Opinión

Poderosas víctimas

TRIBUNA

Fernando Muñoz | Martes 03 de diciembre de 2024

El PSOE ha alcanzado tal grado de impudicia que parece flotar en un légamo pastoso cuyo nombre exacto evitaremos y lo llamaremos fango. Allí está el Sr. Cerdán victimizándose y señalando a los jueces, a la prensa y al mundo todo que ha desatado, al parecer, una “cacería humana” contra el pobre y desvalido, contra el desamparado poder ejecutivo. No me dirán que no hace falta un rostro de hormigón armado: el rey Sol doliéndose de la sombra que le hace el servicio. El PSOE es ya lo que siempre ha sido: no un partido, sino el Movimiento. Imparable, glorioso, eterno.

Esa práctica de victimización es común entre los poderosos del presente. Minorías de todo pelaje se presentan como víctimas, acaso sea éste el modo en que el PSOE reconoce indirectamente que constituye la minoría que, en efecto, puso de manifiesto el último armatoste electoral. Por otra parte, si el armatoste no sirve para proclamar al caudillo habrá que transformarlo o liquidarlo.

Lo cierto es que tampoco me entusiasma la oposición vanguardista y ultramoderna que promete prolongar los años dorados de europeísmo y crecimiento, de igualdad indiscriminada y diversidad sin criterio. Se ve que ahora les toca a ellos el turno establecido. Los demás pretenden situarse en la imposible periferia de ese círculo de radio infinito que constituye el centro político. Son absorbidos irremisiblemente por el área interminable del progreso tecno-económico, que es lo único que ofrecía Europa y que ya no es suficiente.

Ese círculo que todo lo abraza es la visión del mundo del presente a cuyo calor se acomodan todos. Algunos amenazan, sin duda, con escapar de las coordenadas de esa Europa de la postguerra fría que dura casi cuarenta años. Son ladridos a la luna, gritos de impotencia. De verdadera impotencia: por eso aparecen como villanos poderosos, fascistas que sirven de coco y espantajo a la estupenda progresía del centro infinito. En el centro del inmenso centro se encuentra el PSOE asombroso, y en el centro del PSOE el Sánchez eterno, el gran caudillo, el puto amo, si nos permiten el atributo que utilizan los más próximos. Con su inconfundible estilo y su neolengua que habla de su pichona o de la gran inventada, no es ya un estilo popular, porque no hay pueblo al que asimilarse, sino vulgar signo del populacho que ha gestado en el seno de la finca patria.

Es innecesaria cualquier máscara: el amo se cisca en la madre de quien haga falta y no pasa nada. Hemos de agradecer su fortaleza de víctima inerme, capaz de resistir esas fuerzas vigentes durante milenios: la verdad o la justicia. Si la justicia no coincide con la voluntad de la víctima autoproclamada será que sirve únicamente de estandarte del fascismo. El amo dicta la verdad y decide la forma indiscutible de la realidad. Agradezcamos a Pepe y a Manolo todo lo que han hecho por el Movimiento, alabados sean los que han trabajado por cualquier medio para ampliar de cualquier modo el campo de nuestra santa voluntad. Nada hay en el espacio político, sin centro ni periferia, que no sirva a la mayor gloria del adalid del garbo y de la gracia, del colosal soberano de su voluntad que es la nuestra. La oposición adiestrada en la atmósfera política pronuncia sus melancólicos denuestos, hace su declaración de agravios y ocupa cómodamente su plaza. Esperan gobernar mañana sobre las cenizas del fénix socialista, pero es posible que pierdan el turno. Es un pájaro que ha criado infinitos huevos en el nido purulento de la cansada sociedad española y alimenta a sus crías con lo que va quedando de la mermada sustancia del mundo.

Es de ver cómo se ha celebrado el gran acontecimiento, la exaltación del unánime nosotros, la proclamación sevillana de los que son el Bien frente a las oscuras fuerzas del mal que se envuelven con las viejas palabras tradicionales, patriarcales, autoritarias. Ni Bien, ni Belleza, ni Verdad. No hay justicia fuera del PSOE porque nada hay más allá del infinito Movimiento.