Opinión

Rentas altas, medias y bajas

ESCRITO AL RASO

David Felipe Arranz | Lunes 16 de diciembre de 2024

El mercado humano cotiza a la baja. Según el criterio del sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha), la clase media, para llamarse como tal, ha de situarse en un baremo de ganancias anuales entre los 14.000 euros brutos anuales y los 30.000. ¡Cómo se han perdido las clases medias que tanto tiempo han figurado en la España próspera, que es el retrato de una época! El que no ha desaparecido, el que siempre reaparece, es el fin de mes, la eterna espada de Damocles –que, por lo visto, era un cortesano adulador, cosa que está muy de moda–, “eterna” no porque se trate de una expresión acuñada como las monedas, sino porque en el cogote de los españolitos siempre ha pendido el filo de la susodicha espada, más lejos o más cerca del tajo, según. Y nos decían en el colegio que la Revolución francesa había venido a abolir la sociedad de clases, y era mentira gorda. Según el CIS, hasta un 44% de los españoles confundimos la realidad con el deseo, nos creemos clase media y de eso nada de nada.

El último español de clase media vendía antes sus pertenencias por Wallapop y tiendas de segunda mano, de ropa reutilizada, de muebles en el Rastro, ofreciéndolos con más pena que vergüenza, con la mirada oblicua de su conciencia de fin de era, de los felices noventa y de tantas camisas estampadas con Anita Obregón luciendo tipo y sonrisa en un apartamento de la Gran Vía, en alguna película del maestro Colomo, estilo La vida alegre. Pero tan descaradamente le han hecho la competencia los ricos y los pobres exhibiendo cifras y letras en el escaparate social, que se ha dedicado exclusivamente a extinguirse sin darse cuenta y como Alonso Quijano, a creerse que es clase media cuando solo se es hidalgón empobrecido, españolito escuálido. Atemorizado ante la posibilidad de perder su hacienda y su empleo, viviendo con la cabeza gacha y actuando como cordero camino del matadero. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la renta mediana anual de esta España nuestra fue de 18.316 euros anuales, y en esta cifra irrisoria consiste el chiste o la metempsicosis del país, que casi nos convencen en estos días que duran las encuestas de diciembre, resumen del año, de que esto es lo normal. Y si gana uno más de 36.632 euros brutos anuales, entonces se es rico según el INE, que no se lo cree ni el más inocente.

Aunque las rentas han disgustado y hasta asesinado a mucha gente, que se tira por el viaducto porque les dicen que son clase media siendo pobre, resulta que 1.144 euros brutos mensuales ya sería el rango mínimo, y es normal que uno se disguste, hasta un máximo de 3.052 euros, que con los impuestos para la casta parasitaria y el seguro médico y demás se viene a quedar en dos mil, más o menos. El asesinato histórico de la clase media es el de la estadística y la sociología, que certifica su defunción con la cifra que incluye los céntimos, y cada vez más ciudadanos, más vecinos, le hablan a uno de los ajustes en la cesta de la compra, el cine de los domingos o el terraceo tan agradecido y popular que comparten ricos y pobres, aunque sea por aparentar, y que le sirvan a uno finalmente un café “solo, por favor”. El transeúnte que compraba todo lo que se encontraba a su paso y se le antojaba por la Gran Vía y la calle Preciados, ahora va agarrado –y hasta enredado– del brazo de su señora para evitar la tentación de la mano que se alarga, compra y paga. Los camareros están a la caza: los miran y observan desde lejos, avizores con la octavilla en mano y los precios del menú, porque a la carta ya ni se lo plantea nadie. Los políticos le han pegado un tiro certero, tan certero, a la clase media que el sentido común, que decía hace unos años que se era clase media si uno tenía casa en propiedad, un coche normalito que no gastase mucho, apartamento en la playa o para alquilar, electrodomésticos decentes y sus facturas de gas y electricidad al día, ahora se pliega a la ruina nacional del mileurismo. Hoy existe sobre las cabezas de la ciudadanía que va con urgencia a todas partes una lápida imaginaria que sobrevuela volátil y pesada al mismo tiempo, en la que uno puede leer “Aquí yace la clase media española”. Recemos un responso por ella estas Navidades, porque para lo que viene siendo la resurrección de los muertos… aún quedan muchos años.