Opinión

El cambio de hora: una visión multidisciplinar

TRIBUNA

Jesús Lizcano | Lunes 04 de noviembre de 2024

Hace algunas fechas hemos tenido que proceder una vez más al cambio de hora en los relojes, en este caso hacia el horario de invierno. No es éste un tema banal en absoluto, ya que dicho cambio tiene un impacto significativo en nuestro modo cotidiano de vida y nuestra salud (por ejemplo, en el ritmo circadiano, nuestro reloj interno que regula los ciclos de sueño-vigilia), afectando a todas las personas, si bien especialmente a aquellos cuyos ritmos biológicos son más sensibles a los cambios, como los niños y los ancianos.

El cambio de hora ha sido objeto de un intenso debate en muchos países a lo largo de los años, y aunque su implementación inicial buscaba optimizar el uso de la luz solar y ahorrar energía, estudios científicos lo han puesto en duda, a la vez que han venido revelando una serie de inconvenientes y ventajas que trascienden los aspectos energéticos.

En este artículo vamos a analizar esta cuestión desde una perspectiva multidisciplinar, esto es, con enfoques procedentes de distintas disciplinas científicas, que nos pueden dar así una visión holística sobre los posibles efectos individuales y colectivos de este cambio de hora.

En primer lugar, desde el punto de vista de la Psicología, el cambio puede tener un impacto en el bienestar emocional, ya que la alteración del sueño y de los mencionados ritmos circadianos puede tener un impacto negativo en dicho bienestar, aumentando la sensación de estrés y disminuyendo la calidad de vida. Además, la necesidad de adaptarse a un nuevo horario puede generar cierta ansiedad, especialmente en personas con trastornos del sueño o sensibilidad a los cambios.

Si enfocamos el tema desde el punto de vista de la Medicina y la Salud, diversos estudios ponen de manifiesto un aumento de las consultas médicas relacionado con diversos trastornos como sensación de cansancio persistente o de cambios de humor, estabilidad, sueño fragmentado y depresión. También algunos estudios sugieren un ligero aumento de accidentes de tráfico y laborales en los días posteriores al cambio de hora, atribuido a la desorientación y la fatiga.

Desde el punto de vista de la Economía, aunque algunos estudios señalan como ventaja un posible impulso al consumo, al aumentar las horas de luz en las tardes, otros estudios evidencian una pérdida de productividad laboral, derivada de la disminución de la concentración y la alteración del sueño. También se evidencian unos mayores costes para las empresas y las instituciones públicas, que han de ajustar sus sistemas y horarios a los cambios, ello aparte de los mayores costes de atenciones y tratamientos farmacológicos y médicos.

Desde el punto de vista de la Sociología, aunque algunos estudios puedan indicar una mayor cohesión social, al compartir una experiencia común con el cambio de hora y fortalecer así el sentido de comunidad, también es cierto que otros estudios hacen hincapié en la desigualdad social, ya que este cambio afecta de manera más pronunciada a ciertos sectores de la población, como los trabajadores nocturnos o la población infantil, que pueden verse más afectados por dicho cambio.

Y desde el punto de vista de la Energía, ámbito en el que reside la principal justificación histórica del cambio de hora (de cara a aprovechar mejor la luz natural y reducir el consumo eléctrico), numerosos estudios han venido cuestionando la efectividad real de este ahorro energético, sugiriendo que es mínimo o incluso inexistente en una sociedad moderna y tecnificada como la actual.

Son numerosos, como vemos, los argumentos que desde distintas disciplinas ponen en entredicho las posibles ventajas de este cambio horario, desaconsejando mayoritariamente que el mismo se lleve a cabo.

Por razones y argumentos como los anteriores, se comenzó a cuestionar hace algunos años la normativa europea vigente sobre el cambio de hora, que data de 1980, y que se estableció con el objetivo de coordinar las prácticas de los diferentes Estados miembros en este terreno, fijando las fechas exactas para el cambio de horario de verano así como de su retorno al horario estándar o de invierno. Es por ello que en 2018 se llevó a cabo en los países de la Unión Europea un referéndum abierto, en el cual hubo una proporción muy alta, superior al 84 % (de los 4,6 millones de europeos que votaron), a favor de la eliminación del cambio de hora. Es por ello que el año siguiente (2019) el Parlamento Europeo votó a favor de poner fin a esta práctica, dejando inicialmente abierta la posibilidad a los países de elegir si querían mantener el horario de verano o de invierno de una forma permanente. Sin embargo, los Estados miembros no lograron ponerse de acuerdo sobre una fecha concreta para la implementación de esta medida, y la Comisión Europea no ha podido presentar hasta el momento una propuesta legislativa unificada, por lo que se decidió prorrogar la decisión hasta nuevo aviso, estableciéndose en todo caso que los países miembros continuaran aplicando el cambio de hora al menos hasta 2026.

Si hacemos referencia al contexto internacional de fuera de la Unión Europea, cabe afirmar que la tendencia a evitar o eliminar el cambio de hora es bastante general, y numerosos países han adoptado un horario fijo y permanente a lo largo del año: En Europa, por ejemplo, Rusia, Islandia, Bielorrusia o Turquía. En América: México, Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Bolivia o Paraguay. En Asia, cabe destacar que China mantiene un único huso horario en todo su territorio desde 1991, así como una gran parte de Asia central, mientras que en África una buena parte de los países africanos no han adoptado nunca el cambio de hora.

En resumen, viendo los efectos mayoritariamente negativos sobre distintos ámbitos de las personas y la sociedad, y ello desde el punto de vista y la evidencia de diversas disciplinas científicas, parece aconsejable no retrasar más la decisión y establecer un horario permanente a lo largo de año (sea el de invierno o el de verano), eliminando con ello el nocivo y nada favorable cambio de hora cada seis meses que hemos venido arrastrando desde hace más de cuatro décadas. Esperemos, en definitiva, que las instituciones europeas adopten con celeridad una decisión ejecutiva que esté así acorde con la salud, el bienestar y los deseos de los ciudadanos de la UE.