Iñigo Errejón ha dejado una contribución no baladi a la teoría económica, al imputar su desordenada conducta sexual al neoliberalismo, causante de una “subjetividad tóxica” que ha puesto en evidencia la disonancia entre su personaje y su persona.
Todos sabemos que el ámbito sexual es, además de otras cosas, un mercado, con su oferta y su demanda. Lo sabemos bien todos los varones que hemos sufrido largos años de miseria sexual en nuestras vidas. El resultado -una frustración que muchas veces toma forma en la mala educación y el abuso, otras (menos) en el delito- no hay que buscarlo en el “patriarcado”, ese constructo ideológico que el feminismo ha colado en la discusión pública, sino en el habitual ‘desajuste’ entre la oferta y la demanda sexual para muchos varones. No voy a entrar aquí a valorar la explicación de la sociobiología según la cual el diferencial de ‘disparo’ sexual entre el hombre y la mujer se debe al ‘coste de producción’ de la unidad reproductiva que está en la base de la conducta sexual: mientras el hombre es un derrochador que produce millones de espermatozoides a gogo, la mujer cuenta con un óvulo mensual, que debe proteger si quiere asegurar su huella reproductiva.
Por seguir jugando con la teoría económica, el desajuste sexual que ha traicionado a Errejón podría considerarse una instancia más de la denominada “curva de Philips” que correlaciona el desempleo con la inflación: podríamos decir que el “paro sexual” conduce a menudo a la inflación (de la bragueta).
Al ‘obispo’ Errejón, una máquina de reproducir ideología ostensiblemente de contrabando le han pillado con el carrito de los helados, y gracias a una valiente víctima hemos sabido de la ‘disonancia’ efectiva entre su ideario político y su conducta real. No es el primer hombre notable que da con sus huesos y contradicciones en la esfera pública, tras la epifanía en los medios: desde su irrupción pública hace diez años, la patulea podemita cuenta ya un abultado registro de historias/denuncias/condenas por abusos sexuales. El otro founding father de Podemos, el tabernero Iglesias, ya se vio metido en un lío en relación con una tarjeta de memoria en la que al parecer había ‘material de alto voltaje’ con su a la sazón ‘assistante’ en el Parlamento Europeo, Dina Bousselham, a quien su ‘protector’ le puso luego un fallido periódico digital en muestra de agradecimiento. Un reciente meme descarnadamente cínico -como debe ser- de DocHolliday7 (en X) contrasta este recorrido con el de otro notorio feminista, Abalos, en cuyos labios pone la siguiente crueldad (pero tan real como la vida misma): “Lo de Iñigo Errejon pasa por no querer pagar, yo siempre pago y me evito estos líos, les queda mucho que aprender”.
En la historia de las ideologías tóxicas, durante el judaísmo temprano los saduceos tuvieron que hacer frente a sus adversarios -los fariseos- de todo cuyo cuerpo doctrinal sólo se ha conservado la notable disonancia entre sus proclamas y sus actos. Se dice que San Pablo fue fariseo (antes que fraile), tras lo cual desplegó una codificación dogmática del cristianismo que sirvió de inspiración a los torturadores y asesinos de la Inquisición.
Esperemos que la muchachada podemita no llegue tan lejos.