Opinión

La apuesta rusa

Alejandro Muñoz-Alonso | Lunes 24 de noviembre de 2008
La “rendición preventiva” de Zapatero ante la acometida rusa para quedarse con el 29’9 por ciento de Repsol no puede sorprender si tenemos presente el nulo sentido del interés nacional que ha demostrado desde que llegó a la Moncloa. Desde el primer momento, no ha vacilado en dejar que se hunda el prestigio y el buen nombre de España, tan trabajosamente alcanzados, si eso servía a sus propios intereses personales. Se trataba de no reconocer nada a sus predecesores y no le importó, con tal de denigrarlos, que la posición internacional de España se debilitara hasta hacerse invisible. Su primera apuesta internacional ha sido la reciente cumbre del G 20, en la que se coló a empujones, de prestado y de la manera menos digna, y no hace falta ser un lince para darse cuenta de que solo le movía su personal interés: Se trataba de la foto y de poder decir que Bush, antes de irse, no tuvo más remedio que recibirle en la Casa Blanca. Por lo demás, su presencia en Washington no ha servido para nada, a pesar de que al PSOE se le llene la boca con eso del “liderazgo internacional” de Zapatero, algo que solo se creen los convencidos de antemano.

La actitud de la Moncloa ante el asunto Repsol-Lukoil obedece a la misma falta de conciencia del interés nacional uno de cuyos componentes es, en la actualidad, la seguridad energética, como se repite una y otra vez en los foros internacionales. Por eso ninguno de los grandes países occidentales cede ni un ápice en este asunto ¿Se imagina alguien al Reino Unido malvendiendo BP, a Francia cediendo un buen trozo de Total o a Alemania subastando E.On? Solo a estos socialistas españoles –que deben haber descubierto el capitalismo el pasado día 15- se les ocurre echar mano del principio de la libertad de mercado ante un caso como este. Por no hablar de la desvergüenza del tal Blanco que echa la culpa al PP porque fue durante su Gobierno cuando se privatizó Repsol. Hace falta tener caradura. Todo indica que se trata de un proyecto que viene de atrás, que la entrega a los rusos de ese sustancioso regalo se pactó hace tiempo, quizás a instancias de Sacyr, que quiere evitar su definitivo naufragio, y como pago a los servicios prestados en pasadas batallas, como el fracasado intento de asaltar al BBVA. Pero seguramente habrá otros intereses, nada nacionales en el caso de España y muy rusos por lo que se refiere a la otra parte.

El pretexto para lavarse las manos (mientras por detrás se manipula lo que se puede) es que Lukoil es una empresa privada. Pero en la Rusia de Putin no hay auténticas empresas privadas porque todas están sometidas al control del Kremlin, especialmente las del sector petrolero y gasístico. No se ha olvidado cómo en 2003 Putin –usando los servicios de Igor Sechin, uno de sus hombres de confianza, también procedente del KGB- se apropió de Yukos, otra de las grandes petroleras privadas rusas, que acabó integrada en la estatal Rosneft. Por cierto, que Sechin preside esta última desde 2004 y el anterior presidente de Yukos, Khodorkovsky, cumple en Siberia una pena de ocho años por presunta evasión fiscal y fraude.

El presidente de Lukoil, Vagit Alekperov, que ahora tiene 57 años, es un buen amigo de Putin y fue ministro de petróleo y energía en la etapa final de la Unión Soviética. Es un tipo listo que ha logrado unas relaciones magníficas con empresas occidentales -como Conoco Phillips, que posee el 20 por ciento del capital de Lukoil- y que posee intereses en diversos países europeos y en los EE UU, por ejemplo estaciones de servicio. Por cierto que ha logrado que la Bolsa londinense, el London Stock Exchange, le dé a Lukoil una buena calificación por su transparencia y que se considere como algo positivo que una buena parte de su capital esté repartido entre accionistas minoritarios. Pero cuidado con Conoco que, según analistas internacionales, ha dejado de ser respetable por los elevados riesgos que asume.

La presencia rusa en Repsol obedece a una estudiada estrategia rusa que trata de completar su posición dominante en Europa central y oriental con una sólida presencia en el sur y el Mediterráneo. Gasprom –la mayor petrolera rusa que, en una inteligente operación de diversión, se presentó hace bien poco como candidata al sabroso porcentaje de Sacyr en Repsol- ya anda negociando con la estatal argelina Sonatrach. La empresa que, por cierto, rompió en el verano de 2007 el contrato que tenía con Repsol y Gas Natural para el desarrollo y explotación del proyecto argelino de Gassi-Touil. Nos hallamos, pues, ante un patente y acelerado retroceso de los intereses petroleros y energéticos españoles que se produce tras el escándalo de Endesa, que acabó en las manos italianas de Enel (por lo menos una empresa comunitaria). Un fracaso detrás de otro que pone en un serio riesgo nuestra seguridad energética. ¿Qué hace el Gobierno ante este catastrófico panorama? A la vista está. Pedir sillas prestadas y sacar pecho, sin tenerlo.

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