Antonio Sánchez García | Lunes 24 de noviembre de 2008
Bien podemos calificar de histórica la jornada vivida ayer en Venezuela, cuando el pueblo democrático, sobreponiéndose al despliegue más inclemente y aterrador jamás puesto en práctica por gobernante venezolano alguno para amedrentarlo induciénlo a la abstención, fuera respondido con la mayor movilización popular jamás vivida en proceso electoral de esta naturaleza. La participación electoral alcanzó más del 65%, un record de asistencia para elecciones regionales y distritales en la historia de la democracia venezolana.
Contrariando la amenaza de tanques y artillería pesada en las calles de Carabobo, uno de los Estados más industriosos y pujantes del país ubicado a doscientos kilómetros al Occidente de Caracas, si triunfaba el joven Henrique Fernado Salas Feo a la cabeza de la oposición; o el despliegue de infantería que haría correr la sangre por las calles del Zulia, el más populoso Estado venezolano y principal fuente de recursos petroleros, si eran derrotados los candidatos oficialistas, Venezuela amenace hoy iluminada por el radiante sol de la libertad, en la mayor paz y con absoluta tranquilidad social. Y en Carabobo y en el Zulia, en Miranda y en Nueva Esparta, en Táchira y en la Alcaldía Mayor flamea la bandera multicolor de la democracia.
De todos esos triunfos, el que más me conmueve es el de Antonio Ledezma, un joven abogado de larga trayectoria en las filas de Acción Democrática, el partido socialdemócrata de Venezuela fundado por Rómulo Betancourt hace más de sesenta años, padre de nuestra democracia. Porque lo logra en el corazón mismo del Poder, en las entrañas del chavismo duro, sobre la ola de un vasto movimiento popular que pone en acción a las barriadas más populosas y necesitadas del país. Venció a Aristóbulo Istúriz, popular y muy carismático dirigente chavista, sin duda el mejor candidato de que pudo disponer un movimiento carente de otras figuras que no sea la omnipotente y todo poderosa del teniente coronel Hugo Chávez.
Y no sólo por eso: me conmueve porque Antonio Ledezma ha sido el abanderado de nuestras luchas en los momentos más duros y difíciles, cuando apenas un puñados de mujeres y hombres osábamos salir a la calle y dar la batalla en solitario con él a la cabeza de su pequeña agrupación Alianza Bravo Pueblo y del Comando de la Resistencia. Antonio Ledezma no ha desfallecido un instante. No le ha temido a la cárcel ni al chantaje, a las amenazas ni a los ataques. La sede de su partido fue allanada en varias ocasiones por la policía política del régimen. Y este mismo sábado, en vísperas del proceso electoral, debió abandonar las tareas proselitistas para liberar a cuatro de sus activistas llevados detenidos ilegalmente hasta la sede de esa misma policía política, la temida DISIP.
También me conmueve el triunfo de Enrique Capriles Radonsky y de Carlos Ocarís en la gobernación de Miranda y el municipio Sucre, corazón de las barriadas populares del noreste caraqueño. Dos jóvenes dirigentes del partido Primero Justicia, la más reciente agrupación política nacional, de inspiración socialcristiana. Ganar en Petare, en Sucre, en los altos mirandinos, en los valles del Tuy, en las costas barloventeñas – zonas de extrema pobreza - como lo han hecho estos jóvenes luchadores de Primero Justicia enaltece a estas nuevas generaciones políticas. Pero Capriles también arrasó en el Sureste de Caracas, la zona más acomodada del país, en donde una clase media plenamente consciente de su gran responsabilidad histórica salió a votar masivamente, arrastrando consigo cuando encontró a su paso. Sin esa contribución de Ocarís y Capriles, Ledezma - votado en todas esas regiones distritales - no triunfa en la Alcaldía Metropolitana. El emblema del Poder en Venezuela luego de la presidencia de la república. De modo que hablamos de un triunfo en equipo. Como los grandes triunfos de la democracia.
Se abren las grandes avenidas. Venezuela ya es otra: multicolor, libertaria, alegre y solidaria. El triunfo de Pablo Pérez como gobernador y de Manuel Rosales como Alcalde en el Zulia y Maracaibo, su capital, reafirma el profundo arraigo de su liderazgo en las tierras de la Virgen de la Chinita. Fue un grave error político del presidente de la república creer en la ofensa como arma de combate. Mientras más descalificaba y ofendía a Rosales, más profundamente lo hundía en el corazón del pueblo zuliano. Hoy lo ha hecho invencible. Mario Isea, el diputado chavista que hiciera del encarcelamiento del líder zuliano cuestión de honor, tendrá que comerse sus amenazas judiciales.
César Pérez Vivas, otro luchador del partido COPEI, socialcristiano, se ha llevado también su gran victoria. Merecida en un hombre que no ha descansado en su lucha por la rectitud y la justicia. Como Morel Rodríguez, socialdemócrata, en la Isla de Margarita (Nueva Esparta). Es cierto: Chávez se queda con el mayor número de las gobernaciones. Nosotros con las más populosas, las más industriosas y las más importantes. Pero por sobre todo: las más emblemáticas.
Es un triunfo histórico. Ahora a no descansar ni un segundo: a cumplir con nuestras promesas y a sacar adelante a las regiones que controlamos. El próximo paso: la Asamblea Nacional. El tercer round en este combate a seis asaltos. Debemos ir a la conquista de la mayoría legislativa. Será nuestra próxima etapa. No desfalleceremos hasta vernos expulsando a los fariseos del templo. Palabra de honor.
TEMAS RELACIONADOS: