Opinión

Nuestra democracia deliberativa

AL PASO

Juan José Solozábal | Martes 29 de octubre de 2024

I-Una de las claves de la actual situación política española consiste en la anormal relación entre el Gobierno y la Oposición, que para nada se corresponde con la que debe existir en el régimen parlamentario. Me apresuro a decir que la situación, aun preocupante, no adquiere síntomas catastróficos que permitan hablar de degeneración democrática, como si nos estuviéramos precipitando a una dictadura o democracia de fachada, o a una mutación constitucional que vagara hacia un sistema presidencialista-caudillista inevitable. No se puede negar que la confrontación se está incrementando considerablemente y que alcanza momentos álgidos incompatibles con el respeto de las bases de nuestro mismo sistema institucional, que es de confrontación limitada entre Gobierno y Oposición, pero desde el respeto mutuo, como elementos indispensables de la forma política democrática constitucionalmente descrita como Monarquía Parlamentaria. La desconsideración de la esencia del régimen parlamentario puede tener en efecto consecuencias que no pueden desconocerse. Hay una tendencia degenerativa en todas las formas políticas frente a la que debemos prevenirnos.Cervantes hablaba, antes lo había hecho Aristóteles refiriéndose a los tipos de gobierno, del “acabamiento” como destino de todo lo humano.Hay ciertamente en todo elmundo un riesgo de que las democracias “caigan desde dentro” y se deslicen hacia formas autoritarias y, como se dice en un recienteartículo del TLS(Times LiterarySupplement), no sobra que los ciudadanos de las democracias avanzadas de hoy asuman “que ello puede suceder también aquí”.

II-Lo primero es, entonces, que expliquemos porqué la confrontación entre Gobierno y Oposición, es tan abrupta y exagerada, abundando la descalificación y rayando muchas veces en la injuria. Se trata sinduda de la victoria en los partidos del Gobierno y de la Oposición del espíritu de facción, que subraya los perfiles propios partidistas, exagerando la estridencia y la acritud de las posiciones políticas propias. Está por ver la rentabilidad de esta estrategia de lucha política que renuncia a hacerse con los votos de los electores moderados, “negando toda capacidad para gobernar al adversario y toda valía de su liderazgo” (Oscar Alzaga),y que en cualquier caso produce el desgaste institucional del sistema democrático, y dificulta el funcionamiento correcto del mismo.

Sin duda el régimen parlamentario requiere el control por parte del Parlamento del Gobierno, de acuerdo con un canon de actuación distinto del propio del ejecutivo y con un personal que se ofrece como alternativa al equipo gubernamental.Precisamente el reconocimiento de esta labor fundamental a la oposición impide su descalificación por el Gobierno, que no puede tratarla como enemigo sino como adversario.La subordinación constitucional del Gobierno y la Oposición y su aceptación de los principios institucionales del régimen parlamentario implican una solidaridad entre Gobierno y Oposición, una cordialidad incluso, que debe anteponerse a la confrontación sin cuartel entre ellos. Por eso no pueden excluirse eventualmente de partidani los Gobiernos de coalición ni el acuerdo entre Gobierno y Oposición en los asuntos básicos o de Estado. Según he recordado alguna vez, no caben en efecto en el régimen parlamentario enemigos sino solo diferentes o, todo lo más, adversarios. “En la esencia del sistema parlamentario está la disposición al compromiso. El régimen parlamentario es un régimen de tolerancia…”, se ha dicho.Deberíamos esforzarnos en superar la propensión muy nuestra a los enfrentamientos políticos, muchas veces por motivos fútiles, increíbles disputas dinásticas o conceptos nominales difusos(Reacción versus Progreso )que no excluían comportamiento violentos, ocurridos especialmente en la capital del Reino, según viese como nadie Galdós, al reflejar como en un espejo el siglo XIX español en sus Episodios.

III-Debemos profundizar en los términos groseros de la confrontación entre Gobierno y Oposicióntal como se produce en nuestro País, que son ajenos alas mismas bases institucionales de la democracia representativa, y que hace muy difícil el funcionamiento de las estructuras complementarias, pero indispensables a la misma. Me refiero a las instituciones de la independencia y la reflexividad que exigen para su instauración y actividad el consenso y la disposición de consuno del Gobierno y la Oposición.Hablo,como sabe el lector de este Cuaderno,de las administraciones, sean generales o especialmente las independientes, y al Tribunal Constitucional.Los déficits democráticos deben ser restañados, dice Pierre Rosanvallon,por el aporte de las instituciones de la Imparcialidad, esto es, una administración competente y gestora de los intereses generales, y las administraciones independientes ( a su modo entre nosotros, Administración electoral, Banco de España, TVE, y otras instancias controladoras), esto es, comisiones u organismos colegiados, que operan de modo muy procedimentalizado y que, sujetos a debate, rinden informes públicos. Además Rosanvallon pide un mayor peso en el sistema de las instituciones de Reflexión, tales como los tribunales constitucionales, que deliberen sobre los principios permanentes, indefectibles y propios de cada Nación, en realidad sobre las bases constitucionales, esto es, los mismos supuestos de la comunidad política.

No ha de olvidarse finalmente que el modelo cratológico de relaciones Gobierno Oposición reniega del debate como elemento imprescindible de nuestra democracia,que es una democracia deliberativa. Es imposible negar la contribución del debate, sea el electoral o el parlamentario, a la integración y racionalización del sistema democrático, al permitir la participación indirecta de los ciudadanos a través de los representantes y la posibilidad de tomar las opciones más adecuadas sobre la vida de la comunidad.Por ello no es sorprendente el superior rendimiento de la democracia en relación con otras formas de gobierno, pues, como estableciese Konrad Hesse,se trata de un sistema de gobierno ilustrado, que funciona con la participación informada de los ciudadanos.

La calidad del debate depende, antes de nada, de la disposición de los intervinientes en los mismos,para algunos autores de su adecuación a un modelo dialógico habermasiano, que se atenga a determinadas exigencias de racionalidad argumental, su orientación a las demandas del bien común, y su actitud para interactuar de modo constructivo con quienes uno no está de acuerdo. El índice, como he señalado en alguna ocasión, atendería a cuatro variables que me permito reiterar: 1- La disposición a justificar en términos de racionalidad los planteamientos de cada cual. 2- Aceptar que la mejor justificación de la propia posición depende de la orientación hacia el bien común antes que de acuerdo con los intereses de los representados.3- Respeto hacia las posiciones de los otros intervinientes en el la discusión y 4- Disposición de todos a admitir propuestas diferentes o intermediadoras provenientes de los participantes en el diálogo(André Bächtiger).