Opinión

Una reflexión necesaria tras la tragedia de la Dana

TRIBUNA

Mercedes Martínez Arranz | Jueves 07 de noviembre de 2024

Decía Aristóteles que la mejor forma de gobierno es aquella en la que gobiernan los mejores, los aristos, aquellos, que además de ser sabios se interesen por el bien común. Para el estagirita, todo Estado es una asociación con miras al bien común, un bien común del que el político ha de ser servidor, un bien común que los políticos deben fomentar, proteger y poner al servicio de todos los ciudadanos. Vivimos unos tiempos en los que ni los políticos son sabios, sino todo lo contrario, ni están para proteger al bien común, ni a sus ciudadanos.

Lo que ha ocurrido este veintinueve de octubre en Valencia es desgraciadamente la consecuencia de una negligencia política, que viene gestándose desde los inicios de nuestra democracia. Hoy en día puede llegar a la clase política gobernante, cualquier persona, no ya solo sin estudios mínimos, sino sin haber trabajado nunca, sin haber contribuido al bien común, sin haber cotizado jamás y sin demostrar que sirve para algo, en definitiva, sin haber hecho absolutamente nada por su país. Si queremos que nuestros gobernantes se preocupen por el bien común, sepan lo que hacen y lo que deben hacer, tendremos que poder exigirles previamente que puedan demostrar que están preparados, y, esa demostración no solo tendría que pasar a mi juicio por demostrar que tienen la inteligencia y la capacidad necesaria para decidir sobre la vida de las personas, sino que tendrían que poder demostrar que les ha preocupado el bien común de su comunidad durante algún tiempo de su vida adulta. Decía Aristóteles en sus lecciones de Metafísica, que “el ser se dice de muchas maneras”, y, al igual que el ser, la democracia, también se dice de muchas maneras. Todas las negligencias políticas que estamos sufriendo hoy en día en nuestro país, ya sea a nivel de vidas humanas, o a nivel económico, social, político y moral, son el resultado de un sistema democrático que permite que personas no preparadas académica, laboral o moralmente, lleguen a ocupar cargos desde los que deciden sobre la vida de las personas y el destino de los pueblos. Creo que es absolutamente necesario no solo pedir responsabilidades políticas, y se hace falta penales a nuestros gobernantes ante la catástrofe humana que ha dejado la tormenta, sino que hay que generar los cambios imprescindibles en nuestra democracia para que no gobierne cualquiera, así sin más.

Explicaba Platón en La República mediante una metáfora naval, que el gobierno de una ciudad se asemeja al gobierno de un barco. Con esta analogía el ateniense nos quiere hacer reflexionar sobre quién debe gobernar. Concluye Platón aconsejándonos, que no solo debe gobernar quien quiere, sino quien sabe y está capacitado para ello y eso, al igual que en la metáfora, para llegar a buen puerto. Aquel que quiera gobernar ha de ser alguien, claro está, que elija el pueblo, (nosotros estamos a favor de la democracia, no como Platón), pero estamos con Platón en que el que gobierne ha de ser un sabio; y, estamos con Aristóteles en que ese sabio ha de estar interesado en preservar el bien común, la vida de las personas y preparado para ello.

La tragedia humana que estamos viviendo no es solo culpa del presidente de la nación y de la Comunidad Valenciana o de los políticos de este país, que unos a otros se pasan la patata caliente de la responsabilidad, sino que se debe también a la manera en la que hemos construido nuestro sistema democrático. Este ha de ser revisado para que sea imposible que lleguen a ocupar Ministerios personas que, por un lado, no tengan estudios relacionados con el cargo, y, por otro, personas que no hayan contribuido con su trabajo y su esfuerzo al bien común; o, dado a cómo está la clase política, que no tengan las condiciones psicológicas y morales necesarias para el ejercicio de la política.

Como filósofa que se dedica a pensar el presente, considero profundamente necesario revisar nuestra democracia, nuestro sistema de partidos y nuestra legislación; que no solo está mal hecha en cuanto a materia de alarmas de emergencias se refiere (lo cual es un hecho a la vista de la catástrofe), sino que el desastre se extiende a casi todos los ámbitos de nuestra democracia, desafortunadamente.

La democracia es la mejor forma de gobierno que hasta el momento hemos podido diseñar los seres humanos. Nació allá por el siglo VI a. C en Grecia, cuna de nuestra civilización occidental, y, ha ido tomando diferentes formas a lo largo de la historia. En Europa no todas las democracias son iguales: unas son constitucionales, unas tienen dos cámaras otras más, etc., por poner un ejemplo; lo que me interesa señalar es que la democracia es un ente vivo, porque vivas están sus gentes y su pueblo, y se va construyendo, mejorando o degradando con el transcurso de los años y del ejercicio político.

Si queremos salvar nuestra democracia, no nos queda más remedio que introducir los cambios pertinentes para blindar que puedan llegar al poder incompetentes, perturbados o tiranos que acaben con ella. Reitero, la democracia ha de servirse de los mecanismos necesarios para que no pueda llegar al poder gente que no esté preparada, sin ningún estudio, sin experiencia o con sus capacidades psicológicas o morales destrozadas, que permita que ante situaciones económicas, políticas o sociales difíciles, ante catástrofes humanas como la de Valencia, sean capaces de decir públicamente: “Si necesitan ayudan, que la pidan".