En una operación, de antes, el quirófano estaba demasiado frio para mi sensibilidad.
A mi amigo el cirujano Bernard Debré me atreví a recordarle como Descartes murió de frío en Estocolmo tres siglos y medio, antes de nuestras conversaciones.
-La profunda admiradora de René Descartes, la Reina Cristina de Suecia le envió a Amsterdam un navío bajo el mando de un almirante ... pero se olvidó de regalarle dos cosas mucho más importantes: una salamandra y una bufanda. Y el filósofo murió de frio.
Curiosamente ¿a partir de la charla con Bernard Debré? los demás quirófanos de aquí calientan ya el espacio del operado. ¿Como si encendieran a mi cadencia fogatas de ojaranzos ?
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*** arrabalescos:
«...a veces la risa en el Arca de Noé ¿fue lo sucio del hombre?»
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«...sus debilidades ¿ensombrecían la retina de Temis, la hija de Urano y Gea?»
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«...el espacio ¿es el imaginario hermenáutico del tiempo?»
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«... siempre es la alimaña más rara ¿la que caza el cetrero?»
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