Penetro en campo minado.
Tras la espantada de Zapatero, entra Rajoy. En las elecciones en las que se le eligió, un país aterrado por la crisis en la que se ahogaba, se volcó hacia él y su partido, olvidando odios y rechazos y convencido de que eran los únicos capaces de sacarlo de ella. Fue el mejor resultado del PP y el peor del PSOE en el periodo democrático.
Un “hombre normal”, pero, sin duda, el Presidente mejor preparado que hemos tenido en España. Y un orador excepcional que realizó, en El Congreso, maravillosas caricaturas y retratos, de todos sus rivales, que nos ayudaron a reconocerlos...y descubrirlos.
Era contrario a la política de Aznar. “Tu y tu maldita guerra”, que le hizo perder las elecciones de 2008, en que parecía claro ganador
Y nos hubiera evitado el paso de Zapatero, que antes de escapar y forzado por nuestros aliados, tuvo que tomar medidas, muy drásticas, Además, escondió, bajo la alfombra, como un niño, trampas que llevaron al gobierno de Rajoy, tras un largo periodo de investigación y perplejidad, a tomar medidas contrarias a su ideario y que, desvergonzadamente, fueron criticadas, enseguida, por los que salieron, como si sus desmanes anteriores no hubieran existido
Hizo frente a la crisis económica heredada, en que se perdieron 2,7 millones de puestos de trabajo, rechazando la intervención de los funcionarios europeos, “los hombres de negro”, para no hacer pasar a España por la humillación de que vinieran, de fuera, a arreglar nuestros asuntos.
Amigos, decidme el nombre de algún político, antiguo o actual, al que consideréis capaz de cargar con una situación comparable, por no hacer pasar a su país por ese baldón. Y más, barruntando, que la izquierda le haría culpable de ella, a los diez minutos, como así ocurrió.
Solucionó la crisis pero se le echaron en cara los “recortes”. Como si a los bomberos se les recriminase por mojar los edificios para apagar el fuego. Tambien tuvo que hacer frente a un intento de sedición de Cataluña, infantil en las formas, pero importante en el propósito. Le acompañaron a sofocarlo los que estaban obligados a acompañarle, lo que no impidió que, esos mismos, le negaran tres veces.
Pero amigos, después de que Zapatero llevó la política, del terreno de las ideas al de las pasiones, gran parte de los españoles ya no sabía reconocer a un “hombre normal”.
Arrullado siempre por la terca tabarra de los que son capaces de negar que el sol sale por oriente, cumplió, de forma tan sorprendente y atinada su misión que, antes de terminar su segundo mandato, el país le dio “matarile”, olvidando disciplinas y austeridades y volviendo a las frivolidades y trampantojos que tanto le entretienen.
Y salieron, de riscos y cavernas, enemigos que se odiaban a muerte entre si, llamados por un odio, aun mayor, a lo que representa un hombre como él, la moderación, la elegancia, el convencimiento del servicio al pais y la obligación de atenerse al orden jurídico, que nos dimos en el 78,
Y lograron destazarle en la picadora de carne de la maledicencia y arrojarle, por la ventana, como a los anteriores..
Rajoy no se enteró de que había llegado el tiempo de los dichos y no de los hechos, de que “la gente” no quería, ya, a un presidente que “comunica mal”, que, continuamente, le regatee “sus derechos” y que les ponga en evidencia, obligándoles a dejar claro si son de los que tiran del carro o de los que van montados en él.
No querían a un presidente que se negase a cargar con las culpas de “los nuestros” y les afrentara, en el ruedo del Congreso, colocándoles, en cada faena, ese par de banderillas de la “herencia recibida” y las encuestas del paro.
No querían a un presidente que predicase, aburridamente, con el ejemplo de la moderación, cuando lo que les gusta es jugar a la ruleta rusa.