Opinión

Así cantaban los polacos

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 01 de diciembre de 2024

Las crónicas cuentan que los caballeros polacos cantaban antes de entrar en batalla. No era extraño que los soldados invocasen a Dios antes de enzarzarse con el enemigo a lanzadas o mandobles. Los templarios cantaban el Salmo 2 y los caballeros teutónicos se arrancaban con «Christ ist erstanden», «Cristo ha resucitado».

Jan Długosz (1415-1480), sacerdote, diplomático, soldado, secretario del obispo de Cracovia, cuenta que entonaron el célebre himno mariano «Bogudoricza», que significa «Madre de Dios», antes de trabar combate con los teutónicos en la batalla de Grunwald. La oración de los polacos debió de ser atendida porque aquel 15 de julio de 1410 los ejércitos del Reino de Polonia y el Gran Ducado de Lituania infligieron a la orden teutónica una durísima derrota. Mataron o capturaron a casi todos los caballeros de la orden y el propio gran maestre, Ulrich von Jungingen (1360-1410), cayó luchando con el noble polaco Mszczuj of Skrzynno, que le tomó como botín la capa de gran maestre y un relicario. Los teutónicos nunca recuperaron su pasada grandeza después de este desastre. Polonia, en cambio, inició el periodo de hegemonía desde el Báltico hasta el Mar Negro.

Generalmente se trataba de canto llano y a capela. Similares al canto gregoriano, joya de la música de Europa, aquellos himnos retomaban el testigo de las prácticas guerreras de la antigüedad. Jenofonte describe en la «Anábasis» el canto del peán y los ritos mágicos y adivinatorios para saber si el combate sería propicio. Superada la magia por la revelación de Dios en Cristo Jesús -verdadero Dios y verdadero hombre, muerto y resucitado- los soldados del Occidente medieval invocaban Su nombre y el de la Santísima Virgen María antes de cerrar con el enemigo. No en vano se habla de Jehová Sabaot, el Señor de los Ejércitos.

En estos días, el Dr. Paweł Figurski, de la Academia Polaca de las Ciencias, ha encontrado en Berlín el manuscrito más antiguo del himno «Gaude Mater Polonia», compuesto entre los siglos XIII y XIV en honor de San Estanislao de Szczepanów (1030-1079), obispo de Cracovia, martirizado por el rey Boleslao II el Temerario y santo patrono de Polonia. Este himno se cantaba después de las victorias, que a lo largo de los siglos dorados del Reino de Polonia fueron muchas. Siempre es bueno recordar que los polacos han salvado varias veces a Europa: por ejemplo, en 1683 a las puertas de Viena y en 1920 en la batalla de Varsovia, el famoso Milagro del Vístula. Yo no sé si en estas últimas dos victorias se cantó «Gaude Mater Polonia», pero si no se hizo deberíamos hacerlo nosotros cada año para no perder la memoria.

El manuscrito, que ha encontrado el Dr. Figurski en la Biblioteca Estatal de Berlín, contiene sellos del seminario de Płock, en Polonia central. Capital de reino entre 1079 y 1138. Sus instituciones custodiaban numerosos manuscritos medievales. Al igual que el resto de ciudades polacas, sufrió matanzas y saqueos durante la ocupación alemana (1939-1945). El seminario lo convirtieron en un cuartel de las SS. No sería extraño, pues, que el manuscrito hubiera acabado en Alemania como consecuencia de un robo o un expolio. En 1941 los ocupantes se apoderaron de los fondos de la biblioteca del seminario y los enviaron a Königsberg -la actual Kaliningrado, parte de la Federación de Rusia- antes de que terminasen descabalados por distintas ciudades. El gobierno polaco ya ha anunciado que, si se confirma que el libro es fruto del saqueo, reclamará su restitución. Existen conversaciones generales entre las autoridades polacas y alemanas en relación con los bienes expoliados durante la ocupación y los fondos del seminario de Płock están incluidos de modo que ya habría un mecanismo a través del cual resolver la hipotética devolución.

Mientras tanto, hay que celebrar el hallazgo. Los nazis no sólo trataron de destruir al pueblo polaco, sino que intentaron borrar la memoria misma de su nación. La voladura del Palacio Real en Varsovia y el expolio del Palacio en la Isla en el Parque Real Łazienki son sólo dos ejemplos de lo que intentaron hacer en todo el país. La «Intelligenzaktion» supuso el asesinato de más de 100 000 intelectuales de todos los campos de conocimiento. El hallazgo de este manuscrito, pues, no sólo testimonia el papel de la fe católica en la historia de Polonia, sino también una nueva victoria sobre quienes quisieron su muerte.

Hoy esta columna se une a ese canto.