Opinión

Milagros navideños

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 18 de diciembre de 2024

Los milagros, si vienen de parte del gobierno, los pagamos los contribuyentes. Aun así, la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha garantizado este martes que el 31 de diciembre de 2025 «toda la población asalariada de este país, sin distinción, va a ver reducida su jornada laboral, y además sin merma salarial». Entonces, ¿quién soy yo para renunciar a un cerdo grande, gordo y que pese poco?

Además, la señora Díaz está cambiando su estilismo a favor de obra, de manera que hay días que uno queda henchido de gozo por tanta dulzura y tanto parabién. Un servidor no pretende invadir el territorio del “colorín”, pero a decir de compañeros profesionales centrados en prensa rosa, la vicepresidenta, en los recientes Premios Forqué 2024, llamó poderosamente la atención con un diseño de terciopelo negro, tirantes finos y un escote en V. Según dicen, un look tan audaz como sofisticado que provocó rubores y sensaciones encontradas. Me alegro por ella.

Me agrada esta dama porque lo de trabajar es un tostón; sobre todo cuando nadie te paga por ello y si además careces de límite horario. Me refiero a las mal llamadas “amas de casa”, que suena a feudalismo rancio. Mejor sería el definirlas como “Presidentas de Congreso Doméstico y Familiar”. Sin duda, más acorde con los actuales tiempos.

Huyendo del machismo y todas esas filigranas del maniqueísmo existencial que tanto repudiamos cuando se nos muestra a la mujer no como una dama de respeto por la simple condición de ser ama de casa, sino por tradición pagana que a día de hoy ni encaja ni malditas las ganas de que sigan menospreciadas. Canallas sean los que en ellas ven a una mujer al servicio de una organización social en donde la autoridad la ejerce el varón como patriarca de familia, proclamándose dueño del contenido y del continente familiar. Sí, no se incomoden quienes aún pretendan dirigir este tipo de jerarquías, pero conste que en pleno siglo XXI uno siente vergüenza ajena allá donde el caudillaje doméstico se sigue practicando. Más que otra cosa, porque la esclavitud tiene la repugnante costumbre de convivir entre nosotros y no solo eso, sino que festejamos el “Black Friday” ignorando el origen de tal celebración.

Solicito, por imperativo de desigualdad improcedente, que las amas de casa, si bien no han cotizado en su vida, sean reconocidas en gracia dineraria por el Estado ante el agravio comparativo hacia ellas. Hablamos de trabajadoras por cuenta propia, sin limitación de horarios en su jornada de trabajo diario, sin ningún reconocimiento contributivo y no contributivo, sin un solo guiño por parte de usted, doña Yolanda Díaz, la más grande después de Lola Flores. De tal manera téngase por presentada esta petición en tiempos de ilusiones y milagros navideños. Vaya, pues, un retazo poético para despertar conciencias, que no en vano doña Yolanda es a día de hoy una de nuestras vicepresidentas.

Yolanda, Yolanda, grande entre las grandes/anda mona, consigue una paga mensual/para las amas de casa, trabajadoras silentes/dolientes y abnegadas/sin horarios, ni convenios/sin sindicatos, ni premios/Yolanda, Yolanda/qué grande eres, repartiendo/. Tú que cobras un pastizal al mes/que tienes casa gratis/y no pasas frío en invierno/ una paguita al gremio/para nivelar los desagravios/ ¡Qué madres tan valientes/en España aún tenemos!/Mujeres que cosen/que bordan/que cocinan/que planchan/que lavan/que si es preciso/ni duermen/Así son las amas de casa/saben de todo y además son ministras en economía, pero nadie les paga/porque trabajan en casa/de noche y de día/Cuidan de hijos, de esposo,/de nietos, incluso de nueras o yernos/Aportan estadía a mantel puesto/y gañote presto/ y aún, antes de acabar la mano de obra,/si menester fuere/abuelas o abuelos atienden/porque no solo tienen cabida, /sino que es así la vida/Los mayores son los nuestros, dicen/y hay que hacerlo en vida y no después de muertos/Yolanda, Yolanda/ un país como España/que da hospedaje y paga/a diestro y siniestro/Si hablamos de inclusión o de igualdad/échate “p’alante”/y con tu look elegante/mete la mano en la caja/y sácale brillo a nuestras amas de casa/.