Editorial

Yolanda Díaz, obligada a dimitir después de su cínica explicación del “caso Errejón”

EDITORIAL

EL IMPARCIAL | Martes 29 de octubre de 2024

Cinco días después de que saltara el escándalo del “caso Errejón”, Yolanda Díaz ha dado una rueda de Prensa con el propósito de esclarecer los hechos. Pero ha hecho todo lo contrario. Sus palabras han resultado un ejercicio de cinismo, lleno de contradicciones e incongruencias y, por tanto, de mentiras. Porque ha venido a demostrar que nombró portavoz al exdiputado a sabiendas de que había sido denunciado por supuestamente acosar sexualmente a una mujer en 2023. Y es que, la vicepresidenta, después de jurar y perjurar que nada sabía de los comportamientos, como poco machistas, del fundador de Podemos, reconoció que su “equipo” le informó de la primera denuncia, pero descargó su responsabilidad en Más Madrid, que, según ella, restó importancia al suceso. No se le ocurrió, sin embargo, aclarar personalmente los hechos con su protagonista. Pero tuvo la desfachatez de proclamar que le hubiera expulsado del partido de haberlo sabido. Lo dicho: pura contradicción. Aún más, sin reconocerlo, demostró que le había encubierto “porque estaba en plena campaña electoral”.

La responsabilidad política de Yolanda Díaz, por tanto, es absoluta. Y también la burda manipulación de su discurso, pues tuvo la desfachatez de proclamar que su partido y el Gobierno son un ejemplo de feminismo y que “se había acabado la cultura de la impunidad” con el machismo. Y lo dijo, después de haber encubierto a Íñigo Errejón, después de nombrarle portavoz de Sumar, después de haberle concedido la impunidad por intereses políticos. Pero ahora, al saltar el último escándalo, aseguró que, gestionó “personalmente esta crisis y los resultados están a la vista”. Tan a la vista están que Sumar, Más Madrid y ella misma han perdido toda su credibilidad como defensoras del feminismo.

La dimisión de Yolanda Díaz y Mónica García sería la única salida digna de esta crisis. Pero es evidente que no lo harán. Pues han intentado soslayar un hecho deleznable que atenta contra los principios feministas y, por tanto, esenciales de su formación política. Han pisoteado la ética que proclaman sin cesar. E intentan desesperadamente pasar página para seguir dando lecciones de moral. Eso sí, se han propuesto obligar a sus dirigentes a someterse a un cursillo “obligatorio” para evitar que se produzcan nuevos comportamientos machistas. Con esta decisión “progresista” buscan seguir siendo el faro del feminismo mundial. Puro cinismo.