DESDE ULTRAMAR
Marcos Marín Amezcua | Jueves 17 de octubre de 2024
El tema ambiental y otros, nos ocupa esta semana. Siga leyendo si es tan amable.
Hace ya algunos años que escuchamos que los huracanes del Atlántico pegan en la península Ibérica. Me llama poderosamente la atención que en contraste con las imágenes muy del estilo caribeño que dejan los meteoros en América, y cada vez más se presentan así en España, atenuadas, pero no exentas de mostrar estropicios y se repitan. El año anterior, nada menos, las escenas en Huelva capital me recordaron cualquiera típica del Caribe, con árboles desgajados, cortados de tajo. Y más poderosamente, me llama la atención la narrativa de ciertos medios españoles al primar expresiones como “borrasca” o recalcar que el huracán Leslie, para no ir tan lejos, se ha sentido como tormenta tropical. No, no se trata de infundir pánico, pero tampoco debiera edulcorarse o matizarse el suceso con denominaciones aligeradas. Recibe una suerte de minihuracanes y con esa pertinencia, con esa potencia manifiesta debieran llamarse y abordarlos para planificar una seguridad acorde a su magnitud y en pro de todos, avisados y advertidos de lo que son.
En América, nos sucede que cuando a un huracán se lo rebaja a “tormenta tropical”, la gente respira. No debiera, aún. Sí, carecerá de la potencia de un huracán, pero a veces su prolongada existencia como tormenta tropical, que significa día tras día de lluvia, genera tantos estragos como los de un huracán. Increíble, pero cierto. Es un espejismo creerse que una tormenta tropical será menos perniciosa. Hace unas semanas, en el informativo de TVE dominical, el meteorólogo no pudo omitir usar la palabra huracán. No obstante, en un par de ocasiones minimizó los efectos, apresuró su dicho aludiendo a “borrasca”, para aminorar el efecto de sus palabras. No, lo idóneo sería admitir la realidad del fenómeno climático sin cambiarle el nombre, tomándose precauciones ante su inminente llegada y potencial manifestación. Lo veo como algo más responsable.
Si la fuerza de tales meteoros promete incrementarse y para mal, nuestras acciones han de ir en el sentido contrario, favoreciendo aquellas que contribuyan a revertir en lo posible, el llamado cambio climático. Por eso, celebro que la Ciudad de México haya inaugurado hace un par de semanas la cuarta sección del bosque de Chapultepec, el bosque urbano más antiguo de América. Una ampliación dotándolo de nuevos espacios de recreación y culturales, con una sucursal al aire libre de la Cineteca Nacional de México. Todo cuánto contribuya al fortalecimiento del medio ambiente, es bienvenido.
En esa tesitura, no sé si es una gran noticia o no, desde el punto de vista ambientalista, la quiebra de Tupperware. Qué lástima que una empresa tan vanguardista, cuya reconocida línea de productos fueron siempre de una originalidad y una practicidad encomiables, que resolvían problemas, que aportaban opciones inacabables para facilitar nuestra vida cotidiana y cuya oferta no dejaba indiferente a las mamás de mi generación, apuntándose todas con catálogo en mano a demostraciones y cuanto encargo de piezas que, una a una, ofrecían las más impensables utilizaciones por su particularidad y estudiada eficacia, llegue a su fin de manera tan intempestiva. Menos plástico, me imagino, es lo que quede, pero ya veremos a cambio de qué.
@Medidas importantes en pro del ambiente resulta el haber frenado un megaproyecto turístico, Proyecto Kuni, en Baja California Sur, uno que prometía conjuntos habitacionales desmedidos con la consabida saturación, explotación descomedida de recursos, apropiados y extraídos o empleados de manera irracional, con modificación del medio ambiente con prevalencia, invadiéndolo con especies no endémicas o simple masificación que, como modelo turístico, generaba protestas y resquemores, como otros complejos edificados en Riviera Maya. En la península bajacaliforniana hay otros frenados. ¡Basta! de la especulación inmobiliaria en el nombre de promover el turismo masificador que supuestamente genera empleos. Sí, empleos de dudosa calidad a costa de masificación y explotación encubierta tantas veces esa clase de iniciativas. La política turística debe replantearse por no es sostenible ni sustentable.
Hay otra clase de pérdidas. El fallecimiento del escritor chileno Antonio Skármeta, gran conversador, referente intelectual, un sujeto reconocido. El suceso contrasta con la muerte de Alberto Fujimori, otro buen ejemplo del folklorismo iberoamericano. Un infeliz que merece ser señalado de eso, de un infeliz que tuvo a Perú en un puño y fue una vergüenza para la región. Ojalá que Perú sepa sacudirse su miserable herencia.
Siguiendo con la mirada al mundo, interesante resulta el proceso moldavo para ir en pos de incorporarse a la UE. Más vale que lo continúe y lo consiga antes de que termine la guerra en Ucrania –termine cómo termine– para que logre integrarse y no sea moneda de cambio de alguien ajeno a los intereses moldavos. Máxime que esa guerra ni tiene para cuándo –pese a ese extraño plan de la victoria que ha anunciado Zelenski– y como sigan organizándose conferencias de paz sin Rusia, como la efectuada el verano pasado, que francamente se tornan tales “intentos de paz” en chorradas. Cabe apuntar que Rusia exige la entrega en definitiva de ese corredor que la una a Crimea. Resulta qué si lo obtuviera, ya no verá nazis por doquier en Ucrania. ¡Vaya chapuza la de Putin usada de pretexto para esta guerra incruenta que tanta desgracia ha dejado! Tiene cara el infeliz.
Por cierto, se ha desclasificado en EE.UU. un documento de seis páginas proveniente de Rusia, alertando que se incitará un sentimiento antiyanqui en México que comprometiera la seguridad de EE.UU.. Las alharacas de la periodista Dolia Estévez, sobran. Más parece vocera de los yanquis que defensora de la seguridad mexicana si el país se ve comprometido a semejante confrontación. Por lo demás, los antimexicanos como Trump son los que azuzan el siempre existente y legítimo y muy justificado antiyanquismo mexicano. Suenan facetos y muy hipócritas quienes se escandalicen de tal y se callen el antimexicanismo real.
Y un juez yanqui ha sentenciado por narcotraficante a Genaro García Luna con 38 años 3 meses de prisión por sus acciones al ser el secretario de Seguridad Pública de México, articulando una supuesta guerra contra el narco siendo él mismo cómplice del narco. Sí, hubiera sido estupendo que lo juzgaran jueces mexicanos, esos que al final con fiscalías de por medio, no se atrevieron y, por otra parte, su encarcelamiento final compromete a los gobiernos panistas –los panistas cobardemente balbucean que nunca fue panista el segundo hombre más fuerte de México bajo los panistas– quedando en entredicho como timoratos.
De paso, se remarca que el juez yanqui, Brian Cogan, evade en su atronadora sentencia –que es un golpe al que fuera gobierno panista de Felipe Calderón y al que fuera su partido y en cuyo nombre formó ese gobierno, el PAN, mazazo que no podrán evadir– dejando sin culpabilidad y señalamientos merecidos a las instituciones antidrogas y de seguridad yanquis, coludidas con el narco y con García Luna. Sí, porque el problema de las drogas sí involucra a Estados Unidos y no solo como consumidor, sino como productor y distribuidor asociado a los cárteles que dice perseguir y reprocha su existencia a México. Lo de siempre: Estados Unidos se victimiza en tono de “México me manda droga que me droga” en vez de cuestionar su enorme participación en el tema con su sistema financiero gustosamente receptor de grandes capitales negros y vende armas a los cárteles y les abre la frontera, ya que la corrupción también habla inglés. Aunque decírselos les fastidie. Pues están servidos, nuevamente. García Luna tuvo en sus manos la seguridad de los mexicanos contra el narco, siendo un narco cobijado por el PAN. Por menos que eso, el PAN llama a otros, narcopartidos. Como tal ¿o no?