única frontera, pues Serbia exhibió una incapacidad notoria para repeler los centros laterales, pero la fluidez española fue demasiado. En el minuto 76, ya con Pedri limpiando jugadas, Oyarzabal se desmarcó y fue derribado en la frontal por Pavlovic. El colegido le enseñó la roja al zaguero 'milanista' -a instancias del VAR- y Baena dibujó un lanzamiento de falta perfecto, por encima de la barrera, para festejar otro gol. Y, de inmediato, el cerebro canario del Barcelona estalló una volea en el larguero para clausurar un festival que dejó en un accidente aquel empate a cero cosechado en Belgrado en septiembre.