Editorial

Sánchez, dispuesto a todo, incluso a desguazar la Constitución y aniquilar el Estado de Derecho, antes de dimitir

EDITORIAL

E.I. | Lunes 16 de diciembre de 2024

Pedro Sánchez y sus voceros se han confabulado para emprender una guerra contra todo y contra todos. Para empezar, contra la democracia del que llaman el régimen del 78. Sus amenazas a los jueces, los medios de comunicación independientes y el PP son tan reales como alarmantes. El mitin de este fin de semana de María Jesús Montero, la más dicharachera, estrambótica y lenguaraz del “sanchismo”, revela que la estrategia presidencial se basa en calificar de bulos las múltiples causas de corrupción que salpican al Gobierno y de “lawfare” las posibles condenas de los tribunales. Todo es mentira, dirán. Y, pase lo que pase, todos seguirán en sus puestos, empezando por el “número 1”. Porque nunca admitirán como legítimas esas posibles condenas.

Pedro Sánchez se amarra al poder como gato panza arriba. Sabe que si abandona el Gobierno será arrollado por la Justicia. Por eso, no dimitirá ni en el peor de los casos. No dimitirá ni en el caso de que su mujer sea condenada por tráfico de influencias y corrupción en los negocios. No dimitirá ni en el caso de que su hermano sea condenado por tráfico de influencias, malversación y blanqueo de capitales. No dimitirá ni en el caso de que José Luis Ábalos, su mano derecha en el PSOE y el Gobierno, sea condenado por corrupción y cobrar comisiones por obras públicas. No dimitirá ni en el caso de que el fiscal general del Estado sea condenado por revelación de secretos. Nunca dimitirá.

Pedro Sánchez se siente protegido por el Tribunal Constitucional, la Fiscalía y la Abogacía del Estado que cumplen sin pestañear las órdenes de Moncloa. Con ese escudo institucional puede recurrir todas las posibles sentencias condenatorias, ganar tiempo y, en algún caso, lograr el archivo de ciertas causas. Mientras, su Ejército mediático, también sin pestañear, divulgará las instrucciones de Moncloa para denunciar, como dice Montero, que todo es “obra de la derecha y la ultraderecha” para frenar el progreso social emprendido por el Gobierno. Porque, según ella, no se trata de la corrupción del Gobierno, si no del boicot del fascismo orquestado por la Justicia ultraderechista aliada con una derecha que juega “con las cartas marcadas”. Así lo declaró el propio Pedro Sánchez.

Tampoco dimitirá Pedro Sánchez, aun en el caso de que no pueda aprobar los presupuestos de 2025. Está dispuesto a aguantar incluso perdiendo el apoyo de Puigdemont, lo que le impediría legislar. Pues para eso, están los decretazos.

Y en el peor de los casos para él, incluso si la Justicia le condenara personalmente por permitir la corrupción de su Gobierno, Pedro Sánchez, antes de dimitir, movilizará a su Ejército mediático y agitará la polarización en la calle para amarrar el poder. Intentaría revertir la realidad con sus teorías de “lawfare” y las conspiraciones de la ultraderecha para asestar el golpe definitivo al Estado de Derecho. Y, antes de que concluya la legislatura en 2027, con la falacia de su mayoría parlamentaria, tal y como hizo para asaltar RTVE, intentará reformar por la puerta de atrás la Constitución con el incondicional apoyo de sus aliados separatistas, golpistas, proetarras y comunistas para instaurar una República presidida por él. Cualquier cosa antes de dimitir. Antes de quedarse a la intemperie. Antes de perder el poder y enfrentarse a la Justicia.