Opinión

Derecha como insulto

Enrique Arnaldo | Miércoles 06 de febrero de 2008
"La derecha, cada vez más derecha, del PP, tiende a obstaculizar la igualdad, la ampliación de los derechos y las libertades de los ciudadanos, a hacer a la gente más igual": Zapatero dixit en un mitin abanderado del pasado fin de semana.

El lenguaje político, y más en campaña electoral, lo soporta todo. Por más que eches en el platillo de la romana decenas de kilogramos de demagogia, el hablar de la política aguanta aún otro tanto. En el concurso del esperpento, el juego es comprobar quién la dice más gorda o quién consigue el titular más grande, de aquellos que le gustaban a Emilio Romero.

Pero retomemos nuestra frase de partida. Zapatero, y con él su corte de acólitos repetidores de las genialidades del gran jefe, espetan como insulto a la derecha que es derecha, y que lo es cada vez más. Convencido que en el consciente colectivo se desprecia o se teme a la derecha, nada mejor que alimentar que ésta encima se derechiza para intentar movilizar a los indecisos.

Si, según todos los gurús de la sociología electoral, los españoles se sitúan mayoritariamente en el centro, e incluso en el centro-izquierda, mentar la derechona es provocar la erupción de una dermatitis aguda en los dubitativos que se caerán inmediatamente del caballo para unirse a los votantes de lo políticamente correcto.

La derecha sufre mucho con estos embates e incluso se acompleja en ocasiones y se transmuta para conquistar el idílico centro. La derecha evita llamarse así. Y la izquierda lo sabe y la machaca repitiendo su nombre cada vez más alto. En cambio, la derecha no sabe o no puede hacer lo mismo, ni siquiera lo hizo cuando los totalitarismos estalinistas arrasaron la vida y la libertad de tantos millones de personas.

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