Entre el 15 y el 22 de octubre de 2024 el Teatro Real acogerá ocho representaciones de El lago de los cisnes de Chaikovski a cargo del San Francisco Ballet, que llega por primera vez a la capital española. Bajo la dirección artística de Tamara Rojo, la compañía presentará la coreografía de Helgi Tomasson, basada en el clásico de Marius Petipa y Lev Ivanov, estrenada en 2009. Esta versión introduce matices modernos, especialmente con un prólogo que aclara la historia de Odette, pero conserva el respeto por la herencia clásica.
La puesta en escena combina un diseño sencillo (no puede hablarse de minimalismo) con un vestuario sofisticado a cargo de Jonathan Fenson y el uso de proyecciones y luces de Sven Ortel y Jennifer Tipton, que han conseguido una atmósfera visual clara y contemporánea. En el foso, la Orquesta Titular del Teatro Real está dirigida por el británico Martin West, pero en algunas funciones está prevista la dirección del estadounidense Ming Luke. En el reparto sobresalió el martes la estadounidense Sasha de Sola (que encarna en el estreno a los dos personajes contrapuestos de Odette y Odile). De la concepción de la coreografía por el mítico Petipa se ha conservado algo que no podría pasarse por alto: la legendaria coreografía del pas de deux del cisne negro. También el acto II está inspirado en la coreografía de Marius Petipa y Lev Ivanov.
El lago de los cisnes es un ballet en cuatro actos, con música de Piotr Ilich Chaikovski y libreto de Vladimir Begichev y Vasily Geltser. Se estrenó en 1877 en el Teatro Bolshói de Moscú, pero su verdadero éxito no llegó hasta 1895 en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo con la firma de Marius Petipa y Lev Ivanov. Desde entonces la obra ha sido revisitada y recreada en diversas producciones, incluida la versión del San Francisco Ballet de 1940 y la coreografía actual de Tomasson de 2009.
El argumento central es una exploración de opuestos: el bien y el mal, la lealtad y la traición… Estos están encarnados por los personajes principales de Odette y Odile, pero también por el del mago y el príncipe (otras dualidades son el día y la noche o la luminosa fiesta en el palacio del príncipe y el sombrío páramo que alberga el lago de los cisnes). La dualidad es una de las claves de la obra. En este contexto, resulta paradójico – y así lo han querido los responsables de la producción- que la encarnación de las dos protagonistas, enemigas acérrimas, corra a cargo de la misma bailarina; esto constituye un reto que va más allá de lo meramente técnico, pues entra en el terreno psicológico e invade todo el ámbito emocional de un artista. Mientras Odette representa la inocencia (encarna el cisne blanco, con movimientos delicados y suaves), Odile simboliza la seducción y el engaño (es el cisne negro); sus movimientos son más rápidos y agresivos: el papel incluye ejecutar treinta y siente passés en tournant-; todo un prodigio que en el estreno del martes arrancó una de las muchas ovaciones del público.
Insistiendo en lo dicho, la interpretación de los dos personajes citados (Odette y Odile) en una misma función por una misma artista exige a ésta unas dotes extraordinarias: no sólo debe cambiar de vestuario, sino también de actitud y movimientos en cada una de las escenas. Mientras que Odette es etérea y melancólica, Odile es material, calculadora y manipuladora. Este contraste es clave en la escena del baile en el palacio, donde ésta engaña al príncipe Siegfried para que le jure amor eterno, condenando a Odette a su destino como cisne. En el sentido apuntado, el espectador debe de asistir, con la duplicidad apuntada, a un cambio de registro muy fuerte en la artista principal, que además debe de bailar hasta la extenuación, empalmando una escena con otra con cambio de traje de por medio.
Sin embargo, en opinión de quien escribe, la citada transición, si bien está asegurada por la depurada técnica de la bailarina protagonista, Sasha de Sola, que se alternará en otras funciones con Wona Park, Nikisha Fogo y Jasime Jimison, también lo está por la coreografía mínima exigida para ambos personajes, y por el vestuario. Sin embargo, no se consigue camuflar del todo la dúctil gracilidad de Sasha de Sola -la bondad de su lenguaje corporal- dentro del personaje Godile (mucho más agresivo y tajante de movimientos). Por cierto, Godile y el mago forman otra dualidad, opuesta a la de Odette y el príncipe.
En esta producción la música corre a cargo de la Orquesta Titular del Teatro Real. Uno de los detalles más simpáticos de la producción que ahora se presentada en Madrid es, sin duda, colaboración de jovencísimos estudiantes del Conservatorio Profesional de Danza Carmen Amaya, seleccionados por la compañía para esta ocasión. Bailaron con sorprendente gracilidad y soltura, arrancando en varios momentos la sonrisa del público.
El Lago de los Cisnes está programado en el Teatro Real los días 15, 16, 17, 18, 19, 21 y 22 de octubre.