Opinión

Después de Trump…

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Miércoles 11 de diciembre de 2024

El enigma político más importante que tiene que ver con la indagatoria respecto a lo que representa Donald Trump más allá de su mundo personal podría ser la tarea de los próximos cuatro años para entender la posibilidad o imposibilidad de que los tuitazos del tres veces candidato y dos veces presidente constituyan en realidad un nuevo proyecto político, ideológico, geopolítico y de clase que sobreviva como trumpismo después del 2029.

Hasta ahora los primeros indicios revelan que las dos victorias presidenciales de Trump y la pelea con fiereza por la elección del 2020 presentaron a una figura pública que estaría representando una personalidad individual, pero algunos analistas comienzan a tratar de indagar si detrás de Trump pudiera encontrarse un realineamiento político-ideológico del espectro del centro a la ultraderecha, lo cual sería el aviso de que detrás de Trump pudiera existir un novedoso bloque de poder, nuevos lobbies que estarían tomando el control de la política, la sociedad y la economía y empresarios de nuevas actividades productivas más allá de la industria y con mucha influencia y dominación en el universo digital.

Por lo pronto hay que tomar en cuenta el hecho de que Trump pudo configurar fuentes de financiamiento provenientes de grupos económicos y empresariales muy poderosos que en 2016 y 2020 abandonaron a demócratas y republicanos y que vieron a Trump como un peligro para la democracia empresarial de las corporaciones, pero que al mismo tiempo comenzaron a descubrir que la configuración del poder económico estaría en nuevas alianzas y nuevas líneas vinculadas al mundo digital.

Hasta ahora, la estrecha alianza de Donald Trump con el empresario Elon Musk amarró uno de los instrumentos más importantes del nuevo mundo digital: Twitter, pero apenas comienzan a tenerse indicios de que las complicidades electorales fueron más allá: Musk sería una de las figuras más dinámicas del mundo de la robotización, donde por cierto en Estados Unidos comienza a darse el debate a la utilización de robots en tareas policíacas cotidianas, además de que Musk fue pionero en el mundo de la robotización de los automóviles y tiene inversiones importantes en la industria espacial.

Lo que podría comenzar a considerarse como factor Musk estaría en el ámbito de la tarea que ya le asignó de manera formal el candidato triunfador: la innovación gubernamental que estaría en la lógica de una reconfiguración del tamaño y las funciones del Estado y de la vieja propuesta de Trump de que el aparato público no es un poder autónomo sino una función al servicio principal de los empresarios productores. Musk tendría como tarea fundamental convertir el poder de la burocracia en una función exclusivamente económica para la producción.

La primera presidencia de Trump 2016-2021 no tuvo el tiempo suficiente para replantear la geopolítica de Estados Unidos, la doctrina del Estado de seguridad nacional mundial y el papel de la Casa Blanca como el policía del mundo. Trump apenas pudo mandarle mensaje a la OTAN --bloque militar e ideológico de la Europa de la segunda posguerra-- de que Estados Unidos no desplegaría tropas en zonas de conflicto y que esa organización de los principales países europeos debería ya de configurar su Ejército territorial.

La designación de Pete Hegseth como secretario de Defensa --hoy impugnado por pasado tormentoso que ha servido para frustrar carreras burocráticas-- fue el aviso de que Trump tenía en mente la reorganización de las Fuerzas Armadas para pasarlas de un Ejército-policía invasor que defiende el modelo ideológico del capitalismo a un cuerpo con actividades más locales y menos imperiales.

Y como punto fundamental de lo que podrían representar Trump y el trumpismo, en la comunidad de inteligencia y seguridad nacional tradicional de la Casa Blanca durante los regímenes demócratas y republicanos existe el temor de una desvinculación del ejercicio imperial del poder de sus tareas fundamentales de defensa del capitalismo en el planeta frente a regímenes excomunistas y ahora autoritarios y de economía de Estado, aceptando la división del planeta en dos bloques: el capitalista estadounidense y el estatista Rusia-China.

Estados Unidos ha gastado cantidades inmensurables de presupuesto para mantener el modelo de dominación imperial en la zona del capitalismo o mundo occidental, ha provocado y financiado guerras criminales y el objetivo ha sido solo el de mantener la hegemonía del dólar y de la empresa privada multinacional.

Hasta ahora, Trump ha dejado entrever que no desplegará tropas en otros países, que en realidad no le importa Ucrania como zona estratégica para contener a Rusia y que le teme al poder económico de China, pero serían ideas a partir del punto central de su pensamiento estratégico: no existe en el planeta ningún país con la capacidad para sustituir el control de las tres tareas fundamentales de EU como imperio mundial: una moneda que mueve al mundo, una planta industrial que a pesar de todo sigue siendo el centro del capitalismo y un Ejército creado para invadir cualquier país, para desarrollar cualquier guerra y para atemorizar a cualquier nación a pesar de las derrotas de Corea, Cuba, Vietnam, Irán y Afganistán.

La limitada capacidad intelectual de Trump no permite tener una comprensión real de cuál sería su interpretación del mundo y de sus problemas, pero alrededor de Trump se han articulado ya bloques de poder, lobbies dominantes y sobre todo el nuevo pensamiento conservador que está ya procesando los alcances del efecto Trump y no del político Trump en la reorganización de los proyectos del capitalismo estadounidense. En esa lógica, por ejemplo, habrá que tomar muy en serio el Proyecto 2025 de la Fundación Heritage como el think tank del pensamiento neoconservador que pulula alrededor de Trump.

Trump podría estar significando una ruptura en las ideas-decisiones que tienen el control del planeta, a pesar, incluso, de que Trump no tenga ni la más remota idea de la reconfiguración de un nuevo conservadurismo.


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