El Presidente Hugo Chávez ha proclamado la victoria del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en las elecciones regionales del pasado domingo. Sin embargo, la oposición se ha impuesto en cinco regiones: Zulia y Miranda, consideradas las más importantes del país, Nueva Esparta, Táchira y Carabobo. Además, gana la alcaldía de Caracas.
Este domingo, Venezuela elegía a 22 gobernadores y 328 alcaldes. El dato electoral se presta a muchas consideraciones: en primer lugar, efectivamente el PSUV ganó en 17 estados, pero salió derrotado en algunas zonas del denominado “corredor electoral”, es decir los estados costeros que concentran la mayor parte de la población y, consecuentemente, de los votos. La oposición considera el resultado como una nueva victoria, tras el fracaso de diciembre de 2007 cuando consiguió bloquear la iniciativa presidencial de reforma de la Constitución.
Análisis del voto
La participación electoral fue histórica para tratarse de unas elecciones regionales, demostrando el fuerte interés del oficialismo y de la oposición al chavismo alrededor del evento. Las elecciones regionales se consideraban “claves” para la oposición y el Gobierno mismo. Según la oposición, las regionales representan una manera de defender la democracia amenazada por el “modelo hegemónico que el gobierno quiere construir”. De hecho, el resultado puede considerarse como la ocasión para construir un “muro de defensa” y, al mismo tiempo, disuadir al chavismo de plantear nuevamente un tema muy controvertido como la reelección indefinida del actual presidente.
El resultado se puede considerar bueno para ambos contrincantes: el gubernamental PSU controlará 17 de los 22 estados de Venezuela, alcanzando un resultado positivo para una organización que se estrenaba en estas elecciones. Por su parte, la oposición, con sus seis gobernaciones, triplica la cantidad que tenía, resultado que asume mayor importancia si consideramos que las obtuvo en el corredor electoral del país (el 44% de los venezolanos serán gobernados por opositores). Además, la oposición triunfó en la Alcaldía Mayor de Caracas y en Miranda (el área metropolitana capitalina). De esa manera, Caracas se ha convertido en el punto fuerte de la oposición, sobre todo teniendo en cuenta que allí es donde los opositores derrotaron a dos de las figuras más importantes del chavismo: los ex ministros Aristóbulo Istúriz, quien aspiraba a la Mayor y Jesse Chacón, quien se postulaba por Sucre, considerada la mayor zona popular de Caracas.
El actual mandatario considera la formación socialista como la gran vencedora y que, en virtud del resultado del domingo, se consolida como la mayor fuerza política del país. Pero con el pasar de las horas, su victoria asume un sabor “agridulce”: es evidente que Chávez esperaba afianzar su poder y replantear el tema de su reelección.
No hay que olvidar que en diciembre de 2007, Chávez conoció su primera derrota electoral con el rechazo al referendo sobre la reforma constitucional, cuyo punto principal era la reelección presidencial indefinida. Entre tantos factores, la derrota fue también consecuencia de la altísima abstención: muchos de los que habían votado por Chávez el año anterior prefirieron no respaldar su iniciativa, tanto que en un solo año el gobierno perdió más de tres millones de votos. El revés sufrido en el referéndum constitucional representa una herida aún abierta y se puede descartar la posibilidad de que Chávez se empeñe nuevamente en modificar la Constitución para perpetuarse en el poder más allá de 2013.
Sin embargo, Chávez puede mostrar su satisfacción en algunas cosas: en primer lugar, el resultado desinfla, al menos desde el punto de vista electoral, el llamado fenómeno de la “disidencia chapista”, es decir los políticos que se han distanciado de la acción presidencial sin integrarse a la oposición verdadera. En segundo lugar, es verdad que la derrota en el estado de Zulia le dolerá mucho: sin embargo, el actual mandatario puede consolarse al mantener Barinas y recuperar las gobernaciones de Sucre, Aragua y Guárico.
Futuros desafíosChávez quiso hacer de estas regionales un plebiscito sobre su proyecto político y buscar un decidido respaldo a la llamada revolución bolivariana. El resultado le obliga a una atenta reflexión sobre el modelo propuesto. El nuevo mapa político podría complicar los planes de Chávez y su pretensión de modificar la Constitución para aspirar a una tercera reelección más allá de 2012.
Finalmente, el actual presidente debe afrontar una serie de retos vitales para el futuro de su régimen, desafíos económicos (lucha contra la espiral inflacionaria, la inseguridad y la caída del precio del petróleo) y políticos (la subida de las fuerzas opositoras, el aumento de la abstención dentro de su partido y, lo más grave, la falta de democracia).
De todos estos, dos son las cosas que más deberían preocupar al caudillo latinoamericano: en primer lugar, la caída del precio del petróleo, ya que Venezuela financia cerca de la mitad de los ingresos del gobierno con la venta del mismo, el 94% de las entradas que recibe el país por exportaciones. Precios tan bajos no permitirían al régimen sostener el actual nivel de importaciones y complicarían extremamente los planes de Chávez.
A nivel político, mientras Chávez se preocupa exclusivamente de su reelección (“Me quedan cuatro años, pero Dios es el que sabe”), el país vive con otras preocupaciones: la inhabilitación arbitraria de la oposición, el cierre de medios de comunicación no afines al oficialismo, la falta de seguridad jurídica. Chávez sigue contando con más del 50% del respaldo popular y con el control de la mayoría de las gobernaciones: sin embargo, su partido se ha mostrado incapaz de conquistar nuevos votos, mientras la oposición sale reforzada en zonas claves. Pues sí, parece propia una victoria agridulce para Chávez.