En este número, Los Lunes recuperan algunas de las últimas críticas más leídas. ¡Felices lecturas y feliz 2025!
Traducción de Adriana Bo, Horacio Vázquez Rial, Maribel de Juan y Toni Hill. Lumen. Barcelona, 2024. 711 páginas. 26,51 €. Libro electrónico: 9,99 €. Bolsillo: 14,20 €.
Por Aránzazu Miró
Suculenta es la propuesta de hoy. Ya no resultan habituales los libracos de más de setecientas páginas (salvo esos best-sellers interminables que necesitan ocupar horas de metro) y aunque este lo es, se devora. Porque se puede hacer a cachos. Son los Cuentos completos de la sureña Katherine Anne Porter reunidos en tres bloques, que fueron tres libros antes de publicarlos juntos, modo en que obtuvo dos premios inmensos: el National Book Award en 1965 y el Pulitzer en 1969.
Sí, son cuentos que pueden parecernos antiguos, por lejanos, ya que de la autora, nacida Callie Russel aunque tomó el nombre de su abuela paterna, podríamos pensar que es decimonónica. Nada más lejos de la realidad. Nacida en 1890 en Texas, vivió una larga vida que osciló entre este estado y México, en la que se dedicó a la escritura y otras labores, tanto como periodista, cuentista, ensayista y guionista. Vivió hasta 1980, aunque sus cuentos, tan actuales que en vez de perder vigencia, la ganan con el paso del tiempo, se sitúan fundamentalmente en los años veinte y treinta de su siglo, que fue el XX.
Para adentrarme en su escritura comencé con su novela La nave de los locos, que en el año de 1962 fue el libro más vendido de los Estados Unidos. Yo, también «como la crítica» –dice Wikipedia–, me quedo con los cuentos. Porque son fascinantes. Ya sé que eso es no decir nada, así que vuelvo a empezar.
Los cuentos de Katherine Anne Porter son ágiles, frescos, auténticos, y sobre todo actuales, muy actuales. No son tantos, en número, como se podría pensar, puesto que muchos de ellos alcanzan extensión de novela corta. La publicación de los Cuentos completos recoge tres conjuntos previos: Judas en flor y otros cuentos, Pálido caballo, pálido jinete, tres novelas cortas y La torre inclina y otros cuentos. Todos ellos, con una breve introducción de la propia autora, “Adelante, pequeño libro”, que merece la pena leer, y que me contengo ahora de utilizar: es Porter la que, en menos de tres páginas, nos sitúa la lectura mientras se despide de algo muy suyo, esas historias que pasan a ser nuestras.
El primer cuento, “María Concepción”, es la historia de una campesina mexicana. No esperen nada de lo que se imaginan: resulta actual, interesante, su lectura es muy ágil, en la figura de esta muestra el devenir de una mujer que debe ocultar sus sentimientos –«es una auténtica piedra»– porque no llora ni por terribles sucesos, en la que «su apretado y callado nudo de sufrimiento estalló de pronto con espantosa violencia»; hasta que, solucionado el conflicto, «su sangre volvió a fluir con suavidad; no había nada que temer». Está datada en el año 1922, y podría ser de hoy mismo.
En sus cuentos, todos, hay venganza, muerte, no siempre violenta, la muerte envuelve a sus personajes como una parte del acontecer cotidiano; las personas queridas desaparecen, o enferman y se las desprecia. Y, sobre todo, hay mucha culpa. Cómo da Katherine Anne Porter las vueltas a la culpa. Las situaciones son muy variadas, como las localizaciones, de la ciudad a las granjas de Texas o de México, porque hay mucha cotidianeidad, que aunque se circunscriba tan atrás, en su narración es completamente actual.
Las aportaciones al feminismo son impactantes; ¿quién podía pensar que una campesina de los años veinte mencionara la paridad en las cuestiones domésticas?; «El duro fatalismo de su mentalidad campesina» nos permite entender la explicación tan real de qué es el capitalismo (porque sí, un personaje lee Das Kapital y nos lo interpreta); hasta anticipa aquella frase que creíamos moderna de Blade Runner: «Vi demasiadas cosas, cosas que usted no creería y que a mí no se me ocurriría contarle», nos dice un personaje. Roy sí dice que ha visto naves en llamas... Y es que Porter es más fiel al original que utilizan ambos, que no es sino la escritura de William Blake de 1793.
La muerte o la vida como engaño es un tema principal, y quizá el cuento que mejor lo despliega es “Pálido caballo, pálido jinete” que, situado en 1918, es tan moderno como que nos recuerda nuestra reciente pandemia, que no otra cosa fue la gripe española. Este no es de los cuentos narrados en primera persona, aquí la protagonista periodista es Miranda, personaje que encontraremos en otros.
En suma, unos cuentos fascinantes.