Incluso los militantes socialistas deberían reconocer, si no quieren perder la objetividad, la calidad de Alberto Núñez Feijóo en su dialéctica parlamentaria. Pedro Sánchez domina habitualmente la voz en el Congreso de los Diputados, pero en el pleno recién celebrado resultó claramente vencido por un Feijóo sereno, moderado, firme y consecuente.
Está claro que la impresionante gota fría descargada en Valencia desbordó a las administraciones nacional, autonómica y municipal. Los errores fueron múltiples, la desorganización manifiesta, el desconcierto generalizado. A muchos observadores objetivos les parece claro que, ante la magnitud de la catástrofe, Pedro Sánchez debió decretar el estado de emergencia, movilizar al Ejército y asumir el mando de una operación que afectaba a tres comunidades autónomas, carentes de medios para enfrentarse con la tragedia.
Alberto Núñez Feijóo, sin negar los posibles errores cometidos por la administración autonómica valenciana, subrayó con energía y con grave acento de verdad, la descomunal equivocación de Pedro Sánchez al no decretar el estado de emergencia, así como la ignominia que supone intentar aprovechar políticamente la dana, incluso dando a entender que la ayuda económica a Valencia supondría para el Partido Popular el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado.
De lo que se trata ahora es de agilizar la reconstrucción, por encima de las responsabilidades políticas. Una vez resuelto, o al menos encarrilado, el agobio de las víctimas, llegará el momento del análisis político, los reproches de ida y vuelta y la demostración, una vez más, de la escasa calidad de la clase política española, una parte de la cual se debate entre la mediocridad y la incompetencia.
Bien, en fin, por Alberto Núñez Feijóo en su intervención ante el Congreso de los Diputados, contestando con moderación y firmeza a un Pedro Sánchez cariacontecido y desbordado por los acosos judiciales que le zarandean.