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Liga de Campeones. El Barcelona se venga del Bayern en su mejor partido en años

(Foto: EFE).

FASE LIGA | JORNADA 3

Diego García | Miércoles 23 de octubre de 2024
Exhibición de puntería del equipo de Flick, con triplete de Raphinha (4-1). Le salió todo a un Barça que mete miedo antes del Clásico en Madrid.

Llegó el día. El Barcelona recibió este miércoles la carta de oficialidad a su renacimiento. Llevaban casi 10 años esperándola. La última vez que ganaron la Liga de Campeones fue en 2015, cuando Lionel Messi, Neymar y Luis Suárez comandaban el barco. Meses después de aquello arrancó el rosario de desastres europeos que dispusieron como cumbre el 2-8 que les dedicó el Bayern. La casualidad ha querido que el espaldarazo definitivo al nuevo Barça se lo otorgue, precisamente, el coloso bávaro. De ahí emana el importantísimo valor simbólico de la goleada que ha acogido Montjuic esta noche (4-1).

La estadística entre azulgranas y bávaros no dejaba lugar a dudas: los muniqueses se han ganado la exclusividad de las pesadillas continentales de los 'culés'. En los 15 duelos precedentes, los catalanes sólo triunfaron dos veces, empataron en otras dos ocasiones y perdieron 11 de esos encuentros. Es más, en los cinco partidos previos, los barceloneses cayeron siempre y habían anotado dos tantos por las 19 dianas encajadas. Este llamativo desbalance sirvió de fuego para el espíritu de un equipo ahora entrenado por Hansi Flick, el arquitecto de la peor goleada encajada por los azulgranas en su historia europea. El técnico nacido en Heidelberg ha conseguido resucitar el hambre de una plantilla que ilusionó a su hinchada con la Liga conquistada bajo las órdenes de Xavi en 2023. Esa es la mayor virtud de un trabajo sensacional que convence con fútbol y resultados. Los futbolistas 'blaugranas' presionan con ardor, combinan rápido y, aquí reside el matiz definitivo, contragolpean en cuando atisban la oportunidad. El giro al estilo identitario 'culé' ha revitalizado al club y en esta fecha tocó máximos. Con una puntería soberbia -chutaron cuatro veces entre palos y anotaron cuatro goles-, esa receta desembocó en el mejor partido del colectivo catalán en años. Y en el momento adecuado, a días de visitar Chamartín.

Un comienzo estremecedor

No arrugaron los locales a pesar de que sabían que el escuadrón bávaro, dirigido por Vincent Kompany, compite con su misma fórmula. El envite destapó sus cartas desde la previa, con ambos conjuntos arriesgando con las defensas muy adelantadas y reduciendo el campo a unas pocas decenas de metros en torno a la medular. Unos y otros cumplieron con las expectativas y desplegaron un intercambio de emboscadas agresivas que invitaban a enviar balones al espacio y a la espalda de las líneas defensivas. La valentía gobernó el enfrentamiento hasta tornarlo en una anarquía vibrante.

En ese tapete la pegada, la precisión en los pases en profundidad y la coordinación entre el pasador y el desmarque marcarían las diferencias. El primero en sintonizar con la partitura fue Fermín López, titular acertado de Flick. El canterano filtró un balón al hueco que leyó el movimiento de Raphinha, en el primer minuto, y el brasileño se escapó, regateó a Neuer y anotó el 1-0. Todo ello patrocinado por la inteligente bajada de Lewandowski para sacar de sitio a Upamencano. No pudo empezar mejor la apuesta local. Pero el Bayern no hinca la rodilla tan fácil. A pesar de no poder contar con el diamante Musiala -tocado, entró en el segundo tiempo y se le vio falto de ritmo- y de haber prescindido de Thomas Tuchel en verano, poseen una mentalidad rocosa que les permitió aceptar el reto del Barça y responder automáticamente con jerarquía. La reacción visitante pasó por adueñarse de la pelota y circular el cuero con más frenesí. Volaba la redonda y los azulgranas pasaron de festejar a sufrir para equilibrarse. No llegaban a taponar a los laterales y las acciones peligrosas se agolparon en torno al área defendida por Iñaki Peña.

Esa tormenta germana, siempre enmarcada en el vértigo posicional común descrito con anterioridad, derivó en dos goles de Harry Kane. El delantero inglés recordó al respetable que es mucho más que un rematador, ya que ejerció como distribuidor destacado si hacía falta. Aún así, sobresale por su veneno. En el minuto 10 embocó un cabezazo picado a centro de Müller y el VAR lo anuló por un fuera de juego muy justo; y en el 19 conectó una volea imparable tras un centro de Gnabry precedido de dos cambios de dirección formidables del equipo muniqués.

Con el empate instalado de nuevo en el electrónico y el espectador neutral ya extasiado por el ritmo y la dificultad impuesta por ambos sistemas, eran los visitantes los que mandaban más. Los locales peleaban por agruparse, mas dejaban a Kimmich tiempo y espacio para crear y buscar envíos largos que dañaban sobre todo en la zona de Koundé. Gnabry le puso en problemas por su astucia en el desmarque. Y el Barcelona no conseguía achicar ni discutir la iniciativa. Además, sus oponentes habían disparado su nivel técnico hasta la excelencia. Se habían tornado en una máquina. Es por ello que Flick ordenó rebajar el órdago un tanto y su esquema comenzó a retrasar posicones poco a poco. Menguaron el riesgo ante el descontrol excesivo y tomaron aire a partir del minuto 20, más focalizados en cerrar y contragolpear. Así de brillante es la lejanía con la ceguera ideológica. En el 26 Lewandowski finalizó un movimiento de Raphinha al espacio con un derechazo desviado y segundos después Lamine Yamal le dio un susto a los alemanes al presionar la salida de juego demasiado confiada de Neuer. El maravilloso juvenil español se movió con libertad y actuó como faro. Pidió la pelota a pesar de estar rodeado y tranquilizó a sus compañeros. Con 17 años. Sus regates enamoraron a propios y extraños. Sólo por esas fintas mereció la pena pagar la entrada.

Al aplomo del canterano se le unió la afilada verticalidad de Fermín, la fluidez naciente de Pedri en la circulación y el inexplicable aplomo de Marc Casadó. Impresionante rendimiento el suyo, otra vez. Nadie diría que acaba de llegar a la élite. Y la guinda la establecieron Lewandowski y Raphinha. El polaco ofreció una clase maestra de espaldas a la portería, descargando y aguantando balones; y el porto-alegrense desbordó con su electricidad. Los dos están disfrutando de la plenitud de su juego en estos meses y desnivelaron el choque antes del descanso. En el minuto 36 había perdonado Guerreiro -lateral diestro de circunstancias- al desperdiciar una transición tejida con calidad entre Kane y Gnabry. El portugués subrayó, de manera involuntaria, la relevancia de la puntería en este combate porque los barcelonistas no fallarían. Un minuto más tarde Fermín le ganó el cuerpeo a Kim Min-Jae, Neuer calculó mal su salida y Lewandowski anotó el 2-1 -su 15º tanto del curso-. Ni el árbitro ni el VAR entendieron que el empujón del fulgurante canterano al central coreano revestía la fuerza suficiente para señalar falta. Y en el minuto 47 Casadó pintó un pase largo inmaculado, Raphinha trazó una diagonal y emitió un derechazo que se coló pegado al segundo palo. La belleza de la rosca implementada a ese derechazo maridó de maravilla con la euforia de la tribuna.

El filo del Barcelona conquista la añorada validación internacional

Kompany se encontró en vestuarios con un resultado nefasto y una hoja de rendimiento igualada, pues los dos conjuntos habían rematado cinco veces. Es más, habían dispuesto del 62% de la posesión. En cambio, la gran diferencia con el Barça que no pudo maquillar el preparador belga es el diseño de plantilla. En el mercado de fichajes perdió al lateral diestro titular y a De Ligt, un central discutido y fundamental a partes iguales. Min-Jae y Upamecano salieron al Lluís Companys y alimentaron a sus críticos. Lewandowski les ganó con solvencia y el paso de los minutos se tornó en una indigestión severa para estos zagueros.

Quiso el bloque germano reivindicar su pedigrí con el millonario fichaje Michael Olise encarando a Balde, pero la tozudez de la ineficacia en las finalizaciones negó cualquier intentona orgullosa de remontada. En el 51 fabricó el extremo francés un remate propicio de Palhinha que no supo dirigir a puerta el mediocentro portugués y de nuevo los catalanes respondieron con fuego. Seis minutos después la sentencia tomó forma con la lucidez de Pedri, que permitió a Lamine inventar un pase en profundidad quirúrgico con el que Raphinha completó su triplete. El capitán 'blaugrana' despegó, dejó en la estacada a los dos centrales visitantes y conectó un latigazo cruzado espléndido para redondear la goleada. Su momento de forma no tiene paragón. Lleva nueve goles y ocho asistencias. Es el líder inesperado.

La enésima maravilla al contraataque del dibujo de Flick noqueó, al fin, a un Bayern impotente. Ni los cuatro cambios simultáneos con los que entraron al verde Musiala, Coman, Sané y Goretzka consiguieron despintar la atronadora resurrección barcelonesa. Terminaron gustándose los locales, ya con Frenkie De Jong, Gavi, Ansu Fati y Dani Olmo y Pau Víctor sobre el césped. En un duelo de máxima exigencia y repercusión, el Barça pudo dar descanso a sus primeros espadas y aumentar el rodaje de los pilares recién recuperados. Los 'olés' del público en el epílogo de la fiesta resumieron la sensación general. El socio ya puede proclamar, con el pecho henchido, que están de regreso.

Ficha técnica

4- Barcelona: Iñaki Peña; Alejandro Balde, Íñigo Martínez, Cubarsí, Koundé; Casadó, Pedri (Gavi, min. 86); Fermín López (Frenkie de Jong, min. 61), Raphinha (Dani Olmo, min. 75), Lamine Yamal (Ansu Fati, min. 85; y Lewandowski (Pau Víctor, min. 85).
1- Bayern: Neuer; Alphonso Davies, Upamecano, Kim Min-Jae, Guerreiro (Laimer, min.86) ; Palhinha (Goretzka, min. 60), Kimmich; Gnabry (Sané, min. 60), Thomas Müller (Musiala, min. 60), Michael Olise (Coman, min. 60); y Harry Kane.
Goles: 1-0, min. 1: Raphinha; 1-1, min. 19: Harry Kane; 2-1, min. 37: Lewandowski; 3-1, min. 47: Raphinha; 4-1, min. 57: Raphinha.
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Amonestó a Kimmich y a Goretzka.
Incidencias: partido correspondiente a la 3ª jornada de la Liga de Campeones, disputado en el estadio Olímpico Lluís Companys (Barcelona).

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