O “Cómo el Síndrome de Tourette llegó a nuestra vida”. Título y subtítulo de un excelente cuento-ensayo que nos ilumina en estas fechas, donde todo queremos que sea felicidad, sobre un síndrome, el “Gilles de la Tourette”, que es un trastorno neurológico caracterizado por la presencia de tics motores y vocales, que hemos presenciado en algunas ocasiones y que “desgraciadamente” nos ha hecho alguna “gracia”, al ver esos movimientos o sonidos que se repiten de manera súbita e involuntaria, como sacudidas de cabeza, gruñidos o palabras y frases que algunas ocasiones pueden ser obscenos o inapropiados, lo que se conoce como “copralalia”.
Natalia Ortega e Inés Laso, las psicólogas autoras del trabajo, nos cuentan que este síndrome se manifiesta generalmente en la infancia, entre los 5 y 10 años, que es más común entre los hombres y las mujeres en una porporción de 3 a 1, y que la causa exacta del “Tourette” no se conoce, pero se cree que está relacionada con una combinación de factores genéticos y ambientales y que se ha demostrado que hay una predisposición familiar en algunos casos.
Martín, el protagonista del cuento, nos va relatando como descubrió su “molesto “ síndrome y como las psicólogas le ayudaron a entender esos “raros comportamientos”, así como la necesidad de vivir alegremente con ellos, y conocer que hay personalidades del mundo del arte, deporte o del cine que tienen o han tenido el síndrome de Tourette como Tim Howard, que fue un gran futbolista profesional estadounidense, o Billie Eilish, cantante y compositora, que ganó varios premios Grammy, o el famoso escritor Samuel Johnson o el actor, Dan Aykroyyd, protagonista de la película “Cazafantasmas”.
Martín llega al final del encuentro con todos nosotros, mucho más seguro y queriéndose más, porque había aprendido que todos somos diferentes pero iguales. Él hace las cosas como todos los demás, pero sabe que algunas de sus ocupaciones le pueden llevar más tiempo. Ahora ya estar contento, gracias a profesionales como Natalia e Inés, que nos han enseñado que la terapia es el tratamiento de primera elección para trabajar las dificultades derivadas de este síndrome y, sobre todo, que la familia es el más importante apoyo de todos los que lo sufren. Y a los demás, es decir a nosotros, nos han enseñado a saber valorar el esfuerzo de las personas que lo padecen para contar también con nuestra ayuda.
Gracias de nuevo. Martín, y a todos los lectores de El Imparcial: “Feliz Navidad en el Señor”