Estuvo redactado el artículo para la Constitución de 1978. Decía así: “Ningún partido político, ninguna central sindical, podrán gastar un céntimo más de lo que ingresen por las cuotas de sus afiliados”. Adolfo Suárez se estremeció con este texto y ordenó que no se tramitara. El resultado era previsible a medio y largo plazo. Los partidos políticos se han convertido en agencias de colocación y lo que en ellos predomina, salvo excepciones, es el interés partidista sobre el interés general. La crecida de funcionarios, de asesores de altos cargos y de innecesarias empresas públicas se debe en gran parte al borrado de aquel artículo clave para garantizar el desarrollo de la democracia pluralista plena.
Las centrales sindicales se zafaron durante algún tiempo de los abusos de los partidos políticos. Poco a poco, los grandiosos edificios ocupados, la crecida de empleados, la fragilidad de los objetivos sustanciales, han convertido a la mayor parte de las centrales sindicales, con las debidas excepciones, en gigantescas empresas que, además de atender a los intereses de trabajadoras y trabajadores, deben ocuparse de los intereses propios y de los gastos abrumadores que sobre semejantes instalaciones recaen de forma implacable.
En su afán de comprar votos por un lado y asistencias por el otro, Pedro Sánchez ha ordenado atención especial en favor de las grandes centrales sindicales. Yolanda Díaz Iscariote, la dirigente que traicionó a Pablo Iglesias al que le debe todo, se frotó las manos y ha puesto en marcha la operación que duplicará la subvención vigente a los sindicatos. En el próximo año 2025 esa subvención escalará los 32 millones de euros que pagarán los españolitos abrumados por unos impuestos casi confiscatorios. La hemorragia fiscal nada importa a Yolanda Díaz Iscariote, tampoco a Pedro Sánchez, si se cumplen los objetivos de sumar voluntades, de cara a las elecciones generales del 2027. No sé por qué Alberto Núñez Feijóo no se atreve a denunciar el nuevo y flagrante abuso.
Las subvenciones a los partidos políticos quedan para otro día. Son más escandalosas que las que reciben las centrales sindicales.