Pedro Sánchez ha hecho frente al Tribunal Supremo, al ordenar a Álvaro García Ortiz que no dimita. El presidente del Gobierno sabe que cuenta con la última instancia, con el Tribunal Constitucional, y parece dispuesto a jugar sus últimas cartas para derrotar al poder judicial y acaparar el poder como si fuera el César.
La APIF, es decir, la Asociación Profesional Independiente de Fiscales, se ha manifestado de forma concluyente: “La imputación del Sr. García Ortiz por parte de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, confiriéndole la condición de investigado, en un proceso penal en el que se le considera posible responsable de la comisión de un delito de revelación de secretos, da lugar a la pérdida de la consideración de jurista de reconocido prestigio que exige el apartado 1 del artículo 29 del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. En otras palabras, es absolutamente incompatible ser jurista de reconocido prestigio y, al mismo tiempo, ser imputado por el Tribunal Supremo como posible autor de un delito”.
Por su parte, Cristina Dexeus, portavoz de la mayoritaria Asociación de Fiscales, ha emitido un comunicado en el que afirma que “sin perjuicio de defender el principio de presunción de inocencia de Álvaro García Ortiz -como el de cualquier otro ciudadano- la AF considera que no puede mantenerse en el cargo si valora la dignidad de la carrera fiscal, de la fiscalía, de la institución garante de la legalidad y de los derechos de los ciudadanos… La condición de investigado de quien dirige el Ministerio Fiscal genera una tensión sin precedentes en la institución y erosiona la credibilidad de la actuación de quienes la representamos, cerca de 3.000 hombres y mujeres, diariamente con vocación”. Y concluye: “Recuperar el respeto a nuestro trabajo, requiere la dimisión como paso inevitable e imprescindible”.
Las cosas se han puesto muy difíciles para Pedro Sánchez. Lo razonable sería afirmar que tiene perdida la partida y que a Álvaro García Ortiz no le queda otro remedio que dimitir. Pero el presidente del Gobierno ha demostrado muchas veces su habilidad para zafarse de los acosos judiciales y políticos. Por consiguiente, habrá que esperar para que no se conviertan en especulaciones lo que, con otro presidente distinto al líder del sanchismo, serían realidades.