Opinión

Los desastres de la Naturaleza asociados con la polarización política

TRIBUNA

Antonio Agar | Miércoles 06 de noviembre de 2024

Charles Dickens definió magistralmente en el prólogo de su obra “Historia de dos ciudades” los acontecimientos históricos de cada época con sus luces y sus sombras:

Era el mejor de los tiempos, pero también el peor, el de la era de la sabiduría y también de la necedad, de los desastres y cataclismos pero también de los bellos atardeceres, el de la primavera de la esperanza pero también el invierno de la desesperación” Como la de cualquier siglo.”

Por consiguiente no puede sorprendernos que la Historia se repita en el siglo XXI. Parece oportuno urdir una alegoría sobre los políticos que conforman el arco parlamentario en un permanente enfrentamiento destructivo para la sociedad, haciendo referencia al episodio de la Caverna de Platón. A diferencia de los encadenados de la parábola: (Los votantes), los diputados que están atados a su silla parlamentaria, si tienen la capacidad de mirar hacía atrás para entender cual es el origen de esas cadenas que hacen zozobrar a la Democracia. ( El único yugo que les atenaza para deshacerse de su argolla es la falta de valentía para asumir su cuota de responsabilidad en los casos de corrupción generalizada en los dos partidos que han ostentado el poder, al mismo tiempo que se sienten víctimas acusándose unos a otros con el mantra de “Y tu más”. Deberían de dar el paso y cantar al unísono De que todos somos iguales y que directamente o a través de adláteres hemos infligido la Constitución. Persistir en la búsqueda minuciosa de los fallos cometidos por la oposición o por los gobernantes en el poder, es renunciar a resolver los graves problemas que se están convirtiendo en endémicos:

“El paro juvenil-las ocupaciones ilegitimas-la regulación y formación de los emigrantes que vamos a necesitar tanto España como el resto de países de la comunidad europea por el alarmante descenso del índice demográfico- por la imperiosa urgencia en la reducción del gasto público y por una revisión profunda y proporcionada del gravamen impositivo a los empresarios y a las grandes fortunas para atender adecuadamente a servicios tan perentorios como la Sanidad, la Educación y las infraestructuras ferroviarias y de carreteras.

Si esto se va demorando y siguiendo la expresión cínica de la vicepresidenta Yolanda Díaz en respuesta al caso de Errejón “De que hemos llegado tarde” va a llegar el momento de que las llamas de la Hoguera de la caverna nos queme a todos.

Siguiendo con Platón los políticos tendrían que profundizar en la lectura del pasaje del “Anillo de Giges” (En su obra la República). En ese episodio se plantea el dilema ético de si las personas somos buenas y justas por naturaleza, o actuamos correctamente por temor a ser castigados. Resultaría muy didáctico instalar una pantalla panorámica en el Congreso de los Diputados en la que se pueda leer la conversación entre Sócrates y Glaucón sobre la noción del comportamiento humano con respecto a la justicia. Glaucón sostiene qué si todos tuviéramos la oportunidad de ocupar puestos relevantes en el gobierno o instituciones públicas y dispusiéramos del manejo de fondos públicos o de información privilegiada, todos intentarían aprovecharse de estos privilegios desde el primer momento en que se sientan impunes, bien detrayendo una parte del erario público o contribuyendo con información aventajada a favorecer a sus amigos y familiares.

Sócrates no compartía la misma visión de Glaucón y defendía que el hombre debidamente instruido podía ser bueno y justo en sí mismo, añadiendo de que las malas acciones dañan nuestro espíritu y nuestra conciencia: Ese aullido interior que nos acusa y pone en jaque a nuestra paz sosegada.

Naturalmente que tenemos políticos dentro y fuera del Congreso con buena voluntad y vocación de servicio dispuestos a mejorar la sociedad con transparencia y honestidad, pero me temo que es la excepción que confirma la regla.

A través de este medio de comunicación y en consonancia con la dirección y el equipo editorial del Imparcial quiero transmitirle a los familiares y amigos nuestro pesar por el sufrimiento y el dolor que estamos pasando todos los españoles por los desastres de la dana que ha inundado también nuestros corazones de tristeza. In memoriam a esas victimas la mejor elegía que podrían manifestar la clase política es la de preparar una sesión extraordinaria en la que se guarden unos minutos de silencio con la promesa de mantener los leaderes de los dos grandes partidos unas reuniones cuyo propósito no solo sea el de adornar el Congreso con unas coronas representativas de las regiones españolas más afectadas, sino también el de esa deseada reconciliación que resuelva las diferencias ideológicas que nos divide con la pretensión de no llevarnos al Cielo, sino la de salvarnos del Infierno.

Finalizo con el pensamiento del filosofo Jenófanes quien en su Arjé o Principio con el Dios que todo él ve, todo él piensa y todo él escucha presida esas manifestaciones en memoria de las víctimas, así como el de la reconciliación de la clase política, teniendo presente el aforismo del

Filosofo griego: Esforcémonos de modo que cada uno de nosotros, pueda considerarse a sí mismo como artífice de la Victoria.