Opinión

Hacer de cañas, lanzas

TRIBUNA

Fernando Maura | Martes 26 de noviembre de 2024

Preside la política española de nuestros tiempos un desarrollo de los acontecimientos que se podría definir como la sustitución por desplazamiento de unos sucesos por otros. Aún no repuestos de la gota fría en Levante -en especial, los que la han experimentado y padecido-, las declaraciones ante el juez de Víctor Aldama han desplazado la atención general a un juzgado de la Audiencia Nacional. Los aludidos por el comisionista han reaccionado descalificándole y anunciando acciones judiciales en su contra, pero el solo hecho de la inmediata puesta en libertad provisional del declarante parece confirmar una cierta verosimilitud de sus afirmaciones.

Todavía es pronto para conocer el impacto que este testimonio podrá suponer al gobierno, aunque la rocambolesca negociación del llamado paquete fiscal parece determinar -por si no resultaba evidente- que los socios del presidente prefieren al gobierno más débil y susceptible de aceptar las condiciones que le impongan que cualquier otro que se encuentre en la perspectiva más o menos inmediata. Esto es, que la maquinaria jurisdiccional avanzará con la lentitud garantista acostumbrada y Sánchez permanecerá resistiendo en La Moncloa los embates que contra sus más cercanos colaboradores, su mujer y él mismo se le dirijan.

No hay “photo finish” en los asuntos públicos españoles (en realidad en la vida sólo acaban las historias en las películas y en los cuentos). Y la política es eso, la sustitución, por mor de la actualidad de unos fenómenos por otros. Se ha transformado, en los tiempos que ahora corren, en una especie de reality show que se alimenta a sí mismo, y que nos tiene como público espectador a unos ciudadanos aburridos, cuando no indignados, al observar este movimiento de la bicicleta en la que lo único que se advierte es la inoperancia de unos y otros en tanto que los problemas que nos afectan a todos siguen siempre descansando el sueño de los justos.

Concluirá en los días siguientes al que se escriben estas líneas el episodio que las confesiones de Aldama han abandonado en apariencia al olvido, el de la pieza política que el PP pretendía cobrarse en la persona de Teresa Ribera como vicepresidenta de la futura Comisión Europea, un trofeo que el partido presidido por Feijóo no parece capaz de obtener en su aún desnutrida vitrina de éxitos. Lo de Ribera en Europa ha sido poco más que una performance que han intentado los populares españoles y que ha sido alimentada -aunque menos de lo necesario para hacerla caer- por la inquina que el presidente del grupo EPP, Manfred Weber, siente -no sé si a partes iguales- por Pedro Sánchez y por la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen. Era sin duda caza mayor la descomposición de la trabajada Comisión Europea para cazador tan amateur como lo ha demostrado, una vez más, el gallego que preside a los populares españoles. O eso, o es que ha elegido mal el escenario de su confrontación y el jueves 28 de noviembre deberá ampararse Feijóo en el amargo argumento por el que a esa Comisión le habrá faltado el apoyo de parlamentarios europeos que, si bien no son pocos, se sientan en los escaños de la marginalidad de la cámara de Estrasburgo.

Pero sí hay algo que podría aprovechar el PP de esta malograda partida de caza. Y consiste en que, a través del voto conjunto a toda la Comisión, ha conseguido que los socialistas españoles voten a los candidatos presentados por la señora Meloni y el señor Orban, vituperados ambos de manera recalcitrante por Sánchez y sus gentes.

Toda vez que el presidente del gobierno ha tenido la rara habilidad -que mantiene- de clarear las estelas de extremas izquierdas, independentistas y aún de los herederos del terrorismo, consigue ahora blanquear al populismo de extrema derecha en dos de sus enemigos declarados: los gobiernos de Hungría e Italia.

Y la pregunta inevitable que me surge es, ¿no podría Feijóo aprovechar esa oportunidad para quitarse de encima el sambenito según el cual él ha gobernado y aún gobierna con la extrema derecha española?

Haría de cañas lanzas el Partido Popular si aceptara el resultado de este desigual combate como una victoria de la única alternativa hoy por hoy posible al gobierno de coalición del PSOE con la extrema izquierda y de sus singulares socios parlamentarios, normalizaría a Vox como un posible socio -¿o partido de gobierno?- y podría plantearse una estrategia coordinada en su acción en el Congreso de los Diputados -ya se sabe, los bomberos no se pisan la manguera entre sí.

No se trata, sin lugar a dudas, de la mejor de las fórmulas -al menos en mi opinión-, pero no sería mala idea si se pretende sintonizar en alguna medida con los vientos que muy pronto van a soplar del otro lado del océano.

Una vez definido el marco de actuación a seguir con su derecha -lo que no es sino el elefante en su propia habitación-, el PP podría dar comienzo a una tarea que entiendo imprescindible, decirnos a los españoles qué pretende hacer a cambio de nuestro voto, más allá de deshacer lo que ha malhecho Sánchez. Esto es, un programa de gobierno y no una acumulación de acusaciones.

Claro que, a lo que parece, las cañas seguirán siendo cañas, las lanzas las arrojarán los otros, y lo que pidamos, por más razonable que sea, seguirá constituyendo un desiderátum. Nada más.