Opinión

No solo es Trump, sino un nuevo bloque neoconservador

WELTPOLITIK

Carlos Ramírez | Miércoles 08 de enero de 2025

Detrás de todo el ruido mediático en torno a la figura personal de Donald Trump, los análisis de fondo tienen ya a la vista elementos suficientes que el próximo presidente y su MAGA –“hagamos grande otra vez a Estados Unidos”, en español-- están prefigurando como ruptura sistémica en torno a lo que pudiera ser considerado ya como un complejo militar-industrial-digital.

La vieja coalición neoconservadora de Ronald Reagan y George Bush Jr., con acuerdos pendulares con la corriente liberal capitalista de William Clinton y Barack Obama, no pudo mantener el poder en 2016 con la candidatura de Hillary Clinton, cuyo perfil de intereses alejó a votantes afectados por las crisis económicas de un capitalismo ineficaz y sacrificó la globalización, ni tampoco pudo mantener el liderazgo político de Joseph Biden por razones de edad y demencia y la ineficaz figura de relevo de una Kamala Harris que nunca creció como candidata de la continuidad demócrata.

Hasta donde se puede rastrear la construcción de la figura política de Trump, en 2015 y 2016 existía solo un vociferante político radical que pareció reconstruir el viejo discurso puritano de los emigrantes ingleses que dieron el primer paso en América al fundar a principios del siglo XVII las 13 colonias en el este de América del Norte y a partir de esa porción territorial de 13% logró la conquista del este hasta el oeste de la costa del Pacífico y lograr una extensión territorial de 9.1 millones de kilómetros cuadrados, apenas abajo de los 9.9 millones de Canadá.

El discurso racista de Trump no tiene que ver con la exclusión en modo esclavista de las oleadas de marginados hispanos y de otros países debajo desarrollo, sino de la reconsideración de la etnografía americana: los ingleses de las 13 Colonias fueron la mayoría al iniciar la revolución de 1776 frente a habitantes indios, mexicanos y territorio propiedad de otras naciones, pero en la actualidad los ingleses apenas suman 8.7% del total de la población y se añade a la alemana --la número uno con 16%--, la afroamericana con 12.9% y la irlandesa con 10.9%, según cifras aproximadas, para dar un total de 49% de las principales razas en EU.

Sin parecer justificación del discurso racista de Trump, el hecho político de enfoque excluyente se localiza en el hecho inocultable --también en cálculo aproximado-- de que más de diez millones de migrantes han entrado EE UU sin papeles legales y solo como mano de obra no calificada, mientras la estructura productiva especializada se ha ido a otros países. Trump ha sido particularmente insidioso contra México con el argumento de que este país ha sido en la puerta trasera para la invasión de industrias chinas, pero en la actualidad buena parte de productos importados de baja calidad pero precio inferior dentro de EE UU vienen precisamente de China: por ejemplo, productos de zapatería han invadido el país y se venden ya en tiendas americanas a precios promedio de 30 dólares, contra el mínimo de 100 dólares de productos locales.

Trump y su principal asesor --el empresario digital Elon Musk-- están hablando con criterio que puede considerarse racista de selección de perfiles migrantes para que la economía norteamericana se abra con facilidad a trabajadores de alta especialidad y a estudiantes con potenciales de altos niveles educativos, en tanto que de manera masiva y violenta masas sin cumplir estos requisitos han ingresado al país y han aprovechado la falta de control de los mecanismos migratorios.

La centralidad de Estados Unidos como potencia mundial nació en tres pasos: la hegemonía nuclear que lanzó bombas sobre Hiroshima y Nagasaki frente a una Unión Soviética que ha tenido la bomba pero nunca la ha usado contra personas; los acuerdos en el balneario de Bretton Woods en 1944 al imponer al Fondo Monetario internacional y al Banco Mundial como las autoridades del capitalismo, y el siguiente paso audaz ocurrió a finales de los años sesenta con el fin del patrón oro y la consolidación del dólar como la moneda mundial. El cerrojo a este esquema fue una inconmensurable calidad educativa, tecnológica y científica.

Un debate de fondo sobre Trump debe superar argumentos que acusan de fascismo y nazismo en el discurso del presidente electo; y si bien pudiera haber elementos de ese tipo racial, en realidad Trump quiere regresar a EE UU a la centralidad planetaria. Y uno de sus principales problemas está en la descentralización geopolítica y de seguridad del bloque capitalista que se relajó con el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1989-1991, para permitir autonomía relativa de otras potencias capitalistas mundiales pero ya sin la subordinación a la Casa Blanca, aunque dependiendo de la protección militar de Washington.

La clave del segundo cuatrienio de Trump radica en consolidar algunos retrocesos globalizadores y raciales, pero sobre todo en fortalecer el nuevo bloque militar-industrial-digital que regrese la centralidad americana frente al bloque muy avanzado de Rusia-China-India, este grupo atrincherado en espacios militares que nunca iniciarán una guerra ni derrocarán a ningún gobierno y que estaría aprovechando la globalización que Trump está planteando regresiva para expandir sobre todo inversiones rusas y chinas en el territorio de dominio estadounidense.

Por razones de rentabilidad política, la oposición a Trump está agotando todo su andamiaje intelectual y político en el tema del racismo y el aislacionismo, pero sin intentar ningún esfuerzo real para clarificar el modelo político que estaría encabezando Trump como nuevo bloque conservador americano.


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