Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2024. 129 páginas. 14,50 €. Libro electrónico: 9,99 €.
Por Aránzazu Miró
Con una novela breve en que la concisión no deja aliento a la amargura, la escritora vasca Garazi Albizua, autora de varias publicaciones de cómic y literatura infantil predominantemente en vasco (a la que no he podido acceder en el tiempo preciso) se ha lanzado a la literatura para adultos en castellano con una potente propuesta: Termita la ha publicado Galaxia Gutenberg amadrinada por Edurne Portela, que la presenta y acoge en su Serie Dirigida por. Qué buena opción para dar entrada a nuevas voces.
El texto que tenemos entre manos trata de una familia en la que, naturalmente la protagonista es la que da título, Termita, la abuela. Se espera de una abuela que sea acogedora, y yo me voy a arriesgar a decir que esta, también lo es. Cuenta la novela la nieta, una mujer que subsiste, tiene un trabajo, y una vida poco normalizada (o más común de lo que creemos), en la que no se cumplen ninguno de los cánones que se supone que nos tienen que hacer feliz.
Vive con su abuela, a la que el mote le viene que ni pintado, aunque se ha convertido en el refugio tras la huida de la madre. La novela –nouvelle tal vez deberíamos decir– se estructura en tres partes muy orientativas que no son sino tres mandatos que transcribe la hija, y que son las disposiciones, repetidas, reproducidos que recibió Esperanza –¿por qué ese nombre para la abuela? –: «Come», «Disimula», «Vete», o lo que es lo mismo, según mi visión: subsiste, intégrate, búscate la vida. Ese es el mandato que despliega en una treintena de capítulos breves, algunos realmente muy cortos en los que sabremos cómo han hecho crecer la abuela y la madre a esa chavala que ya es una mujer adulta.
El recuerdo: «De todo esto no me acuerdo. La Termita me lo cuenta mientras desgrana alubias. Habla de esa manera tan suya, entonando las palabras a destiempo, gritando algunas, callando otras». Esas tres partes en que se distribuye la historia podrían ser otras, si respondiesen a la descripción de los tres personajes principales, las tres mujeres de tres generaciones: «Cuando escribo, abro la boca para hacerles hueco: A la de mi abuela: Disimula. A la de mi madre: Fraude. A la de otra persona cualquiera que no soy yo: Gimnasio, grupo, autoestima, terapia».
De eso trata la novela, de cómo enfrentarse al mundo, de cómo la vida que se vive es una y la que se muestra es otra; nuestra narradora intenta diferenciar la realidad de la fantasía, y sabe que el miedo y la inseguridad se quedan olvidados en casa. El mundo exterior es otro, y las vidas se pueden repetir de unas a otras. La suya quiere ser «una manera de estar callada. De presenciar todo ese juego oscuro en silencio. Y no tomar conciencia.» Porque lo que se muestra al mundo es una cosa, y lo que se vive, otra: «A ojos de la sociedad, son mujeres inagotables; a los míos, meras viejas cansadas.»
Un círculo de tres mujeres por los que pasa su entorno familiar, de amistades y laborales, en el que se muestra cómo una madre no siempre es ese ser maravilloso y acogedor que nos han hecho creer; cómo una abuela que ha sufrido ese mismo proceso puede reproducirlo y, sin embargo, al final, ser la persona de acogida, a la cuando ya todo es inevitable, entendemos cuánto la queríamos. Porque llega la muerte.