Cultura

El Prado expone a los grandes nombres de la escultura policromada española

(Foto: Efe).

EXPOSICIÓN

E.I. | Lunes 18 de noviembre de 2024

El Museo del Prado acoge la exposición Darse la mano. Escultura y color en el Siglo de Oro, una exposición que reflexiona sobre el éxito de la escultura policromada barroca y su complementariedad con la pintura.

Lo hace mediante una espectacular escenografía que acoge casi un centenar de esculturas de grandes maestros como Gaspar Becerra, Alonso Berruguete, Gregorio Fernández, Damián Forment, Juan de Juni, Francisco Salzillo, Juan Martínez Montañés o Luisa Roldán.

Junto a ellas, pinturas y grabados que, como en un juego de espejos, las emulan o reproducen, y piezas clásicas que dan testimonio de la importancia del color en la escultura desde la Antigüedad.

Comisariada por Manuel Arias Martínez, Jefe de Departamento de Escultura del Museo Nacional del Prado, la exposición reivindica la importancia de la escultura policromada para una comprensión integral del arte español y presenta por primera vez al público cinco importantes obras recientemente adquiridas por el museo: Buen y Mal ladrón de Alonso Berruguete, San Juan Bautista de Juan de Mesa y José de Arimatea y Nicodemo, pertenecientes a un Descendimiento castellano bajomedieval.

Entre las piezas que pueden verse en el Prado figuran algunas de las más importantes de la colección del Museo Nacional de Escultura de Valladolid como el paso procesional "Sed tengo", de Gregorio Fernández, o del Museo de Bellas Artes de Sevilla, como el Santo Domingo de Guzmán, de Martinez Montañés.

Esta muestra reflexiona sobre el fenómeno y el éxito de la escultura policromada, que llenó iglesias y conventos en el siglo XVII y a que jugó un papel fundamental como apoyo en la predicación. La estrecha y perfecta colaboración entre escultores y pintores nos habla del elevado valor del color, que lejos de ser un mero acabado superficial de la pieza, era una parte esencial de ella sin la cual no se daba por concluida.

El color también contribuyó de manera decisiva a acentuar los valores dramáticos de estas creaciones, tanto las destinadas a los retablos como a los pasos procesionales. La gestualidad teatral, unida a la vistosidad de los ropajes, ya fueran esculpidos, de telas encoladas o de textiles reales, convirtieron estos conjuntos en unidades escénicas llenas de significados.

Finalmente, la exposición también aborda otros ejemplos de interrelación de las artes ligados a la escultura policromada, desde las estampas que ayudaron a difundir las devociones más populares, hasta los velos de Pasión que fingían retablos o las pinturas que, en un sugestivo ejercicio ilusionista, reproducían con fidelidad las imágenes escultóricas en sus altares.

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