Volodímir Zelenski no ha dejado pasar una semana. Nada más recibir la autorización del presidente Biden para utilizar misiles estadounidenses de largo alcance, ordenó que se dispararan contra instituciones en territorio ruso. Zelenski nunca pide negociadores para la paz, como han hecho el Papa Francisco y el presidente Lula da Silva. Sólo exige dinero y armas. Actor profesional que interpreta un papel protagonista ha planteado desde el primer momento la solución militar en el contencioso con Rusia. Seguramente tiene razón en el incalificable despropósito de Putin de invadir Ucrania. Pero el mundo quiere paz y, con concesiones de todos, de lo que se trata es de negociar esa paz.
Un general español ilustre, ya en la reserva, me decía ayer: “Putin se considera justificado para utilizar armas nucleares disuasorias. Y sería una grave ligereza descartar que vaya a hacerlo. Eso señalaría el comienzo de una eventual guerra nuclear”.
Mi interlocutor, por el que siempre he sentido respeto y admiración, fue más allá: “Putin considera que el ataque, no es sólo de Estados Unidos, sino de la OTAN. Y eso afecta gravemente a varios países europeos, entre ellos España. En Rota permanece una de las bases norteamericanas más importantes de Europa. La decisión de Zelenski de atacar a Rusia con misiles estadounidenses, es decir, de la OTAN, nos hace vulnerables. Seguramente no se desencadenará una guerra mundial. Pero el riesgo es mucho mayor hoy que hace 48 horas”.
Resulta necesario no caer en alarmismos estériles. Eso es propio de las plataformas de comunicación. El periodismo serio exige contrastar las noticias. Está claro, sin embargo, que hoy existe un riesgo, anunciado públicamente por Putin, que antes no existía. Y más vale que prestemos especial atención a la nueva situación en la guerra ucraniana.