Empecemos por reconocer todos los aspectos negativos de la figura de Trump. Ciertamente echan para atrás, como suele decirse. Pero hay que reconocerle una faceta positiva. Es el único político importante que lucha sin complejos contra el aborto. En cambio, su rival Kamala Harris hizo del aborto una cuestión central en su campaña. Y de este tema nos vamos a ocupar.
Situemos ante todo la cuestión en un plano meramente teórico. Da igual que haya muchos o pocos abortos. O que se haya legalizado en muchos o pocos países. Según Kant, aunque todo el mundo asesinase, no por eso el asesinato se convertiría en una acción digna y honorable. Y según Hume, la inferencia es → debe-ser siempre es y será una falacia. Lo que nos interesa es el aspecto teórico.
Nadie puede demostrar que en el cigoto recién constituido está presente el espíritu humano, dotado de entendimiento pensante y libertad positiva volente. Igualmente nadie puede demostrar que no lo está. Estamos ante una duda insuperable. Sólo eso bastaría para condenar el aborto en el plano teórico en que nos hemos situado.
En efecto, in dubbio pro reo, decía el Derecho Romano. Con mayor razón habría que afirmar in dubbio pro innocente. Nadie puede disparar su fusil sobre lo que duda si es o no una persona humana.
Pero busquemos un argumento más contundente. Sabemos con toda certeza que el cigoto es condición necesaria para la futura persona humana. Si no hay cigoto ahora, nunca aparecerá en el futuro la persona en que pudiera eventualmente convertirse. Si se mata el cigoto, se mata ciertamente la condición necesaria para la vida de la posible nueva persona. Ahora no estamos pisando el viscoso terreno de la duda. Ahora tenemos los pies sobre el piso firme de la certeza, sin margen alguno para la duda.
Para dar todas ventajas a los partidarios del aborto en este terreno teórico en que nos movemos, aceptemos la tesis de que a los tres meses después de la fecundación del óvulo el espíritu es infundido en el feto. Eso dijeron Santo Tomás de Aquino y muchos otros teólogos del siglo XIII. Por tanto, concedamos que en esos tres meses hay seguridad de que el feto no es una persona humana.
De acuerdo. Pero durante esos tres meses el feto seguiría siendo condición necesaria para que exista la futura persona humana. Por tanto, en el aborto durante esos tres meses no se atentaría físicamente contra la vida de una persona, sino únicamente se suprimiría una condición necesaria para la vida de una posible persona.
Surge entonces la obvia comparación. ¿Qué diferencia moral hay entre fusilar una persona, o encerrarla en una habitación y dejarla morir de hambre? En el primer caso se atenta físicamente contra la vida de un ser humano. Nadie duda de que eso es un homicidio. En cambio, en el segundo caso no se dispara
físicamente contra la vida, sino sólo se la priva de una condición necesaria. Pues la alimentación cumple la regla sine qua non. Si no comes, no vives Así pues, demos por bueno que sólo a los tres meses de la fecundación puede hablarse de persona humana. Antes de ese plazo sabemos con seguridad que el feto no es persona, pero es condición necesaria para la vida de esa futura persona. Y también sabemos con igual seguridad que comer también es una condición necesaria para vivir.
¿Será o no homicidio hacer morir de hambre a una persona?
Kamala Harris y los demás pro-abortistas tendrían que demostrar, de modo más convincente que hasta ahora, que hacer morir de hambre a una persona no es un homicidio. Hay mentes tan obtusas -entre las cuales me encuentro- que no perciben la enorme diferencia moral y judídica que hay entre fusilar a una persona o hacerla morir de hambre.