Cultura

Juan Trejo: "Pudo haberse hecho más en el tratamiento sanitario de los primeros adictos a la heroína"

ENTREVISTA

José Manuel López Marañón | Martes 17 de diciembre de 2024

Tras la reseña de Nela 1979 editada por EL IMPARCIAL el pasado 3 de diciembre, entrevisto a su autor, Juan Trejo (Barcelona, 1970). Este licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona ha sido miembro del consejo de redacción de la revista Lateral y codirector de la revista literaria Quimera. Ha publicadoEl fin de la Guerra Fría (Belacqua, 2008),y tres novelas más con Tusquets Editores:La máquina del porvenir (X Premio Tusquets Editores de Novela, 2014); La otra parte del mundo(2017), y La barrera del sonido (2019).Juan Trejo ejerce como traductor literario y colabora en diferentes medios de prensa.

A principios de los 70 el desconocimiento de la heroína (solo consumida por clases privilegiadas) era total. Se viajaba al extranjero para lograrla (Tailandia, Turquía, Amsterdam) porque el tráfico en la calle era insignificante. Solo a partir de 1978 se empieza a hablaren España de la heroína y a decir que mata, que su consumo es sinónimo de delincuencia (aunque la heroína sea un depresor del sistema nervioso central). La imagen del yonqui (degradante, marginal, moralmente ofensivo, carente de convivencia) queda fijada.

Nela y su pareja, Valerio, consumen heroína durante 1978-1979, un año antes del inicio de la epidemia por la heroína en España. ¿En qué medida cree Juan Trejo que esageneralizada ignorancia sobrela novedosa droga influyóa la hora de dimensionarel más letal padecimiento que conoció la juventud de la Transición española?

El desconocimiento de lo que era la heroína y de lo que suponía su consumo fue fundamental en la expansión de lo que, poco después, se conoció en España como la «epidemia de la heroína». A ese desconocimiento hay que sumarle, además, el halo de misterio y fascinación que rodeaba todavía por aquel entonces a esa droga, la voluntad de transgresión que empujaba a buena parte de la juventud española de mediados de los setenta, la particular situación socio-cultural que se vivía en el país en ese momento y, por último, la frustración que conllevó para dicha juventud entender muy deprisa, cuando apenas se había establecido la democracia, que el sueño de cambio a nivel global por el que ellos habían apostado no iba a producirse; porque el cambio de régimen no conllevó un cambio en los modos de relación entre las personas, ni de estas con las instituciones o con los bienes materiales. Todo eso formó un caldo de cultivo ideal para que esa droga, que ya no promovía el compartir y el exteriorizar, sino todo lo contrario, se implantase en nuestro país y se extendiese con mucha rapidez y con unos efectos devastadores.

El padre de Nela en Barcelona es una persona depresiva y un constante censor de familiares y vecinos que no encaja en esa ciudad. La madre, fría y casi autista a la hora de demostrar empatía, ajena a todo lo que no sea cumplir con las obligaciones de la casa, quiere a su hijo mayor pero ignora a Nela y a la pequeña Carmen. Nela pronto comprende que para lograr ciertas metas no hay que dejarse amedrentar por la vergüenza: el viento de la historia, la corriente del cambio hace el resto del trabajo.

¿Hasta qué punto unos padres poco participantes en los tiempos que se viven(ajenos asimismo a su comprensión)favorecen que los hijos deseensalir precipitadamente disparados de sus casas para comerse el mundo?

El conflicto generacional en la España del momento, mediados de los años setenta, fue especialmente significativo. Todo lo que ocurrió en mi familia en relación a Nela no es más que un ejemplo de lo que tuvo lugar en centenares de hogares a lo largo y ancho del país. Mis padres eran severos y rígidos como lo eran la gran mayoría de padres del momento. Apenas tenían formación académica y habían crecido en un pequeño pueblo de Extremadura. No disponían de herramientas intelectuales o personales para enfrentarse adecuadamente a los cambios que estaban teniendo lugar a su alrededor y que mi hermana Nela materializaba del modo más radical. Mis padres hicieron todo lo que estuvo en su mano para sacar adelante a su familia. Entendían que habían hecho las cosas como había que hacerlas, como se habían hecho siempre. Es más, habían emigrado a Barcelona para ofrecerles a sus hijos unas oportunidades de las que ellos habían carecido. Pero, por decirlo de algún modo, la velocidad con la que estaban cambiando las cosas en el mundo que les rodeaba les pasó por encima y les dio un tremendo revolcón. Tuvieron que aprender a adaptarse por las malas, tras el terrible golpe que supuso la marcha de casa de mi hermana, primero, y su inesperada muerte, después. Pero insisto, Nela fue una de las muchas jóvenes que tuvieron que marcharse de casa siendo muy jóvenes para poder vivir de acuerdo a sus ideales y anhelos.

A pesar de los temores de su madre, usted dice en Nela 1979cómo«nunca tuve la intención de desenterrar a mi hermana porque siempre he creído que nunca fue enterrada de verdad. El olvido de la familia, no teniéndola presente nunca, ni siquiera en ciertas fiestas o celebraciones, la condenó a un limbo significativo tan profundo que incluso pudimos especular, como si se tratase de un juego macabro, con la posibilidad de que nunca hubiese existido».

La luz que Juan Trejo encuentra para iluminar a su hermana, a sus compañeros de viaje y al tiempo que les tocó vivir, requiere de profundidad espiritual. Con su trabajo de introspección, va sacando a flote escenas del pasado, hechos aparentemente triviales de la vida cotidiana en la familia y los amigos, para alumbrar un textoextraído de un desesperado estrato de la vida y, al mismo tiempo, convertirlo en un testimonio tan atormentado como difícil de interrumpir durante su arrebatada lectura.

En la planificación y escritura de Nela 1979, ¿quizá haya sido precisamente dar con esa luz propia y adecuada lo más espinoso del proceso creativopara que la biografía de su hermana llegue a los lectores de lamanera más intensa posible?

Encontrar luz en una historia que, tanto para mí como para el resto de mi familia, había sido siempre oscura y trágica, fue el motor que dio inicio a la escritura de este libro. Pero en un principio no fue más que una intuición y un deseo, no tenía certeza alguna, pues apenas quedaban recuerdos ni pruebas del paso de mi hermana Nela por este mundo. Por eso precisamente, durante gran parte del tiempo de investigación y también de redacción, la sombra de la frustración se cernió sobre este proyecto. Temía no ser capaz más que de contar la historia de una imposibilidad: la de no poder siquiera atisbar quién fue mi hermana y qué sentido tuvo el particular camino que eligió durante su corta vida. Pero la constancia obtuvo su fruto, gracias también a un pequeño giro en los acontecimientos, y fui capaz de cerrar esta historia desde el ángulo luminoso que yo siempre le había supuesto a la existencia de mi hermana Nela, que como ya he dicho representaba a una parte de los jóvenes de su generación.

EnNela 1979 se cuenta cómo la contracultura con epicentro en Barcelona hasta la muerte de Franco fue devorada por la Movida individualista y acrítica que surgió en Madrid.El olvido o la indiferencia sobre la mayoría de aquellas valientes y originales propuestas anteriores a la muerte de Franco suponen un inmenso daño al patrimonio cultural de este país.

Por otra parte, el olvido al que son sometidos todos los integrantes de la generación que creyó en la contracultura, Nela entre ellos, los relega a una suerte de silencio administrativo, a un vacío histórico cercano a la inexistencia.

Nela, tras su muerte, se ve sometida a un doble proceso de olvido, como miembro de su familia y como joven ciudadana española. Y usted queda en una suerte de grado cero al empezar a investigar para su biografía. Desconoce prácticamente todo de la vida de su hermana y además han pasado más de cuarenta años desde su desaparición…

Lo explica usted muy bien en el libro, pero me gustaría preguntárselo ahora para los lectores de EL IMPARCIAL: ¿Cómo se saca adelante una biografía con semejante carencia de datos?

A pesar del precario punto de partida, yo tenía una fe inmensa en esta historia. Sabía que atesoraba un poder especial desde el primer momento en el que me planteé escribirla. Partía de una abrumadora escasez de datos, pero estaba convencido de que la vida de mi hermana Nela atesoraba esa luz de la que he hablado antes. Así pues, sabía que quería contar esa historia, pero, por una parte, no tenía claro qué era exactamente lo que tenía que contar, y por otra, tardé un tiempo en dar con la estructura y el estilo con el que tenía que contarla, pues sabía que no podía enfocarla como una biografía o como una crónica lineal al estilo de Emmanuel Carrère o de Leila Guerriero. Tuve que armarme de paciencia mientras recababa información, esperar a que las cosas fueran poniéndose en su sitio, al menos en mi mente, y también probar con diferentes enfoques hasta que me sentí lo bastante cómodo como para lanzarme a narrar.

A Nela la heroína difumina sus rasgos de joven rebelde, inquieta y permeable a las manifestaciones artísticas de la contracultura. En Génova y Valencia el continuado consumo acaba arrinconándola en su dormitorio, sin otro deseo ya que el de alimentar su vena con una sustancia letal. Hay muchos defensores de la teoría que ve en la droga un instrumento para atenuar o directamente silenciar a personas inteligentes pero molestas con los poderes establecidos. El caso de Nela, desvelado por usted, seguiría por completo este itinerario.

¿Qué opinión merece a Juan Trejo una posible connivencia entre el Poder y el consumo de drogas?

Hablar de drogas siempre resulta problemático, más aún si se trata de heroína, pues existen demasiados prejuicios y estigmas asociados a ese tema. Y todo lo que empezó a ocurrir en España a finales de los años setenta, además, está cubierto por un manto de olvido, en absoluto involuntario, sino promovido por las instituciones del momento, que dificulta incluso un poco más intentar entender algunas cosas. La heroína tardó en asentarse en España como una droga de consumo masivo. Hasta finales de los años setenta era relativamente sencillo conseguir droga de calidad en las farmacias, sin siquiera prescripción médica. Es precisamente cuando se cierra ese grifo cuando la heroína empieza a entrar en grandes cantidades, porque hasta ese momento conseguirla en España no era nada fácil. Su consumo, por otra parte, y como he señalado antes, estaba asociado a la contracultura y a las clases medias y altas. La implantación de la heroína, se mire por donde se mire, tiene mucho más que ver con cuestiones de mercado, de economía a gran escala, que a ningún tipo de programa político o gubernamental. A lo que hay que añadir las circunstancias que señalé en la primera respuesta. Existen ciertas teorías de la conspiración en ese sentido, que dan a entender que la heroína arraigó con fuerza entre la juventud española debido a cierto grado de planificación desde el poder, avivado por la connivencia de las fuerzas del orden. Pero es imposible encontrar pruebas concluyentes en ese sentido más allá de algunos testimonios aislados, sin base concreta.

En el Policlínico del Hospital Provincial de Valencia, ante los dolores de abdomen que sufre Nela, es muy probable que le administraran sedantes. Entonces no, pero aclara usted cómo hoy de sobra se sabe que mezclar opiáceos con sedantes, ansiolíticos o relajantes musculares conlleva enorme peligro. Lo cierto es que Nela se ahogó, bien porque la mezcla la llevó a dejar de respirar o bien porque fue a parar directamente a sus pulmones y los colapsó.

A la desinformación de que eran víctima los consumidores de heroína antes de 1980 se une aquí la inexperiencia, impericia y torpeza de un hospital donde su hermana debió ser atendida o cuidada o controlada de un modo más exhaustivo. Nela no muere por una sobredosis o por heroína mal cortada. Aquel perverso círculo del desconocimiento sobre esta droga se cierra en una sala de Urgencias de hospital… Supongo que averiguar esto le habrá generado gran impotencia.

¿Estaba la Sanidad española de finales de los setenta preparada para la tremenda epidemia que se avecinaba? ¿Pudo haberse hecho más para contrarrestar sus tremendos efectos?

Obviamente, nadie estaba preparado para lo que iba a llegar asociado a la heroína. No hay que olvidar que pocos años después, además, apareció el SIDA y la cosa descarriló por completo. Nuestro sistema de salud pública es envidiable, a pesar de los esfuerzos de algunos por denigrarlo, pero en aquel entonces, a finales de los setenta, todavía no era lo que ha llegado a ser hoy día. Los médicos y los enfermeros desconocían cómo tratar adecuadamente a pacientes con esas características. Por otra parte, carecían de medios e incluso de personal. Es muy posible, además, que entrase en parte cierto grado de prejuicio en el trato a los primeros toxicómanos, como lo fue mi hermana, debido a las avasalladoras campañas sobre drogas que ya imperaban en el país; y que demostraron tener una nula eficacia. Tal vez podría haberse hecho algo más en el tratamiento sanitario de los primeros adictos a la heroína, como podría haberse hecho mucho más a nivel social y cultural, porque realmente se les dio la espalda en su momento, se les demonizó, porque no encajaban con el discurso oficial relativo a la modernidad y el bienestar económico, y después se tendió sobre ellos un doloroso manto de olvido que afectó, sobre todo, a las familias de los que murieron, marcadas por un vergonzoso estigma.