Los Lunes de El Imparcial

Antonio Cazorla Sánchez: Los pueblos de Franco

Ensayo

Domingo 24 de noviembre de 2024

Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2024. 259 páginas. 21 €. Libro electrónico: 13,99 €.

Por Teresa Sánchez González



Antonio Cazorla en su obra Los pueblos de Franco. Mito e historia de la colonización agraria en España, 1939-1975 presenta una revisión interesante y sugestiva sobre el mito de la colonización, desarrollada por Franco, en la que se construyeron cerca de trescientos pueblos y barriadas, especialmente en Extremadura, Andalucía y Castilla la Mancha. Tras la idea de una reforma agraria moderna y avanzada, el autor muestra la otra cara de la realidad: cómo fueron estas colonizaciones, qué supusieron para los nuevos colonos y en qué condiciones tuvieron lugar.

La presente obra tiene un objetivo complejo y ambicioso que el autor resuelve de manera solvente: abordar el mito de la colonización despojada de la propaganda franquista, que la mostró como uno de los grandes avances del régimen, a la vez que busca enseñar la historia detrás de esta colonización y los altibajos que sufrieron sus protagonistas. En palabras del autor: “La colonización fue un ejercicio político relativamente costoso, parcial, muy limitado e injusto al servicio de la mayor gloria del dictador. Esto es, fue un proceso de creación de un mito con escasas consecuencias económicas y sociales, pero al mismo tiempo un valioso instrumento de propaganda para mostrar que en la Nueva España se estaba desarrollando un programa de justicia social” (pág. 20).

Uno de los aciertos que tiene este libro radica, sin lugar a duda, en el apoyo documental en el que se fundamenta y que demuestra la investigación profunda y exhaustiva, por parte del autor, en diferentes archivos nacionales. Del mismo modo, la investigación en hemerotecas, de las que rescata revistas de la época como Colonización o Vida Nueva, sirven para ejemplificar la propaganda con la que el régimen siempre quiso envolver las colonizaciones agrarias.

Así, con las historias de vida, muestra la realidad de los colonos que vivieron aquel programa de desarrollo. Aporta, así, el lado más humano y personal de una reforma agraria que, más allá de los resultados generales, acabó marcando la existencia de muchas personas que encontraron, o quisieron ver en ella, una opción de mejora. Las historias de los diferentes colonos se entremezclan con el relato del autor, dotándolo de mayor viveza y de un aspecto más humano y personal.

Rara vez la realidad es blanca o negra. Normalmente suele fundirse en una escala de grises, donde la contradicción, la complejidad y la multiplicidad de factores acaban conformando la idea que tenemos de un hecho, una situación o un momento histórico. Ese libro no está exento de esta contradicción. Es más, no la esconde y la pone de manifiesto. La historia y la memoria de los pueblos lo son también las de sus habitantes, llenos de ambages y ambigüedades. De aquellas colonias, los recuerdos son tan variados como habitantes tuvieron y caer en el reduccionismo dejaría fuera de la ecuación el esfuerzo, trabajo y dedicación que los hicieron prosperar y que los convirtieron en verdaderas comunidades.

Quitarles ese mérito o menospreciarlo sería de una enorme injusticia. Para Antonio Cazorla, “la colonización fue un símbolo y una metáfora de lo que el franquismo dijo ser -un régimen al servicio de los españoles- pero nunca fue (…) El franquismo quiso crear en ellos [en esos pueblos] comunidades dóciles y agradecidas, y en eso fracasó” (págs. 248-249).

En conclusión, Los pueblos de Franco es una buena opción para redescubrir, de una manera seria y profunda, una realidad reciente en la historia de España. Una aportación rigurosa que permite desterrar el mito y, como dijo Tucídides, conocer “la historia que es ese incesante volver a empezar”.

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