Lunes 24 de noviembre de 2008
La elecciones regionales y municipales de Venezuela se han saldado con una altísima participación, la mayor registrada en unos comicios de este tipo, y con una previsible victoria del partido de Hugo Chavéz, que se ha hecho con 17 de los 20 estados que componen el país. Sin embargo, la victoria chavista tiene un punto agridulce para el mandatario venezolano ya que ayer domingo ha perdido los dos estados más poblados del país, Zulia y Miranda, y la importantísima alcaldía de Caracas.
Si se pudiera juzgar una democracia por el número de elecciones que se celebran, Venezuela estaría a la cabeza de los índices democráticos. La de ayer fue la duodécima jornada electoral desde que Chávez llegó al poder. Sin embargo, la proliferación electoral sólo es una forma de maquillar la total ausencia de un espíritu democrático en el país. Cuando la inhabilitación arbitraria de la oposición es un hecho, cuando el cierre de medios de comunicación no afines es el pan nuestro de cada día, cuando la seguridad jurídica y personal no está asegurada, no se puede hablar de democracia.
Cada comicio celebrado es una prueba de fuego, una manera de reforzar el liderazgo de Chávez a la vez que se destruye a su oposición, que sigue sin encontrar una cabeza fuerte que asuman la tarea de contestar efectivamente los desmanes chavistas. El referéndum constitucional celebrado el pasado año fue esperanzador ya que, por vez primera, el pueblo venezolano decía no a los excesos del presidente. La movilización estudiantil –sumada a la alta abstención de los propios chavistas- , liderada por el joven Yon Goicoechea, jugó un importantísimo papel en el no al presidente, pero aunque importante, eso aún no es suficiente.
Las elecciones de ayer, a pesar de ser una derrota de la oposición, traen una ligera esperanza ya que la oposición ha conseguido arrancar al chavismo importantes y simbólicas plazas, la primera de ellas, Caracas. Ahora está por ver como reacciona el oficialismo. Es de esperar que la violencia y división que ha seguido a los comicios en Nicaragua no se tome como ejemplo y que la oposición sea capaz de seguir avanzando en su reforzamiento. Por el bien del país y de la auténtica democracia.
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