Joaquín Vila | Domingo 23 de noviembre de 2008
Nunca se ha mordido la lengua Aznar. A Felipe González le breó a placer, a Zapatero le ridiculizó en el Congreso cada vez que el líder socialista asomaba una ceja y ahora le ha cogido el gusto a Rajoy. Este sábado, con Esperanza Aguirre de anfitriona y ante los jóvenes militantes del PP, pronunció un discurso cuajado de pescozones para su sucesor al frente del partido.
La frase que mejor resume la regañina se llevó una de las más sonadas ovaciones de la tarde: “Necesitamos un gran entrenador, equipo y estrategia, pero, sobre todo, salir al partido a ganarlo”. Está claro. Aznar, como tantos otros, cree que Rajoy ha salido al partido esperando que Zapatero se desplome con la crisis económica y sus muchas torpezas políticas.
Pero el PSOE cuenta con una artillería propagandística que es capaz de culpar a Bush del incremento del paro en España, de convertir el ridículo de ocupar una silla prestada en la Cumbre de Washington en un éxito internacional para su presidente, que, ahora, según ellos, va a resolver la crisis mundial mano a mano con Obama, o de hacer creer a muchos que va a encabezar la lucha antiterrorista internacional después de haberse sentado con los pistoleros etarras. Pero, sobre todo, lo que deberían prever en el PP, es que la maldita crisis económica puede remitir en un par de años, con lo que Zapatero se pondría esa medalla para arrollar en las urnas allá por 2012.
Y Rajoy, según Aznar y tantos otros, vive atrapado en sus complejos centristas, en sus deseos de resultar simpático a los nacionalistas, en su obsesión de no levantar demasiado la voz para no ser acusado de crispador. Y, mientras, aplaude sin cesar los éxitos internacionales y antiterroristas de Zapatero. Es como si José Blanco dirigiera con sus insultos y amenazas la estrategia política del PP.
Sin duda, el Partido Popular estaba obligado a apoyar la presencia española en Washington, pero podía haberse choteado de la tabarra que dio Zapatero a una veintena de dirigentes internacionales hasta que logró su sillita, y, sobre todo, debería haber denunciado el ridículo de la propuesta española en la Cumbre por anodina, insulsa y ridícula. Pero Rajoy aprovechó el fin de semana para darse un garbeo en bici.
También tiene el PP que aplaudir la detención de Txeroqui y compañía, el acoso que ahora emprende Rubalcaba contra la trama terrorista, pero alguien desde la Oposición podía haber recordado, simplemente, que ahora el PSOE aplica la receta antiterrorista que el propio Rajoy había exigido durante toda la Legislatura anterior, cuando el PSOE legalizaba a los proetarras de ANV, cuando De Juana se duchaba con su novia o cuando Otegui era considerado un hombre de paz.
No ha sabido digerir Rajoy su derrota en las últimas elecciones y no parece estar con fuerzas para dar la batalla en las próximas. Aznar se lo recordó el sábado y, a partir de ahora, muchos en el PP pueden seguir esa bandera. Para luchar contra esa propaganda impúdica de la calle Ferraz, para denunciar sin complejos las tropelías de Zapatero, para cumplir con su deber de Oposición e intentar corregir los desmanes del Gobierno, para animar a esos más de diez millones de votantes que confiaron en él, Rajoy tiene que convertirse en un “gran entrenador que salga a ganar el partido”.
De momento, pierde por un set. Le quedan otros dos para recuperar su sitio en la pista. Que aprenda de Feliciano López, de Verdasco y compañía que ayer se trajeron la tercera Copa Davis para España cuando nadie daba un duro por ellos. Pero tuvieron un gran entrenador y salieron a ganar.
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