Lunes 24 de noviembre de 2008
La detención de Txeroki está aportando importantes datos a las Fuerzas de Seguridad sobre ETA. La última revelación ha sido la existencia de una fuerte división interna en el seno de la organización terrorista. Hasta tal punto llega la brecha existente, que el dirigente etarra tenía una ‘lista negra’ en la que figuraban los miembros “no fiables” de la banda armada.
En otras palabras, existen dos bandos en el seno de ETA que llevan casi dos años en pugna por el control de la organización y que han puesto en marcha campañas de descréditos mutuas. El proceso de diálogo que terminó abruptamente con el atentado de enero de 2007 en Barajas –ordenado por Txeroki- parece ser el gran detonante de la escisión etarra.
Por una parte, estarían los sanguinarios cachorros que representa Txeroki, partidarios de continuar con la lucha a cualquier precio y sin escrúpulos en llevar a cabo cualquier acción por dura que esta pueda ser. Frente a ellos se situaría el grupo de veteranos, que, aunque no distan mucho en el nivel de crueldad de los ‘jóvenes’, consideran que, sólo con violencia no se ha avanzado en el objetivo de la independencia, por lo que creen en la utilidad de un proceso de diálogo.
En el fondo, no subyace un componente ético ni moral en la rama más posibilista de ETA, pero, sea como sea, es positivo que el seno de la banda se encuentre inmerso en un proceso de fragmentación que lo debilite. Ante esta situación, el Gobierno ha de ser cauto y no confiarse. En primer lugar, no fiarse de la aparente debilidad de la organización, ya se sabe que una fiera herida suele ser aún más peligrosa y siempre hay que estar preparado para enfrentarse a un zarpazo.
En segundo lugar, Zapatero ha de aprender de los errores pasados. No se puede iniciar un diálogo con la banda si no está claro el compromiso –y el inicio- de abandonar las armas, so pena de insuflarle, otra vez, un oxígeno que, parece que, poco a poco, se le está acabando a ETA. El Estado no puede bajar la guardia ante un grupo que ha demostrado en todas las ocasiones que no es fiable en sus compromisos –lo cual no debería sorprendernos, conociendo sus métodos sanguinarios y la catadura de sus miembros.
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