Bonaparte se inspiró en Julio César para establecer de forma invariable su eficaz política del “divide y vencerás”, lo que le permitió durante largos años dominar la vida política y la Corte en París. Se trata de una de las fórmulas que no suelen fallar en la acción para destruir al enemigo. A Pedro Sánchez no es necesario que Núñez Feijóo le aplique el divide y vencerás porque desde el primer momento la alianza con la que se encaramó a la Moncloa camina por la cuerda floja de la división. El primer golpe fue el de Podemos, escindido de Sumar, ante la clamorosa traición con que Yolanda Díaz Iscariote trató de ensombrecer al hombre al que debía todo: Pablo Iglesias.
El asunto de Lobato tiene sin embargo características que lo hacen especialmente peligroso para Pedro Sánchez. El líder madrileño se dio cuenta de que Moncloa pretendía utilizarlo como chivo expiatorio si la filtración fiscal sobre la pareja de Isabel Díaz Ayuso se investigaba. Y ha sembrado la división en el PSOE sanchista con repercusiones que se agravan por momentos, sobre todo ante el anunciado Congreso del partido a celebrar el próximo fin de semana en Sevilla.
No sé si Juan Lobato dispondrá de energía para defenderse de lo que se le viene encima. Pedro Sánchez acosado por los flancos, chantajeado sin piedad por sus aliados, tanto a la izquierda como a la derecha, necesita de forma inexcusable el apoyo de un PSOE unido y sin fisuras. La vieja guardia capitaneada por Felipe González ha adoptado una posición abiertamente hostil. Solo falta que los jóvenes socialistas, alentados por el ejemplo de Juan Lobato se sumen a ese “divide y vencerás” con el que se frota las manos Alberto Núñez Feijóo. Arden las estancias de Ferraz y de Moncloa y nadie está seguro de lo que puede pasar, aunque la apuesta general es que Pedro Sánchez saldrá airoso de los órdagos que le acosan.