En un excelente trabajo periodístico de información, Carmen Morodo recoge en La Razón lo que se dice en círculos del Partido Popular: “Pedro Sánchez dispara con un fusil de asalto y Feijóo le responde con un tirachinas”. Según una encuesta solvente, el 77 por ciento de los votantes del Partido Popular “exigen una oposición más contundente”.
No sería justo perder la objetividad y cargar las tintas sobre Alberto Núñez Feijóo, cuando el político gallego ha aprendido muchas cosas y ha mejorado sustancialmente en otras. Ha dejado de ser un presidente regional para convertirse en el presidente nacional del primer partido del circo parlamentario. Ha mejorado sus intervenciones en el Congreso de los Diputados hasta convertirse en un dialéctico eficaz. Trabaja de forma incansable y mantiene el pulso, si bien le falta sentido de la anticipación y capacidad para saltar a la yugular de su adversario.
Se puede ganar una batalla aguardando a que el cadáver del rival pase por delante del que quiere sustituirle. Pero no es lo probable. Acceder al poder en una democracia exige mucho sacrificio y plena dedicación. Se comprende la actitud de ese 77 por ciento de votantes del Partido Popular, que exigen una actividad más eficaz por parte de Alberto Núñez Feijóo. Exigen contundencia y no les falta razón. Exigen sentido de la anticipación y es cierto que Feijóo está demasiadas veces a la defensiva.
Si se quiere desmontar a Pedro Sánchez antes de que concluya la legislatura tal vez sólo haya un camino: la moción de censura. Y como los que pueden dar los votos para que la operación salga adelante se niegan a votar como presidente a Feijóo habrá que articular con esfuerzo y trabajo una fórmula para que la moción de censura la encabece un juez independiente o un sindicalista de prestigio como Nicolás Redondo Terreros. Claro está que el presidente así elegido sólo llevaría un punto en su programa: convocar elecciones generales de forma inmediata.