Me he enterado de que los chinos solteros también tienen su día de celebración. El 11 de noviembre lo reservan para poner el foco a muchos miles de jóvenes que no encuentran a su otra mitad. Es de justicia.
Encontrar mitades en China debe ser tarea muy complicada. Para cualquier cosa hay millones de personas y la demanda se antoja elevada. Mi amigo Jiangsu Bo, soltero de profesión, guía turístico en su país y coleccionista de mujeres hinchables, me cuenta que hace tiempo desistió de buscar a su otra mitad. —Es como encontrar gambas frescas de Huelva en medio del desierto del Gobi —me dice.
La moda de la soltería se ha ido extendiendo de tal manera que la festividad de este día se ha convertido en el propio rival del día de los enamorados. La suerte que tenemos los actuales humanos es que en la faz de la Tierra existe una celebración para no dejar nada ni a nadie indiferente. Es decir, hemos convertido este planeta en un mercado persa.
Fruto de todo esto, se incorporó al catálogo la Sologamia. Una variante del amor propio para cuantos eligen la soltería voluntaria. Es decir, moda consistente en casarse con uno mismo para afianzarse en la necesidad de estar solos y desterrar de la sociedad la deficitaria imagen que siempre acompañó a los eternos solteros, mal llamados ‘solterones’ y ‘solteronas’. Una manera de evitar que las personas pregunten si hemos encontrado a nuestra media naranja o por qué somos el único miembro de la familia que 'todavía no ha sentado cabeza'. Con esta tendencia, las personas prometen darse a sí mismas lo que a menudo buscan de otras.
Por suerte, la soltería ha dejado de ser una deshonra, es decir, uno o una se lo guisa y se lo come como mejor tenga a bien. Hace algún tiempo asistí a un coctel de variada concurrencia social. Algo cultural, pero con un toque de vanguardia. Recuerdo que uno de los allí presentes se hacía acompañar de su pareja y por esas cosas de amistades compartidas fuimos presentados. Él aprovechó para extender el protocolario saludo: —Aquí mi señora esposa hinchable —me dijo. A la que yo dediqué mis respetos con venerada inclinación de cabeza, tomando su mano, algo gelatinosa para mi gusto, sobre la cual deposité un suave ósculo.
—Qué mujer más sonriente y reservada —pensé. Este tipo de mujeres suelen ser voluptuosas, gozan de buen acabado y nunca se sueltan del brazo de su pareja, lo que indica una gran fidelidad, que no sumisión, porque la mujer hinchable se ha liberado de prejuicios. Por suerte para ellas, porque todavía vivimos en una sociedad bajo el yugo del machismo y de la siniestra costumbre de etiquetar al semejante con ciertas lindezas, por el simple hecho de estar obligados a vivir con otra gente. Personas que nos ven, que nos observan, que nos escuchan y que nos juzgan, haciendo de nosotros un juicio basado en lo que proyectamos.
La llamada del vacío existencial hoy inquieta a los solteros tanto como en aquellos tiempos pasados, más la suerte de estos momentos viene de la mano de hacer cada cual lo que en buena gana les parezca. De ahí quienes se casan consigo mismo, con su gato, con un pez o con un árbol de frondoso follaje (esto último sin doble interpretación por razones más que obvias). Lo cierto es que la especie humana en general paga un peaje de libertad mal arbitrada, unos más que otros, dependiendo del lugar habitacional que a cada cual le toca en suerte. Para muchos se nace, te hacen y te deshacen, según la ruleta de la fortuna.
Según parece, una agencia de viajes de Kioto, Japón, ofrece paquetes de bodas en solitario de dos días. Corto plazo se me antoja para quienes se casan, por ejemplo, con un mero, pues según los científicos marinos, se trata de una especie hermafrodita cuya madurez sexual se alcanza a los 5 años. Y eso no es todo, según mis fuentes: después de 10 o 12 años el mero cambia de sexo, pasando de hembra a macho. A partir de ese momento es una especie que adquiere mucha mala leche, tal vez por el cambio hormonal, y aconsejan no agarrarle por los opérculos, ya que están dentados y poseen mucha fuerza. De manera que guardar tálamo con tal semejante puede resultar tan emocionante como aterrador.
No me extraña que mi amigo Jiangsu Bo se haya liado con una hinchable. Al menos dormirá caliente y ríase la gente.
En fin, lo que hay que inventarse para no escribir de política, aunque el Gobierno ahora asegura en el BOE núm. 273 de fecha 12 de noviembre, pág. 143781, que la DANA sí es una «emergencia nacional».
Si es que luego dicen.