Cultura

Domínguez Rey: "Es probable que haya una bifurcación entre arte humano y artificial"

Antonio Domínguez Rey.

ENTREVISTA

Eduardo Villamil | Lunes 25 de noviembre de 2024

Antonio Domínguez Rey, nacido en Rianxo (La Coruña) en 1945, es un destacado poeta, ensayista, filólogo y crítico literario español cuya vida ha estado profundamente ligada a las humanidades y la creación literaria. Con una formación académica que incluye estudios en Filosofía y Letras y un doctorado en Lingüística Hispánica y Filosofía, ha desarrollado una carrera que abarca tanto la investigación literaria como la escritura creativa.

Como investigador, Domínguez Rey ha realizado valiosas contribuciones al estudio del hecho literario, con obras como Antonio Machado (1978) y Antología de la poesía medieval española (1982), que lo han consolidado como una autoridad en su especialidad. Su rigor académico y su capacidad para explorar la profundidad del lenguaje han sido reconocidos y admirados ampliamente.

En el ámbito poético, Domínguez Rey ha brillado tanto en castellano como en gallego, logrando una obra bilingüe de gran riqueza expresiva. En gallego, destacan títulos como Lúa loura (1984), Fendas (1991), Eidos da mirada (1994) y O segredo do monte (2005). En castellano, ha publicado poemarios, como Garlopa Marina y Gremor, ambos de 1974, La Voz y su Vacío (1980) y Como rostro que surge (1999). Su poesía, caracterizada por una sensibilidad introspectiva y un dominio exquisito del lenguaje, ha sido reconocida con galardones como el prestigioso "Jorge Manrique" en 1982.

Con motivo de la publicación de su último libro, La voz alofónica, en la editorial de la UNED, donde ejerce como catedrático, El Imparcial habla con este filósofo del lenguaje que sigue poniéndose cada día frente al folio para escribir poesía.

¿Qué es la voz alofónica del lenguaje?

Es la fusión integradora del hombre en el mundo que está en los tres factores del pensar, del decir y del ser. De ahí que nosotros nos demos cuenta, una vez que pensamos a posteriori. La energía del lenguaje es como una continuación de la naturaleza dentro del hombre y viceversa. Eso lo vio muy bien un lingüista y filósofo español apenas citado, Amor Ruibal, que fue el primero en darse cuenta de que el lenguaje tenía un factor atómico dentro de sí. La voz alofónica es el sonido de la naturaleza dentro de nosotros, articulándolo.

Uno de los mayores enigmas científicos es el origen del lenguaje. Existen muchas teorías, pero seguimos sin saber cómo, cuándo dónde y por qué se produjo. ¿Cree que alguna vez seremos capaces de determinarlo?

La búsqueda del origen del lenguaje está inmersa en la sistematización de la teoría evolutiva, pero también hay una evolución racional. Hay varias teorías, pero no hay registros. Sin embargo, lo que verificamos continuamente al hablar es la fundamentación del lenguaje, pero no somos conscientes de ello si no pensamos en el fenómeno, como hace la lingüística. Podemos considerar que el lenguaje es onda sonora articulada en expansión. Cuando articulamos alofónicamente estamos articulando el mundo de acuerdo a lo que somos por el hecho de estar donde estamos, que cambia en función de cada periodo histórico. No solo es qué decimos, sino cómo lo decimos.

¿Podría darnos un ejemplo práctico de cómo la potencia poética del lenguaje se manifiesta en la literatura o la vida cotidiana?

El ejemplo más claro es la metáfora. Estamos hablando con metáforas continuamente. La palabra no es un objeto que esté en la realidad como un árbol, una planta o un conejo. Se trata de un elemento nuevo que producimos a través de la fusión cerebro-mundo y que aparece como novedad en el mundo mismo, es decir, en nuestras relaciones. Estamos en una ósmosis continua y la palabra es como una nave que lleva un contenido y va de puerto en puerto. Pero esa fusión del contenido con el propio casco del barco es ya un objeto nuevo y, al mismo tiempo natural, en sí mismo, como dice Chomsky.

¿De qué manera la inteligencia artificial y la computación lingüística están transformando los estudios del lenguaje y el pensamiento?

Hemos perdido el sentido originario de las cosas y estamos llegando a una suplantación mediante mecanismos algorítmicos de la realidad que podrán llevar no solo a la desviación de lo humano sino a una anulación que, a su vez, podría desembocar en una dictadura tecnocrática. El que acierte con la gran máquina descubrirá los secretos para dominar el mundo.

¿Hablamos cada vez peor?

Hay un reduccionismo, en algunos consciente, pero en la mayoría inconsciente, que nos lleva a un uso muy libre del lenguaje. El lenguaje siempre tiene una razón económica (queremos decir lo máximo con el menor número de elementos). Pero cuando eso no atiende a una función lingüística (como potencia genética del ser, el pensar y del decir), se invierte y se reduce. Se está produciendo una reducción expresiva, la cual lleva asociada una reducción mental, de capacidad y de potencia.

Resulta paradójico que esto suceda en la época en la que más acceso al conocimiento tenemos…

Es una paradoja, sí, e incluso una contradicción. Aristóteles hablaba de 'enargeia', que era el brillo de la plata, para referirse al concepto como evidencia de las cosas. La palabra es precisamente el desarrollo de esa concepción. Todo lo que no sea ver por dentro la potencia del lenguaje nos lleva a un fenómeno contrario y reductivo de nuestras potencias intelectuales; y eso se está viendo con los móviles, la rapidez del 'clic' o de las comunicaciones.

¿Es este proceso, digamos involutivo, espontáneo, o existe una voluntad, digamos política, para que seamos más tontos?

Creo que todavía no existe ese monstruo. Si no se desarrollan las facultades intelectuales esa energía se vuelve contra el hombre mismo y entonces se pasa de la especie racional al género puramente animal. Y eso es un gran problema. Ese cortocircuito hace que nos dejemos arrastrar por las pasiones mismas sin control, el derecho absoluto de poder, el dominio sobre los demás… Estamos saliéndonos de la órbita de la cultura y el conocimiento desde la misma escuela. A ello hay que añadir los factores psicológicos. Alguien me decía hace poco que un 30% de la juventud ya padece problemas mentales. Si consideramos el lenguaje como un termómetro social, nos damos cuenta de inmediato de esta preocupante situación.

¿A qué cree que obedece esta especie de epidemia de enfermedades mentales?

Además de lo anterior, creo que también tiene bastante que ver lo que los teólogos llaman la ‘ausencia de Dios’. Si se produce esa involución de potencias intelectuales, no podemos ver lo que es la raíz creadora, ni, por tanto el despliegue mismo de nuestra conducta en el medio en que nos encontramos a través de la educación.

Los gobernantes siempre han utilizado el lenguaje para adoctrinar, manipular y controlar a los ciudadanos. Sin embargo, en los últimos tiempos esta dinámica parece haberse acentuado llegando a niveles casi orwellianos, con una suerte de 'neolengua', con palabras como como ‘dana’, que presentan fenómenos profusamente documentados como nuevos…

El lenguaje se puede manipular desde el lenguaje mismo. Tenemos ejemplos tanto de la Alemania nazi como de la Revolución rusa. A través del cambio de léxico que da nombre a las cosas y de las relaciones entre las palabras, con las imágenes que llevan asociadas, se trata de crear una modificación de la naturaleza. Términos como ‘dana’ son denominaciones frásticas que tratan de explicar la realidad, pero en realidad (valga la redundancia) la están ocultando. Existe una necesidad operativa de servirse del lenguaje con unos determinados fines, bien sea para disimular o para desviar la atención.

Otro fenómeno curioso, en este caso discursivo, con idénticos protagonistas, es el de la negación de la realidad, la ‘luz de gas’. Los políticos nunca se han llevado bien con la verdad, pero en la actualidad vemos constantemente cómo se contradicen a sí mismos con horas de diferencia y aun así pretenden hacernos creer que son honestos y somos nosotros los malvados por cuestionar sus evidentes mentiras… Y lo peor es que a la mayor parte de los ciudadanos no parece importarles lo más mínimo…

La palabra se produce siempre en un campo de acción, es decir, en interrelación con otras que funcionan en ausencia. Esa palabra en un campo de acción admite correlaciones que se pueden también manipular según convenga. Si no funciona la relación crítica que va en el germen mismo poiético del lenguaje, no tenemos defensas para reaccionar frente a lo que se nos dice. Y el político, aunque no sólo, juega muchísimo con ese campo implícito de relaciones que, en un momento determinado, se puede traer a presencia.

Por otro lado, la praxis en su vertiente neomarxista, llevada al campo político actual, se fundamenta sólo en una relación social, que es cambiante. Esa praxis, al no tener un contenido fijo, al cambiar de día o situación adquiere otro significado. Y claro, eso nos lleva a un escepticismo y a una incertidumbre total, y a lo que se ha denominado como posverdad. Aquella verdad de ayer, desde hoy ya no parece tal. Este campo de acción neomarxista, sin Marx, a mi modo de ver, va en contra del humanismo que Marx intuía al prescindir de ciertas bases que estaban en la Fenomenología del espíritu de Hegel. Si no se conoce esto, estamos perdidos y podemos llegar a cualquier cosa porque no hay asentamientos intelectuales básicos, profundos y serios.

¿Cómo refleja el lenguaje poético los cambios sociales?

En los años 60 publique un libro analizando el lenguaje de bastantes poetas, se veía muy bien qué había debajo de la sociedad misma. El lenguaje es una relación social (yo, tú, él...), que registra los cambios y las preocupaciones de las sociedades. Jung, por ejemplo, contaba que él predijo que habría una guerra en Europa a través de las sesiones con sus pacientes. Si la cultura brilla, la sociedad siempre irá bien encauzada, si hay factores que amenazan esas facultades de libertad, esa sociedad estará enferma y el lenguaje lo registrará. El lenguaje es un termómetro social extraordinario.

¿Qué opina de la poesía actual?

Es difícil escoger. Hay una gran abundancia, se escribe más poesía que nunca. Es curioso que poetas con cierto eco desconozcan completamente el movimiento del 50. Desde el punto de vista del canon se mantienen pocas cosas, pero en general es un entorno positivo porque se ve la necesidad expresiva de la gente. Seguimos teniendo el impulso de encontrar un receptor de conciencia, a alguien que nos escuche. No es una relación narcisista clásica, es algo más profundo. El gran poeta tiene todavía esa gran dimensión a través de la que habla la realidad.

Ha escrito en gallego y en español, ¿Qué diferencia ve entre ambas lenguas?

Sí. Trabajo en los dos campos, en las fuentes manantiales, que decía Valente. Estamos todavía en una comunidad semántica grecolatina, aunque parezca que no queramos saberlo. No alimentar ese patrimonio me parece otro déficit democrático y cultural enorme. Es una pena ver cómo en Alemania aún se estudia latín y griego en las escuelas, o como Oxford es uno de los centros mundiales grecolatinos más importantes… Esas sociedades poseen una raíz muy arraigada porque las columnas de la cultura occidental están ahí y tenemos que mantenerlas. En algún momento deberíamos despertar y preguntarnos por qué están tirando nuestros muebles y alimentos por la ventana.

¿Por qué es tan importante la lectura para el poeta?

La relación intersubjetiva, a veces centenaria o milenaria con otros autores, despierta el germen propio. Hay un hilo singular en el que el escritor es él mismo y al mismo tiempo, los otros. Yo los llamo ‘estados de lengua’ que se producen dentro de uno. El poeta no sabe cuál va a ser la palabra siguiente y, sin embargo, vienen las palabras… Y tampoco sabe cuándo va a terminar el poema...

¿Qué es un buen poema?

Un buen poema es aquel que, en un principio, nos invita a releerlo; a través del que hallamos algo nuestro, siendo de los demás.

¿Cómo debería posicionarse la poesía en un mundo cada vez más visual y tecnológico?

La imagen plástica estanca al individuo como un ‘ordeno y mando’. Si no hay un tratamiento crítico (hasta estético) de la imagen, esa imagen se vuelve contraria a la razón humana porque imposibilita la capacidad crítica de respuesta. La acumulación de imágenes es todavía peor porque con su sintaxis interna crea una opacidad y, como corderitos, vamos tras ella porque nos vemos llamados por ese brillo tan intenso, como saben muy bien los publicistas.

¿Ponen en riesgo la creatividad humana los nuevos modelos de lenguaje, como ChatGPT?

Es un gran reto. Hay poesía, digamos, maquinada y alguna vez parece que algún verso o sintagma puede tener sentido, pero se nota en seguida que no es poesía real. También ha nacido una nueva dimensión maquinada del arte pictórico... Pero dudo que la máquina consiga sustituir el pulso del pincel o el aliento y el ánimo en el habla del poeta. Ahora, sucedáneos, suplantaciones o simulaciones, sí. Es probable que haya una bifurcación entre el arte humano y el arte artificial.

¿Qué consejo daría a los jóvenes (y no tan jóvenes) poetas que buscan encontrar su voz en un panorama literario tan diverso?

Que no dejen de escribir. Que la fase de confesionalidad de la juventud no se detenga con el paso de los años. Que escuchen el hilo de la voz propia a través del lenguaje. Cuando un gran poeta acierta siempre es testimonio de la sociedad de su tiempo. Y también que no dejen de leer a los grandes poetas y a los críticos de poesía.

Un poeta para no dejar de leer…

Es difícil. Rilke y Hölderlin son fundamentales para mí, pero también Machado… Depende de momentos o de estados de conciencia.

Y un poema suyo…

Eso tienen que hacerlo los demás. Evidentemente tengo mi opinión, pero son los otros los que deben decir, si es que hay algo que deba decirse a propósito de mi escritura poética.

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