Los Lunes de El Imparcial

Laurent Mauvignier: Historias de la noche

Novela

Domingo 24 de noviembre de 2024

Traducción de Javier Albiñana Serraín. Anagrama. Barcelona, 2024. 464 páginas. 23,90 €. Libro electrónico: 12,99 €. El escritor galo entremezcla un “thriller”, con crimen incluido, con un retrato sociológico de la Francia profunda, donde nació el movimiento de los llamados chalecos amarillos

Por Federico Aguilar



Estamos en La Bassée, una población al norte de Francia. Entre sus habitantes se encuentran Christiane, una pintora mayor que vive sola con la única compañía de su perro, y una familia de agricultores, formada por Patrice, su esposa Marion y su hija Ida. La pareja tiene numerosos problemas y no puede decirse que sea precisamente feliz, y su hija pasa mucho tiempo con Christiane, estableciéndose una gran complicidad entre ellas.

La situación en La Bassée y en la vida de sus vecinos cambiará el día del cumpleaños de Marion. Su marido, Patrice, tiene la intención de organizarle una divertida fiesta. Pero, lejos de ser así, se producirá un hecho inesperado y no precisamente para bien. Aparecen por sorpresa tres hombres, que son hermanos, en un coche. Van con la estratagema de que están interesados en comprar una casa vacía, que está en venta. Sin embargo, esa no es su verdadera intención. En realidad, buscan a Marion, con una historia de un pasado que creía haber dejado atrás. ¿Qué persiguen y por qué?

Laurent Mauvignier (Tours, 1967) se dio a conocer en 1999 con Loin d'eux (Lejos de ellos, publicada en nuestro país por Cabaret Voltaire en 2014), que obtuvo una excelente recepción por parte de crítica y público, confirmada por sus siguientes títulos hasta llegar a esta Historias de la noche, una hipnótica novela en la que se entremezcla la violencia y el crimen de un thriller rural con una panorámica sociológica de la Francia profunda, un retrato de personajes de las clases más desfavorecidas, en las que nació el propio Mauvignier, y del movimiento de los llamados chalecos amarillos. Pero tiene el acierto de intentar comprender su descontento, pero en absoluto idealizar ni justificar cuando caen en la ira y la violencia.

El estilo del autor francés, presidido por frases largas, intercalaciones y oraciones subordinadas en un torrente verbal que se acopla perfectamente a la creciente, bien dosificada, ansiedad que produce la intriga, que desemboca en un final espectacular. Así es el arranque de Historias de la noche: “Ella lo mira por la ventana y lo que ve en el aparcamiento, pese a la reverberación del sol que la deslumbra y le impide verlo como le gustaría... él, de pie, arrimado a ese viejo Kangoo que va siendo hora de que se decida a cambiar algún día –como si observarlo le permitiera adivinar qué está pensando, cuando tal vez él solo aguarda a que ella salga de la gendarmería adonde la ha acompañado sabe Dios cuántas veces, dos o tres en quince días, no lleva ya la cuenta–, lo que ve, pues, como está un poco más arriba con respecto al parking, levemente inclinado después del bosquecillo, de pie junto a las sillas de la sala de espera, entre una planta raquítica y un pilar de hormigón pintado de amarillo donde podría leer requerimientos a testigos si se le ocurriera mirarlo, es –al hallarse ligeramente a mayor altura, por lo que la sala se le antoja deformada, un poco más pequeña de lo que es en realidad– la silueta compacta, pero grande, recia, de ese hombre al que piensa ahora que lleva demasiado tiempo tratando como si todavía fuera un niño –no un hijo, en la vida ha deseado tener uno–, sino como uno de esos chiquillos de los que te ocupas ocasionalmente, un ahijado o un sobrino de cuyo encanto puedes disfrutar egoístamente, aprovechando su infancia sin tener que cargar con los quebraderos de cabeza que esta conlleva, que genera su educación como otros tantos daños colaterales inevitables”.

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