Como guiados por el ángel exterminador...
Pascale Robert-Diard escribe en Le Monde: «Fernando Arrabal conoce perfectamente el delito de blasfemia. Por el que fue juzgado por un tribunal franquista. El escritor jovial y sonriente conmovió a la audiencia».
Nicolás Bonnal, presidente del Tribunal:
—Díganos ¿Cuál es su profesión?
P.R-D., Le Monde: «Arrabal responde tras unos momentos de vacilación».
Fernando Arrabal:—¡Peatón !
El presidente (dirigiéndose a sus asesores):—Anote: «poeta». .¿Qué tiene que decirnos, señor Arrabal?
Fernando Arrabal:—Qué alegría poder ser testigo de la defensa por un delito de opinión, o, si se prefiere, en un juicio «intencional» contra un poeta «por la razón de la sinrazón», que lo hacemos por (nuestra) razón... como decía Cervantes.
Letrado Emmanuel Pierrat (abogado defensor):—Explíquenos.
Fernando Arrabal:—Quienes aseguran que este juicio es el más importante de loúltimos años en Francia y el más decisivo, por tratar de frenar el recrudecimiento de los nuevos vetos contra la libertad de expresión, no me parece que exageran en absoluto ¡desde la caída de los Titanes!
P.R-D., Le Monde: «Había una especie de júbilo en el aire en la 17a cámara correccional del Tribunal de Grande Instance de París».
— Mi padre también fue juzgado por delito de opinión el 17 de julio de 1936. Los teócratas del Nuevo Estado lo enviaron al corredor de la muerte en la fortaleza de Hacho. Yo también, su hijo, fui encerrado en las cárceles de Franco por blasfemia. Mi padre nació en la Plaza del Potro (Place du Poulain) en Córdoba. Ocho siglos después del nacimiento, en el mismo lugar, del filósofo judío Maimónides y del musulmán Averroes, a principios del siglo XII. En su Tratado decisivo el filósofo musulmán defiende la libertad «de actuar y pensar en contra de la fe del Islam».
P.R-D., Le Monde: «...también es el derecho fundamental al humor lo que se defendía».
Fernando Arrabal:— Hoy todos somos zindigns, es decir, poetas árabes epicúreos. Poetas que, desde los primeros tiempos del Islam, pensaron como Omar Jayam cuando escribió: «No levantes la mano hacia esta copa volcada que es el cielo, no es más importante que tú y yo».
P.R-D., Le Monde: «...Los presentes se apretujaban como en una noche de estreno».
Fernando Arrabal—Hoy, mi amigo está acusado de blasfemia como yo en 1967. Por eso tuve que pasar por las cárceles de Murcia, de la Dirección General de Seguridad, de Las Salesas de Madrid y de la cárcel de Carabanchel. Y durante el juicio la acusación franquista requirió en mi contra doce años, seis meses y un día de prisión
El Presidente (atento y sonriente):—Sin interrupciones. Por favor continúe.
Fernando Arrabal —En 1967 tuve el honor de contar con el apoyo, entre otros, de Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, Elias Canetti, Octavio Paz y Samuel Beckett. Los cinco eran meros soldados de la literatura y pocos años después serían nobelizados.
Presidente:—¿Y qué dijo Samuel Beckett?
Fernando Arrabal:—La policía del aeropuerto de Barajas le impidió acudir a defenderme. Por primera vez en su vida tuvo que expresar públicamente su opinión en una carta y no en una obra literaria. Y escribió sobre mí lo que habría dicho él hoy...
P.R-D., Le Monde: «Después de deleitar a su público... concluyó Arrabal con Beckett».
Fernando Arrabal:—Es mucho lo que el poeta debe sufrir para escribir, Señorías, no añadan nada a su propio dolor».
El letrado Pierrat terminó su informe en una apoteosis con una pasión ¡tan juvenil como convincente. !
Acta est fabula.
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...Rabindranath Tagore suponía que
« su conciencia llameaba desde una candela »
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