¿Cuántas navidades hay en el mundo? Por sus diferentes celebraciones, diría que son tantas como habitantes planetarios. Tengan en cuenta que en cada uno de nosotros se alberga un hálito de esperanza, una fe, una mirada diferente e incluso una voluntad de ser mejor persona, aunque lo sea a tiempo parcial.
Entiendo que existan tantos detractores como partidarios de una expresión basada en la bondad de ánimos y guiada por cierta indulgencia, cosa que nos permite bajar la guardia ante tantas calamidades. Comprendo que la Navidad sea solo un reflejo de nuestra condición humana, pero es que nuestra especie es así incluso para nuestra propia manera de sentir, pero hay algo en nuestro interior que nos insufla a interceder por los demás. Es el nudo gordiano que se deshace en nuestro interior y que nos libera de ataduras para mostrar que somos libres para sufrir a la vez que de amar.
Yo acostumbro a felicitar la Navidad porque son días de licencia para poder hacerlo. Me da igual el dios de cada cual. A mi alrededor solo veo personas que me devuelven la sonrisa y eso hace que me sienta afortunado. Son días en los que, en algún momento, se brinda por los presentes y también por los ausentes. Es lo que hay, a pesar de los tópicos y de la parte lúdica que esta festividad entraña, más no por ello debemos ser tan exigentes ni tampoco tan anti Navidad como para ceder en beneficio de quienes radicalizan lo que no forma parte de su ideario. Dejen en paz a la libertad de elegir y que cada cual, celebre lo que a bien tenga; es más, seamos niños sin miedo a reírnos de nosotros mismos. El mundo y sus diferentes dioses, seguro que lo agradecen.
Abandonen tantos prejuicios y vivamos el aquí y el ahora, pues de esta cortísima estadía terrenal conviene sacarle rédito a la libertad y al respeto. No olviden que la vida está inventada y que si la Navidad es pagana, como dicen sus detractores, también ha de serlo cualquier fiesta popular o celebración mediática que se nos brindan durante los 365 días del calendario.
Para todos, los que creen y los que no creen, los de derechas, los de izquierdas y los entrados en dudas. A los jubilados activos, a los amigos del bien común, a quienes soportan mis letras de manera estoica; y muy especialmente para las personas enfermas, los mayores que se encuentran solos o abandonados y los niños desamparados; un año más me permito desearles ¡Feliz Navidad!