Opinión

Ensamblando al enemigo

LETRAS, CEROS Y UNOS

David Fueyo | Sábado 19 de octubre de 2024

En su célebre conferencia y posterior ensayo Construir al enemigo, Umberto Eco explora una inquietante faceta de la humanidad: la necesidad casi inherente de crear un "otro", un enemigo contra el cual definirse. Según Eco, la identidad se construye en oposición, y ese enemigo, a menudo imaginario, es una figura esencial para fortalecer el sentido de comunidad y pertenencia. La literatura, como reflejo y crítica de la condición humana, ha jugado un papel crucial en la construcción de estas enemistades, desde las páginas de la mitología hasta las distopías modernas, en las que la tecnología ha tomado un protagonismo inquietante. De repente todos somos Unabomber.

En el contexto actual, cuando la tecnología ya es casi inalcanzable para el humano de a pie, la figura del enemigo ha migrado de las fuerzas míticas y terrenales (el diablo, el yonki del barrio…) hacia los algoritmos, la inteligencia artificial y el hipercontrol. La literatura del presente, al igual que antes con los grandes villanos históricos o las representaciones del mal en las sagas épicas, ha comenzado a imaginar al enemigo dentro de la tecnología, proyectando en ella los miedos de nuestra era. No es casualidad que, en obras recientes, el "enemigo" no sea tanto una figura concreta, sino un sistema abstracto, omnipresente y digital. De alguna forma, seguimos construyendo enemigos, pero ahora lo hacemos en los códigos invisibles de las redes y las máquinas que nos rodean. ¿Son las pantallas una buena herramienta?, yo creo que sí. ¿Lo es también la inteligencia artificial? También pienso que sí; pero cuando hablo de ello ante los gerifaltes de la vieja escuela literaria la respuesta es unánime: la IA matará a la literatura. Es el enemigo que matará la creatividad. Solo les falta empuñar su estilográfica para atacar.

Este proceso de afirmarse ante el antagonista tiene raíces profundas en la historia de la literatura. Pensemos en la Divina Comedia de Dante, donde los pecadores son castigados en el Infierno de acuerdo con sus faltas, o en Don Quijote, donde los molinos de viento se convierten en gigantes enemigos en la mente del protagonista. Estas obras clave tratan de la “enemistad” para afrontar literariamente los miedos, las contradicciones y las luchas internas de las sociedades. En Construir al enemigo, Eco lo deja claro: el enemigo es un producto de la imaginación colectiva, una herramienta para construir identidades, y a menudo, una proyección de nuestras propias inseguridades.

Pero el enemigo tecnológico no es el único que construimos en las páginas de la literatura moderna. En su último libro, ¿Qué hacemos con los humanos?, César Antonio Molina reflexiona acerca del futuro de los humanos en un mundo de máquinas que piensan. ¿Estamos inmersos en una deriva sin escapatoria? Van a vigilarnos, a entretenernos y a protegernos las máquinas o quienes están detrás de ellas. ¿Quiénes son esos humanos que están al mando?, y sobre todo, la que es la gran pregunta según Molina, ¿estamos preparados como especie para enfrentarnos a un nuevo y gran enemigo que nosotros mismos seguimos desarrollando?

Este es un punto clave que Eco menciona en su ensayo: construimos al enemigo, pero al hacerlo, revelamos más sobre nosotros mismos que sobre esa figura que rechazamos. En la literatura contemporánea, cuando el enemigo es una fuerza tecnológica omnisciente, lo que se revela es nuestro temor a perder el control, a ser despojados de nuestra autonomía y humanidad. Es el miedo a que lo que hemos creado se vuelva en nuestra contra, una proyección moderna del mito de Frankenstein.

Los enemigos que creamos en las historias son espejos de nuestras preocupaciones más profundas. Así como en el pasado el "otro" era el bárbaro, el hereje o el villano épico, hoy el enemigo puede ser la tecnología que nos rodea, el sistema que nos vigila, o incluso la adicción digital que nos controla. Pero, al igual que en las grandes narrativas de la historia, ese enemigo sigue siendo, en gran medida, una construcción nuestra.

Así, la literatura nos invita, una vez más, a reflexionar: ¿quién es realmente el enemigo? ¿Es la tecnología, el sistema, el "otro"? ¿O somos nosotros mismos, construyendo, o mejor dicho, ensamblando en fábricas del lejano oriente, esa otredad para no enfrentarnos a las verdades incómodas sobre nuestras propias limitaciones? La respuesta, como siempre, se encuentra en las páginas que aún están por escribirse: La duda surge incluso ante la pregunta. ¿Quién las escribirá? o, quizás deberíamos preguntarnos: ¿qué máquina las escribirá?